La aspiración en vascónico-aquitano: distribución y posibles restricciones[1]
The aspiration in Vasconic-Aquitanian: distribution and possible restrictions
Eduardo Orduña Aznar*
Grup Littera - Universitat de Barcelona
Resumen: En este trabajo se estudia la distribución de la aspiración en la onomástica vascónico-aquitana. Aunque se acepta unánimemente que en esa fase antigua no existían las restricciones a la aspiración vigentes en vasco post-medieval, es decir, solo una por palabra y no más allá del núcleo de la segunda sílaba, hay indicios para pensar que en realidad ambas restricciones ya empezaban a actuar de algún modo, y que las relativamente escasas excepciones pueden reducirse a contextos muy precisos. Como consecuencia, algunos ejemplos de <g> en la zona vascónica, como el teónimo Lacubegi o el sufijo -ges, podrían explicarse como restos de una aspiración anterior perdida a causa de esas restricciones.
Palabras clave: lengua aquitana, lengua vascónica, aspiración, historia de la lengua vasca.
Abstract: This paper studies the distribution of aspiration in Vasconic-Aquitanian onomastics. Although it is unanimously accepted that in this early phase there were no restrictions on aspiration as those in force in post-medieval Basque, that is, only one per word and not beyond the onset of the second syllable, there are indications to think that in fact both restrictions were already beginning to act in some way, and that the relatively few exceptions can be reduced to very precise contexts. As a consequence, some examples of <g> in the Basque area, such as the theonym Lacubegi or the suffix -ges, could be explained as remnants of a previous aspiration lost due to those restrictions.
Keywords: Aquitanian language, Vasconic language, aspiration, history of the Basque language.
Laburpena: Lan honetan, baskoiera-akitanierazko onomastikan hasperena nola zegoen banatuta aztertzen da. Nahiz eta aho batez onartzen den antzinako garai hartan ez zegoela Erdi Aroaren osteko euskaran indarrean zegoen hasperenaren inguruko murrizketarik, hau da, hitz bakoitzeko hasperen bat bakarrik, eta hasperenik ez bigarren silabaren nukleotik haratago, aztarna batzuk daude pentsatzeko bi murrizketa horiek aplikatzen hasiak zirela nolabait, eta salbuespen bakanak oso testuinguru zehatzetara murriztu daitezkeela. Horrenbestez, esan daiteke baskoieraren eremuko <g>-ren adibide batzuk, hala nola Lacubegi teonimoa edo -ges atzizkia, lehen zegoen eta murrizketa horien ondorioz galdu zen hasperen batetik gelditzen diren arrastoak direla.
Gako hitzak: akitaniera, baskoiera, hasperena, euskararen historia.
* Correspondencia a / Correspondence to: Eduardo Orduña Aznar, El Pont de Suert-25520 (Lleida) — eordunaaznar@gmail.com — http://orcid.org/0000-0002-7625-6016.
Cómo citar / How to cite: Orduña Aznar, Eduardo (2026), «La aspiración en vascónico-aquitano: distribución y posibles restricciones», Veleia, 43, 195-210. (https://doi.org/10.1387/veleia.27292).
Recibido: 16 febrero 2025; aceptado: 18 abril 2025.
ISSN 0213-2095 - eISSN 2444-3565 / © 2026 UPV/EHU Press
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1. Introducción
El objetivo del presente trabajo consiste en analizar la distribución de la aspiración en los testimonios onomásticos vascónico-aquitanos, siguiendo la denominación de Gorrochategui 2020, con el propósito principal de comprobar la posible existencia de restricciones en su distribución, observando no solo los contextos de aparición, sino también los de no aparición, sin entrar en las posibles causas de esas eventuales restricciones. Tampoco trataremos aquí la cuestión de las alternancias entre aspiración y consonante, del tipo Talsco-/Halsco-, ni sobre el origen o el valor etimológico de la aspiración, su relación con el acento, su realización fonética u otros aspectos relacionados, sobre los cuales ya existen trabajos excelentes como los de Igartua 2001, 2002, 2006, Lakarra 2009, Hualde 2018 o Manterola & Hualde 2021, por solo citar algunos de los más relevantes sobre la cuestión.
Como se sabe, en vasco histórico, o mejor post-medieval, como precisa Hualde 2018, 2, salvo raras excepciones no puede aparecer más de una aspiración por palabra, y no puede aparecer más allá del núcleo de la segunda sílaba (Michelena 1977, 203ss). Respecto al aquitano no se ha pasado de la constatación de que «[a] diferencia del vasco histórico, la aspiración no quedaba limitada a las dos sílabas iniciales de la palabra y también a diferencia del vasco hay nombres que poseen dos aspiraciones dentro de sí». En el mismo sentido se pronuncia Igartua 2002, 381: «antzinatean ez zegoela hitzaren araberako hasperenaren murriztapenik»; o Salaberri & Salaberri 2016, 370: «in Aquitanian aspiration could also appear after the second syllable». Más recientemente, Gorrochategui 2022, 112: «Basque restricts aspiration to just one per word, whilst such a restriction did not exist in Aquitanian».
Aunque el corpus onomástico aquitano, compuesto por 729 nombres personales y teónimos, no es tan numeroso que exija de herramientas informáticas para su análisis, es evidente que estas ayudan a obtener un análisis más refinado y a ver cosas que de otra manera son difíciles de percibir. Para este trabajo utilizaremos la base de datos de inscripciones y onomástica aquitana de E. Orduña disponible en http://eorduna.awardspace.info (consulta 12-5-2025), y que contiene toda la onomástica vascónico-aquitana recogida en la tesis de Gorrochategui 1984 y en trabajos posteriores del mismo autor, actualizada con las publicaciones de descubrimientos más recientes. Además, haremos uso de las técnicas de búsqueda mediante expresiones regulares que pueden aplicarse en el buscador de la mencionada base de datos. No es este el lugar de profundizar en el tema de las expresiones regulares, de manera que me limitaré aquí a dar algunos ejemplos de las que he utilizado en las búsquedas relativas a la aspiración.
Aplicada a un motor de búsqueda, podríamos definir expresión regular como una secuencia que no solo contiene la cadena de texto buscado, sino que puede contener además algunos de los siguientes elementos: metacaracteres, es decir, símbolos que pueden suplir a grupos de caracteres; anclas, o marcas de posición, que indican si el texto buscado debe estar en posición inicial, final, o es indiferente; clases de caracteres, es decir, agrupaciones de caracteres entre corchetes, indicando que cualquiera de ellos puede ir en la posición señalada; cuantificadores, es decir, signos que cuantifican el carácter o clase de caracteres que precede; y alternancias, o secuencias de caracteres entre paréntesis separadas por barras verticales, que permiten especificar secuencias alternativas de más de un carácter para una determinada posición. La combinación de los elementos anteriores puede dar lugar a expresiones de una gran complejidad, pero para los propósitos de este trabajo basta con unas pocas expresiones sencillas, que explicaremos a continuación.
Utilizando el signo ^, que «ancla» una búsqueda a la posición inicial, del mismo modo que el signo $ lo hace a la final, podemos hacer búsquedas sencillas como ^h para buscar los nombres que tienen aspiración inicial. Con h.+h podemos localizar todos aquellos nombres con más de una aspiración, en cualquier posición: el punto es el metacarácter con el significado de «cualquier carácter», y el cuantificador + indica que ha de haber uno o más. Es decir, con h.+h localizamos palabras en que una aspiración va seguida, a una distancia indeterminada (pero al menos de un carácter) por otra aspiración. En este caso sabemos que no hay hh en aquitano, pues de lo contrario utilizaríamos el cuantificador *, que equivale a «cero o más». Para buscar las aspiraciones intervocálicas utilizaríamos [aeiou]h[aeiou], mediante clases de caracteres que equivalen a «cualquier vocal». Y con [bcdfglmnprstxyz]h localizaríamos cualquier aspiración precedida de una consonante, aunque evidentemente no todas las combinaciones son posibles en la práctica. Una alternativa sería usar [^aeiou]h, donde vemos el uso de ^ en el interior de una clase de caracteres, donde sirve para negarla: en este caso, la h puede ir precedida de cualquier signo no vocálico, con lo cual obtendríamos también palabras incompletas, como ]herri, en las que la aspiración no es estrictamente inicial. Con .+h localizaríamos cualquier aspiración que vaya precedida al menos de un carácter, es decir, que no sea aspiración inicial. Por último, para ilustrar el uso de los paréntesis, ^(And)?erh?e permite localizar tanto los testimonios de Andere como de Erhe-, con o sin aspiración, mientras que ^An[nd](os|ere) permite localizar testimonios tanto de Andos, como de Andere, y en ambos casos con posible nd > nn.
2. La doble aspiración
En aquitano hay 127 nombres con alguna aspiración, lo cual supone un 17,4%, una proporción bastante significativa. De ellos, solamente seis tienen dos aspiraciones, tres de los cuales son repeticiones o variantes que comparten la base Hahann-, y otro, Hontharris, parece ser, como veremos, una variante de Bontar. Los otros dos son Herauscorritsehe y Serhuhoris.
En Hahan- las dos aspiraciones se dan en la inicial y el interior de un mismo elemento onomástico, entre vocales iguales, y sería explicable por reduplicación (Igartua 2001, 203 n.º 46). En dos casos, Hontharris y Herauscorritsehe, la segunda aspiración aparece en la inicial del nombre y en el sufijo, -thar en el primer caso, que aspira la consonante, y el dativo indígena -(h)e (Gorrochategui 2022, 120) en el segundo. Por último, en Serhuhoris, de análisis menos claro, la aspiración parece darse en el interior del primer elemento onomástico y en la inicial del segundo. Este nombre, que no procede de Aquitania sino de la comarca zaragozana de las Cinco Villas, es además el único con dos aspiraciones en el que la primera de ellas no es inicial.
Desde otro punto de vista, es interesante observar que en cuatro de seis nombres que llevan dos aspiraciones la segunda va entre vocales iguales.
Aunque los seis casos mencionados demuestran que era posible más de una aspiración en aquitano, lo reducido del número sugiere que ya estaba en acción algún tipo de restricción. Un indicio lo tenemos en Harontarris, sin aspiración tras la vibrante, a diferencia de Narhonsus o Narhungesi: si efectivamente, como sugiere Gorrochategui 1984, 220, se trata de un mismo elemento onomástico, podría pensarse que la aspiración inicial de Harontarris es la que explica su ausencia tras la vibrante, aunque ciertamente hay otras explicaciones posibles (Salaberri & Salaberri 2016, 374). En cambio, no es significativa la falta de aspiración en el sufijo -tar, pues es lo que ocurre en al menos doce ejemplos frente a tres que la llevan.
3. La aspiración inicial
De las 127 palabras con aspiración, 43 tienen al menos una en inicial, y 83 tienen solo una aspiración no inicial, es decir, que la aspiración inicial es minoritaria respecto a la medial. También lo es, y mucho más, en comparación con las iniciales vocálicas, que son 263, de un corpus total de 727 nombres. Es decir, que la aspiración inicial representa un tercio de las aspiraciones, y apenas una séptima parte del total de iniciales en vocal o aspiración.
Para valorar el grado de coherencia en la notación de la aspiración inicial vamos a examinar a continuación los nombres con al menos tres repeticiones que pueden mostrar aspiración. Si dejamos de lado las que alternan con consonante, como Talsco- / Halsco-, Narhon- / Haron-, tenemos que:
— Andos-, Andox-: 25 testimonios sin aspiración, y uno con ella, en una lámina de Hagenbach.
— Hahan-: 3 testimonios, todos con aspiración.
— Hanna-, Hana-: 8 testimonios, todos con aspiración.
— Harbel-: 7 testimonios, todos con aspiración, salvo uno incompleto en su parte inicial.
— Haute(n)-: 3 testimonios, todos con aspiración.
— Hars: 6 testimonios, dos sin aspiración.
— Hotarr-: 4 testimonios, todos con aspiración.
— Heraus-, Harous, Haraus: 3 testimonios, todos con aspiración.
— Arixo, Harexuates: 3 testimonios, uno con aspiración.
Como vemos, el grado de coherencia en la representación tanto de la aspiración como de su ausencia es altísimo, incluso total en la mayoría de los nombres mejor documentados, como Harbel- o Hanna-, Hana-. En el caso de Andos, el más documentado con diferencia, la única incoherencia se produce significativamente en el único ejemplo que no aparece sobre piedra, sino sobre una lámina de plata, objeto sobre el que cabe la posibilidad de que fuera el propio oferente quien grabara su nombre. Por eso Andos debe unirse a la larga lista de nombres de inicial vocálica que nunca llevan aspiración, como Andere, Atta, Edun-, Ere-, Ilun-, Ombe-, Orco-/Orgo-, Abellio, Ageio, Asto/Axto, Arte, Erge, Erriapo, Ilixo. Es más problemático el caso de Arixo/Harexuates, por el reducido número de ejemplos y porque la variante con aspiración, aquí la minoritaria, sería la esperable a partir del vasco histórico.
Aunque queda fuera de los objetivos de este trabajo, hay que señalar la anormal frecuencia de la aspiración inicial ante a, 32 sobre un total de 43 aspiraciones iniciales, incluso teniendo en cuenta la mayor frecuencia de esa vocal (126 de 263 iniciales vocálicos). Sin embargo, la casi total ausencia de aspiración ante los frecuentes Andos, Andere, y en otros como Arte, Asto/Axto, Atta, hacen improbable la posibilidad de una aspiración no etimológica condicionada fonéticamente, salvo quizás como fenómeno ocasional, como sería el caso de Handos.
4. La aspiración no inicial
Antes de analizar los diferentes contextos en que se da la aspiración no inicial, hay que señalar que hay 89 nombres que contienen alguna aspiración no inicial. De estos, 65 la tienen entre vocales, y 18 entre consonante y vocal. El resto corresponde a palabras incompletas. Desde otro punto de vista, en 54 casos la aspiración aparece en interior del primer (o único) elemento onomástico, y en 24 casos aparece en la inicial del segundo elemento o sufijo. Los restantes son casos incompletos o dudosos, como los testimonios de Lahe, en los que la aspiración no es tan claro que aparezca en límite de morfema, a diferencia de lo que ocurre en Artehe, Artahe, pues no sabemos si el lexema era La- o más bien Laha- o incluso Lahe-.
4.1. La aspiración entre vocales
La notación entre vocales muestra un grado alto de coherencia en los nombres o bases más repetidos:
— Leherenno: 16 testimonios, frente a un único Lerenno.
— Biho-: Seis o siete ejemplos (hay un [B?]ihonis incompleto), por dos Bioxxi, ambos en Hagenbach, donde se da también la única incoherencia de Handos por Andos, y que por tanto se podría atribuir al uso de la escritura por parte de no profesionales en materiales no pétreos.
— Lahe: Los cinco testimonios de este teónimo muestran siempre aspiración.
— Hahan-: Los tres testimonios muestran aspiración.
— Lohi-: Tres ejemplos, siempre con aspiración.
También hay un alto grado de coherencia en la notación de la aspiración ante el sufijo de dativo, tanto indígena -e como latino -i, en los pocos nombres que lo muestran:
— Artahe: Cuatro ejemplos de Artahe, dos de Artehe, por solo uno de Arte.
— Larrahe: En todas sus variantes muestra aspiración: Larrahi, Larahi y dos Larahe.
Examinaremos la presencia de la aspiración entre vocales en función de si estas pueden o no formar diptongo, teniendo en cuenta que los diptongos posibles son au, ou, eu, ai/ae, ei (Gorrochategui 1984, 374).
Con vocales que no pueden formar diptongo tenemos:
— aa: Aparece, siempre con aspiración, en los tres ejemplos de Hahan-, y en Ummesahar.
— ae: Con aspiración aparece, antes del núcleo de la segunda sílaba, en Cahenna, Saherossis, Aherbelste, Lahe. Más allá aparece en Osaherr[, tal vez en límite de compuesto (Gorrochategui 1984, 199), en los cuatro ejemplos de Artahe y en Larahe, es decir, posiblemente en límite de morfema. Hay algunos ejemplos de ae sin aspiración en la primera sílaba: Aereda, Aedunniae, Aeuadia, Baesellae, Aereda, Baeserte. En los tres casos de Baeser-, que corresponde a ibérico baiser, la explicación es que el diptongo indígena ai se ha adaptado al latín ae, y en otros como Aedunniae puede representar /e/ (Gorrochategui 1984, 374). Aeuadia puede ser indoeuropeo (Gorrochategui 1984, 374). Quedan inexplicados Aereda y Attaesoni. En este último, dado su probable carácter no indoeuropeo, también sería posible explicar ae como latinización de ai.
— ao: Tenemos solamente Daho y los dos ejemplos de Ahoissi, en todos ellos antes del núcleo de la segunda sílaba. No hay ningún ejemplo de ao sin aspiración.
— ee: Siempre presenta aspiración. Antes del núcleo de la segunda sílaba solo se da en los 17 testimonios de Leherenno y sus variantes, aunque hay un Lerenno sin aspiración. Más allá tenemos los dos ejemplos de Artehe y Herauscorritsehe, es decir, en el límite del morfema de dativo -e.
— eo: Los escasos ejemplos se dan siempre sin aspiración: ]mbeon[, Sembeoccis, Neouates. Solo en Neouates aparece entre la primera y segunda sílabas, pero la presencia de u entre vocales sugiere un origen indoeuropeo. En los otros dos parece haber límite de morfema.
— ia: con aspiración solo hay Sihari y ]eihar, ambos posiblemente antes del núcleo de la segunda sílaba. Por lo demás es un grupo vocálico muy abundante, sobre todo por los finales femeninos en -ia (17) y los 15 testimonios de Erriapo. De los finales en -ia llama la atención Uria, que se mantiene en interior: Uriassi, Uriaxe. En la primera sílaba tenemos Iacessis y Iarbonis, donde la i- parece semivocálica (Gorrochategui 1984, 227), Liannassis y Piandossonnii, en límite de compuesto, el último con un elemento Pi- sin paralelos, y que en caso de ser un prefijo sería excepcional en aquitano (Gorrochategui 2020, 24). Más allá de la segunda sílaba, aparte de los casos mencionados como los femeninos en -ia o los testimonios de Erriapo, aparece en Erianosserionis, Cenialinis, Spariani, Baiasse, Bassiario, Idiatte, Idiat, Toliandosso (si no es Toli Andosso). En los tres últimos aparece en límite de morfema: en Idiat, Idiatte puede haber un sufijo -atte o -at(t)-e (Orduña 2018) y Toli-andosso sería un compuesto, si no se trata en realidad de dos nombres independientes.
— io: Antes del núcleo de la segunda sílaba solo aparece, con aspiración, en los seis de los ocho testimonios de Bihos-, Biho-, pues la aspiración falta, como hemos visto, en los dos Bioxxi de Hagenbach. Aparte de estos dos y de Baiosi, todos los demás se dan más allá del límite silábico en el que es posible la aspiración en vasco histórico. Son 41 ejemplos, en 14 de los cuales el grupo vocálico va en final absoluto, y de hecho en la mayoría de ellos la o es probablemente la marca de dativo latino de la segunda declinación. Entre estos destacan los teónimos Abellio, Ageio y Sutugio, de los cuales al menos el primero es probablemente indoeuropeo (Gorrochategui 1984, 199). En alguno va en límite de compuesto: con escasa seguridad en Axionnis (Gorrochategui 1984, 150), con sufijo latino -olus en Bambiolus (Gorrochategui 1984, 155). Además de estos casos, tenemos (Erianno)serionis, Cuctilionia, Attaiorig[, Belheiorigis. Cuctilionia podría ser indoeuropeo (Gorrochategui 1984, 191), del mismo modo Attaiorig[ y Belheiorigis posiblemente llevan el sufijo indoeuropeo *-i(y)o- (Gorrochategui 1984, 148).
— oa: Con aspiración, antes del núcleo de la segunda sílaba, tenemos Ohasseris. Sin ella hay Oandissen en Oncala (Soria), en la misma posición, pero la aspiración es casi inexistente en las Tierras Altas de Soria, salvo por un -thar. Por lo demás, solo hay Orgoanno, en límite de morfema, pero más allá de la zona de aspiración en vasco histórico.
— oo: Aparece en cinco ejemplos, sistemáticamente con aspiración: los dos testimonios de Dunoho- y los tres de Uloho-.
— uu: solo hay un ejemplo de Suhugio, antes del núcleo de la segunda sílaba, y en límite de morfema, tanto si es aquitano como si es galo su (Gorrochategui 1984, 351).
Entre los grupos ea, ie, iu, oe, ua, ue no aparece nunca aspiración, aunque en ninguno de los testimonios la esperaríamos por los paralelos en vasco histórico, y en general estos grupos aparecen más allá del núcleo de la segunda sílaba, con alguna rara excepción como Ciurxos o Buaicorixe, variante de Baicorixo (Gorrochategui 1984, 313), que según el EHHE (s. v. hibai) podría hipotéticamente derivar por metátesis de un anterior *ubai. oe aparece en nombres que no parecen vascónico-aquitanos, como Cloepius, Coelius y sus correspondientes femeninos, Coeranus, Soemuti, Dannoesa, Vcoetixix. Solo en [O]rcoeta podría tal vez darse el grupo oe en un límite de compuesto vasco-aquitano, pero más allá de la segunda sílaba.
A continuación, examinaremos la presencia de aspiración entre vocales que pueden formar diptongo.
— ai: Con aspiración solo aparece en Larrahi, más allá de la segunda sílaba y en límite de morfema, que en este caso se suele considerar como sufijo de dativo latino. Ya nos hemos referido a ae como adaptación latina del diptongo indígena ai, segura en Baeserte.
— au: El diptongo nunca se rompe por la aspiración, pese a darse con frecuencia en la primera sílaba.
— ei: solo hay un ejemplo con aspiración: Adehio, frente a Adei, Adeili sin aspiración. En posición de posible aspiración en vasco histórico solo hay Teixsossix. Hay un total de 22 ejemplos de ei sin aspiración, destacando los testimonios de Ageio, Lexeia, Belexeia, Talseiae, Laureia, Beisirisse, Belheiorigis), y aquellos en los que la -i puede ser marca de genitivo o dativo latino, como Borsei, Andei, Bascei.
— eu: Siempre en la primera sílaba, nunca aparece separado por aspiración.
— ou: Aparece en lexemas de origen galo, como Touta- o ]oucco, posible variante de Bocco (Gorrochategui 1984, 353). Con base aquitana tenemos Harous- como variante de Haraus-.
— oi: Es el único grupo vocálico susceptible de formar diptongo que aparece separado por la aspiración, pero únicamente en Lohi-, en sus tres ejemplos (Lohissi, Lohixsi, Lohitton). En primera sílaba hay Oidrito, Oiso, Stoico, de lectura dudosa. Más allá, Ahoissi (dos ejemplos), Astoilunno, todos ellos en límite de morfema, y Censoin[.
Los datos anteriores permiten extraer algunas conclusiones:
— La aspiración aparece sistemáticamente entre vocales iguales, en cualquier posición del nombre.
— Entre vocales que no pueden formar diptongo, la aspiración se anota casi sistemáticamente si la segunda vocal del grupo es el núcleo de la segunda sílaba. Contra una posible función antihiática de la aspiración en esos contextos, véase Lakarra 2009, 574-577, Igartua 2008, 176.
— Más allá de esa posición, la aspiración entre vocales solo aparece con los sufijos -he, -hi; con -har en Abisunhar y tal vez Dusanhar, si esta lectura, defendida por Beltrán 2002, 630, fuera la correcta, frente a Sanhar; con -hori en Serhuhoris; y en posible inicial de segundo miembro de compuesto en Osaherr[ (Gorrochategui 1984, 199). Más adelante hablaremos del posible carácter morfemático de -har, -hori. Las únicas excepciones en que no aparece en límite de morfema serían Adehio y Ummesahar, que sería además la única aspiración en interior de segundo elemento de compuesto, lo cual es un argumento más para considerar que son dos nombres independientes, Umme hijo de Sahar (Orduña 2020), aunque al tratarse de aspiración entre vocales iguales el argumento queda muy debilitado.
— La aspiración no aparece casi nunca entre vocales que pueden formar diptongo. La única excepción clara son los tres ejemplos de Lohi-.
4.2. La aspiración tras consonante
En vasco histórico existen oclusivas aspiradas ph, th, kh, y aspiración tras sonante, rh, rrh, nh, lh. En el segundo caso se trata de grupos heterosilábicos. En aquitano se documentan también, excepto ph y rrh, si bien solo rh cuenta con un número considerable de ejemplos, ocho.
— th: se da exclusivamente como variante del sufijo -tar, en tres casos (Baisothar[, Hontharrris y el fragmentario Ar[../..]thar), frente a diez testimonios de -tar. De los tres con aspiración, solo en Hontharris el sufijo constituye la segunda sílaba, y es uno de los tres únicos nombres con doble aspiración. De los que no llevan aspiración, los cuatro testimonios de Hotarri, Hotarris tienen también el sufijo como segunda sílaba. Michelena 1977, 256 recuerda el carácter acentuado del sufijo -tar en roncalés y suletino, y su posible relación con la aspiración.
— ch: solo hay dos ejemplos, Vochio y Vrchatetelli, de los que solo el primero se localiza en Aquitania, y es probablemente indoeuropeo, y el segundo es ibérico, aunque Gorrochategui 1984, 288 lo incluye en su corpus por la geminación en final de tema característica del aquitano.
— rh: hay ocho ejemplos, en todos con la aspiración en el ataque de la segunda sílaba. Sin embargo son bastantes los ejemplos de r intervocálica sin aspiración en idéntica posición, como Barosis, Erani, Gerexo, Siradi, Siricconis, Sori, Suri, Arixo. Distinto es el caso de Erhe-, del que tenemos tres testimonios, Erhe, Erhexoni con aspiración frente a una Ereseni sin ella. En vista de la relativa rareza de rh, que aparezca en dos de tres ejemplos de una misma base parece que no puede ser casual, y hace que resulte llamativa la falta total de aspiración en los ocho casos de Andere y sus variantes, tanto si es un compuesto de Erhe, como piensan Gorrochategui & Lakarra 1996, 119, como si Erhe se explica por aféresis de Andere, como piensa Martínez Areta 2023, 685.
— lh: tres ejemplos, pues Elh[ en mi opinión, a partir de autopsia, hay que leerlo Ele[. En todos la aspiración inicia la segunda sílaba. Se trata de los dos ejemplos de Lelhunno, y de Belheiorigis, especialmente llamativo por la existencia de quince ejemplos de Belex sistemáticamente sin aspiración en idéntico contexto.
— nh: dos ejemplos, ninguno en Aquitania: Abisunhari (Lerga, Navarra), con interpunción silábica entre la nasal y la aspiración, y Sanhar en Sofuentes (Zaragoza), lectura aceptada por Gorrochategui 1984, 254, o bien Dusanhar según Beltrán 2002, 630. Gorrochategui 1984, 124, entre las dos alternativas de lectura Adei Harbelesteg[ o Adeihar Belesteg[ de la inscripción CIL XIII 11031, opta por la primera ante la falta de otros paralelos para un -har final salvo el entonces de segmentación insegura Abisunhari de Lerga. Pero la posterior aparición de Abisunsonis (Izcue) garantiza ahora la segmentación Abisun-har, de manera que sería posible Adeihar, y nos evita aceptar un excepcional compuesto trimembre en el siguiente nombre. En todo caso, Gorrochategui 1984, 254 relaciona por su final Sanhar con Abisunhar (véase también Igartua 2024, 387, n.º 18), aunque la segmentación es insegura, tanto si leemos Sanharis como Dusanharis. En todo caso, al menos en Abisunhari es seguro que la aspiración aparece en límite de morfema.
Por último, mientras que en vasco es posible la aspiración entre diptongo y vocal (oihan), en aquitano solo tenemos el incompleto Leih[, de lectura discutible, y el nombre del defensor de la causa salluiense ]eihar en la Tabula Contrebiensis.
El reducido número de aspiraciones en contacto con consonante en comparación con la aspiración inicial o intervocálica sugiere que en ese contexto tal vez no se anotaba sistemáticamente (Gorrochategui 1984, 378). Sin embargo, solo se detectan incoherencias para th (pues es mucho más frecuente -tar que -thar) y rh: Barhosis/Barosis, Ere-/Erhe-, Narhonsus, Narhungesi / Harontarris. El último ejemplo podría explicarse tal vez, como hemos visto, por la presencia de aspiración en la primera sílaba. En cambio Naru[..]eni, o Nar[— / [c.2]eni, según Beltrán 2002, 630, es de lectura demasiado insegura.
De todos los grupos de consonante y aspiración, solo dos, th y nh, aparecen más allá de la segunda sílaba, y en ambos se trata de límite de morfema, con un solo ejemplo seguro de cada grupo: para nh, Abisun-hari, de segmentación segura, pues tenemos también Abisun-sonis. De th, Baisothar[. En el posible Dusanhari el límite de morfema es inseguro, pero también lo es la lectura, que podría ser Sanhar. En Ar...thar desconocemos el número de sílabas.
5. Posibles restricciones a la posición de la aspirada no inicial
A partir de los testimonios disponibles, parece que no solo es excepcional la presencia de dos aspiraciones en una palabra, sino que la presencia de una aspiración más allá de la segunda sílaba, aunque no es rara, está sometida a algún tipo de limitación. Entre los indicios más claros tenemos por un lado la presencia sistemática de aspiración entre la primera y segunda sílaba entre vocales que formarían hiato, pero su frecuente ausencia más allá. Por otro lado, el hecho de que mientras que ninguno de los ocho testimonios de Andere y sus variantes muestra aspiración, dos de tres de los testimonios de Erhe la muestran (Erhe, Erhexoni frente a Ereseni), lo cual es significativo tanto si Andere es un compuesto de Erhe (Gorrochategui & Lakarra 1996, 119) como si Erhe es aféresis de Andere (Martínez Areta 2023, 685).
Por otro lado, de 127 nombres con aspiración, de los que en 83 es no inicial, solo 22 tienen una aspiración más allá del núcleo de la segunda sílaba, buena parte de los cuales la tienen entre vocales iguales, contexto en el que nunca falta la h sea cual sea la sílaba en que aparezca. En la mayoría de los casos restantes la h aparece como inicial de un sufijo seguro (-e, -i) o posible (-har, -hori).
Por supuesto, hay que ser conscientes de lo fragmentario de nuestra documentación. Por ejemplo, de los segundos elementos documentados, son muy pocos los susceptibles de mostrar aspiración en interior, prácticamente solo hay ilun(n) (vasco continental ilhun «oscuro’), pero este nunca muestra aspiración en aquitano ni como primer ni como segundo elemento, pese a que existe lh, aunque limitado a tres ejemplos seguros.
Aunque hemos visto una posible aspiración en límite de compuesto onomástico, Osaherr[, se trata de un caso aislado, y son varios los posibles compuestos o derivados donde no hay aspiración aunque el límite de morfema vaya entre dos vocales. Los más claros serían Pi-andossonnii, Sembe-occi, Orgo-anno, [O]rgo-eta, ]mbe-on[, Axto-uri y Asto-ilunno. Tampoco aparece nunca la aspiración ante sufijos con inicial vocálica como -enn, -anno-, -ass, -iss, -ori, -osso- (Gorrochategui 1984, 368), todos los cuales aparecen alguna vez tras vocal, aunque como veremos podría haber un único ejemplo de -hori no señalado por Gorrochategui. Tampoco ante -at, propuesto por Orduña 2018, 419 como un sufijo destinativo que ha acabado formando parte del teónimo Idiatte, Idiat, hasta el punto de poder recibir a su vez, en uno de los dos testimonios, el sufijo de dativo -e. La geminación de la dental, signo de fortición en final de tema, es un indicio de que -at forma parte del nombre.
Merece comentario aparte -enn, que recientemente Gorrochategui 2022, 126, n.º 29 ha identificado con el sufijo de superlativo vasco en Belexennis o Leherenn (véase también Michelena 1985, 435). Tras vocal el único testimonio sería Borienno, sin claro equivalente vasco para el posible lexema. En todos los demás casos, en los que a menudo, aunque no siempre, hay un lexema vasco claro o probable (Accaten, Bon-ten, Cison-ten, Hahan-ten, Haute-ten, Seni-tennis, Andos-ten, Andos-tenno, Sembe-tten), lo que tenemos es lo que en mi opinión es un alomorfo -tenn, que aparece no solo tras vocal, sino también tras nasal y sibilante, con una alternancia comparable a la que se da entre -tar y -ar en vasco histórico, y al igual que este con una distribución que resulta poco clara (Michelena 1977, 246). Si la identificación es correcta, resultaría curioso que el aquitano muestre una alternancia -enn / -tenn inexistente en vasco histórico, y en cambio solo tenga -tar /-thar frente a -ar / -tar del vasco histórico, lo que podría apoyar que el aquitano no sea un antecesor directo del vasco histórico.
Es relevante para esta cuestión el hecho de que, como me recuerda un revisor anónimo, el sufijo de superlativo -en, que se suele relacionar con el genitivo plural (Trask 1997, 210, Manterola 2015, 59 ss.), tiene una aspiración inicial conservada en formas como goihen, barhen o urhen (Manterola 2015, 217 ss.), con fortición tras sibilante en azken. Ahora bien, en todos los posibles superlativos aquitanos mencionados el sufijo quedaría más allá de la segunda sílaba, con la única excepción de Bonten, para cuya explicación habría que tener en cuenta que, como hemos visto, no hay ni un solo ejemplo de -nh- en Aquitania, y solo dos en territorio vascónico.
En cuanto a Leherenn, que Gorrochategui relaciona implícitamente con leher, traduciéndolo como «the very destructive’, aunque es una opción perfectamente posible (pese a la dificultad de la vibrante, pues esperaríamos *Leherr-enn) en mi opinión no habría que desechar la vieja hipótesis de Lizop 1931, 218-219 de relacionarlo con lehen, aunque este a su vez derive de un superlativo que, en tal caso, ya por entonces no sería percibido como tal, pues el paso a leher podría justificarse por disimilación, y semánticamente resultaría muy atractiva la comparación de Marti Leherenno con Marti Rixamo, en este caso con un superlativo galo sobre el tema rig- «rey». Aunque es mucho más oscuro, quizás Marti Lelhunno derive también de un lexema relacionado de algún modo con lehen.
A la vista de estos casos de sistemática ausencia de aspiración ante sufijos de derivación de inicial vocálica, y casi total ausencia en límite de compuesto, resulta muy llamativa la aspiración casi sistemática en la inicial del dativo indígena -(h)e tras tema en vocal. La principal diferencia de este morfema respecto a los otros que hemos visto es que se trata de un sufijo que no forma parte del nombre propiamente dicho. Por tanto, con la necesaria cautela, podría plantearse que algo parecido ocurre con los otros posibles sufijos que muestran aspiración, -har y -hori (que aparece solo en Serhuhoris), de los que Gorrochategui 1995, 228 menciona sus ««similitudes con sufijos aquitanos’’. Ambos coinciden formalmente con demostrativos vascos, en el caso del primero propuesto por Orduña 2020, 183 en relación a Abisunhar (véase también Igartua 2024, 387, n.º 18, quien sugiere además la relación de Serhuhoris con hori), aunque la evidencia es demasiado escasa para asegurar que lo sean, y para har existe la dificultad de que para Manterola 2015, 325 ss. la proto-forma sería ha sin vibrante (contra, Martínez Areta 2013, 294). Puede ser relevante para la discusión el hecho de que la falta de geminación final en Abisunhar-i indica que la vibrante de -har sería suave, como la del tema demostrativo har-, y esa vibrante es poco frecuente en final de tema en vasco histórico. Gorrochategui 1995, 228 añade Dusanharis y ]eihar a los ejemplos del sufijo aquitano -har, el primero también es mencionado por Igartua 2024, 387, n.º 18. En cuanto al sufijo -ori, de los ejemplos en que Gorrochategui 1984, 386 lo identifica (Hars-ori, Bonx-ori-us y con dudas Bonn-oris), solo el último sería eventualmente susceptible de llevar aspiración, pues esta nunca aparece tras sibilante, pero no olvidemos que solo hay dos ejemplos de nh, y ambos en territorio vascón, de manera que nada se opone a que Serhuhoris muestre el mismo sufijo, y de hecho Gorrochategui 1995, 228 llama la atención sobre su similitud con el sufijo aquitano -ori.
6. Posibles alternancias entre velares y aspiración
Teniendo en cuenta la frecuencia con que a la aspiración de los dialectos vascos continentales le corresponde una g en los peninsulares (Michelena 1977, 221), no sería descabellado pensar que ya en vascónico o en aquitano la aspiración pudiera verse sustituida por una velar en posiciones en las que, como hemos visto, parece que era más bien excepcional su presencia. Curiosamente, la mayoría de posibles casos se sitúan al sur de los Pirineos, aunque en ninguno la relación con la aspiración puede considerarse ni remotamente segura:
— El teónimo Lacubegi: aunque considerado ibérico por Gorrochategui 1995, 223, la presencia de una cabeza de bóvido en una cara del altar ha sugerido a autores como el propio Gorrochategui 1995, 225 o Velaza 2015, 389 una posible relación con vasco behi «vaca». Teniendo en cuenta que según Salaberri 1994, 825 y ss. el primer elemento Lacu se relacionaría con el elemento toponímico laku, relacionado con el agua, no deja de ser curioso que el compuesto recordaría al tarbh uisge «toro de agua» de las leyendas escocesas. Aunque ciertamente la identificación es insegura, cabría la posibilidad de que aquí la aspiración hubiera sido sustituida por la velar por tratarse de un segundo miembro de compuesto en el que la aspiración quedaría más allá de donde es posible en vasco histórico.
— El teónimo Itsacurrinne: Velaza 2015, 389 y Gorrochategui 2022, 115 lo relacionan con txakur «perro». Sin embargo, aunque en la teonimia aquitana son frecuentes los nombres de animales, también lo son los de árboles, por lo cual cabría la posibilidad alternativa de identificar Itsacurrinne con intzaur «nogal», teniendo en cuenta variantes como el roncalés itzagur o el testimonio medieval Ysahurr Chipia (1321). Véase Michelena 1977, 338 para la explicación de la nasal a partir de una lateral (labortano (h)eltzaur) producida por repercusión de líquidas. Como me indica un revisor anónimo, el segundo elemento sería hur «avellana», cuya aspiración experimenta fortición en ezkur «bellota», es decir, que la aspiración es antigua. La ventaja de intzaur sobre txakur es que nos evita tener que justificar la pérdida de la vocal inicial de Itsacurrinne.
El carácter sordo de la velar de Itsacurrinne haría de este un caso distinto del de Lacubegi, pues si tienen razón Manterola & Hualde 2021 en que la aspiración vasca se realizaba /χ/, cabría la posibilidad de que aquí se hubiera intentado representar ese sonido mediante una oclusiva velar, aunque también es posible que, dada la posible confusión de C y G en la epigrafía latina, lo que tengamos aquí sea la velar sonora representada por la sorda, como tal vez en Cisson-, Cison- frente a Gison-.
— El topónimo Calagurris: Aunque por diversos motivos, entre ellos el vocalismo de la ceca celtibérica kalakorikos, es una propuesta más problemática que en los ejemplos anteriores, se puede mencionar la remota posibilidad de identificar el elemento final de Calagurris con el de Graccur(r)is, con la velar en lugar de la aspiración en límite de compuesto.
— El sufijo antroponímico -ges: Se trata de un elemento considerado por Gorrochategui 1995, 225 como «típicamente vascón». En Gorrochategui 2022, 115 afirma más explícitamente que «Narhun-ges and Enne-ges present a final element -ges which is unknown in Aquitanian and is limited to the Vasconic area». El mismo autor identifica el sufijo en Ausa-ges[ (Gorrochategui 1995, 225).
En los tres casos en que se documenta -ges (Narhungesi, Enneges, Ausages[) la -g- podría estar por la aspiración, que estaría más allá del núcleo de la segunda sílaba, y además en el caso de Narhungesi, donde sería posible -nh-, implicaría una doble aspiración.
No es del todo seguro que exista un elemento onomástico ibérico nes (Untermann 1990, §7.92), que Rodríguez Ramos 2014, 181 admite con reservas, señalando lo sospechoso de que todos los ejemplos aparezcan en una misma inscripción. En mi opinión, la mayoría de ejemplos en la antroponimia vascónica o de áreas próximas que tienen esa terminación, quizás con la única excepción de Agirnes y Nesille, donde sería primer elemento, podrían tener en realidad -es, como sugiere el hecho de que en dos casos la nasal va geminada, indicio de final de tema en vascónico-aquitano: Belennes, su patronímico Albennes, y Arranes, como ya vio Schuchardt 1909, 9, quien lo compara por su función con el sufijo latino -ensis. Con Belennes podríamos comparar belen-ku (Oceja, PYO.07.03), y si aquí aislamos -es debemos hacerlo también en su patronímico Albennes, pese a la falta de paralelos para el primer elemento, que se da tanto si segmentamos -es como -nes. Para Arranes, pese a la falta de geminación, el mejor paralelo para el primer elemento sería aŕam-taŕ-śu (Bolvir, GI.03.01a), confirmando la segmentación de Schuchardt 1909, 9. Si hay que relacionar con esta serie también Ordennas, como sugiere Rodríguez Ramos 2014, 181, la base oŕtin que identifica el mismo autor ya justificaría una segmentación Ordenn-as. Cabría añadir Or[d]un-ets-i a la relación, tal vez con otra variante de la misma base oŕtin, atestiguada también en Ordumeles, como propone Gorrochategui 1995, 224.
La explicación más económica es unificar -ges y -es como variantes. En ese caso, la velar estaría por la aspiración. Con ello podríamos relacionar el sufijo con el -es ibérico que parece indicar el origen (De Hoz 2002, 162): Ausa-ges podría indicar a alguien originario de Ausa, de manera que sería el equivalente vascónico del ibérico auś-es de una inscripción emporitana en la que según los editores (Aquilué & Velaza 2001, 284) desempeñaría esa función. Naturalmente, podría tratarse de otra Ausa. Ahora bien, en vascónico -(g)es se une a bases que, si en algún caso pueden ser toponímicas, en otros probablemente no lo son, como es el caso de Enne- (aunque existe Ennegensis en el bronce de Ascoli), de modo que sus funciones, posiblemente adjetivales, han de ser menos específicas.
No sería imposible que en epigrafía paleohispánica ese sufijo -es pudiera aparecer en la ceca ba(ŕ)śkunes, de manera que en la ceca oTtikes pudiéramos tener la variante con velar, aunque es posible que en ambos casos se trate del ablativo celtibérico.
Aunque la mayoría de testimonios de -(g)es proceden del sur de los Pirineos, tal vez podría identificarse, siempre sin la velar, en algunos nombres aquitanos. Quizás el más claro sería Iacessis, si se relaciona con Iaca como proponía Schuchardt 1909, 9, aunque por la forma de unir el sufijo al lexema siguiendo el modelo del ibérico auśes respecto a Ausa (o ibérico auśo), no la del vascónico Ausages, habría que pensar que Iacessis es un nombre más bien ibérico. Otro caso posible, aunque muy inseguro, sería Ollaies en un altar de Saint-Paul-d'Oeil, haciendo innecesario completar Ollaie(n)s(es). Ollaies podría ser la forma indígena de ferrarienses en otra dedicación votiva de Asque.
En la zona continental solo podría tal vez sugerirse una relación entre el final de Suhugio, Sutugio con el de Adehio. No parece muy probable que exista una relación entre el sufijo de Torste-ginno, Bihos-cinnis y el de Itsacurr-inne.
Aunque la sustitución de h por g parece ser en general un fenómeno medieval, se trata de un cambio justificable fonéticamente y que da lugar a numerosas alternancias interdialectales en vasco histórico (Lakarra 2009, 574-577, Hualde 2018, 12), de manera que tal vez no sea imposible que tuviera raíces más antiguas.
7. El vasco medieval
Dado que cabe la posibilidad de que no exista una continuidad directa entre el aquitano y el vasco histórico (Hualde 2018, 21-23), no tendría por qué existir una continuidad entre la distribución aquí observada y la del vasco medieval.
Aunque no es objetivo de este trabajo el estudio de los testimonios medievales, y no existe a día de hoy una base de datos que facilite un estudio como el aquí abordado, he efectuado como muestra un recuento manual sobre la lista de Reguero 2012, que ofrece los siguientes datos: en la Reja aparecen 45 nombres que tienen o bien dos aspiraciones, o una más allá del núcleo de la segunda sílaba o, en al menos una decena de casos, ambas. En cambio, solo hay 22 casos en todo el resto de la documentación medieval. Pero incluso en los nombres de la Reja, Salaberri 2018, 340 ha observado que «[e]n la Reja, cuando hay otra aspiración en el topónimo, no aparece <h> ante -eta», aunque hay que matizar que tampoco aparece en ese contexto en otros nombres en los que no hay otra aspiración, como Bagoeta, Berroztegieta o Mariaeta.
8. Conclusiones
La notación de la aspiración inicial e intervocálica es notablemente consistente en vascónico-aquitano. En cambio lo es mucho menos rh y sobre todo th, que solo aparece en el sufijo -tar, -thar. Los grupos ch, lh, nh son prácticamente testimoniales. El último solo aparece en territorio vascón, y posiblemente en sus dos testimonios en límite de morfema.
Más de una aspiración por palabra es más bien excepcional. Una restricción en ese sentido podría explicar la falta de aspiración tras vibrante en Harontarris frente a Narhungesi, aunque la notación poco sistemática tras vibrante resta valor a este testimonio. Cuando hay dos aspiraciones una es inicial, con la única excepción de Serhuhoris, y la segunda o bien va entre vocales iguales o bien en inicial de sufijo, -he, -thar, -hori. El caso de Herauscorritsehe, cuyo final es de segmentación discutible (-he o -ehe), podría encajar con cualquiera de las dos.
En posición interior la aspiración aparece sistemáticamente entre vocales iguales, independientemente de la sílaba en que se encuentre. La aspiración no suele aparecer entre vocales que pueden formar diptongo, salvo en Lohi.
Si observamos no solo los contextos de aparición de la aspiración, sino también los de no aparición, hay indicios de que la aspiración más allá del núcleo de la segunda sílaba está sometida a ciertas restricciones:
— Aunque la aspiración no siempre se señala tras vibrante, aparece en dos de tres testimonios de Erhe-, pero en ninguno del mucho mejor documentado Andere, con el que muy probablemente está relacionado.
— La aspiración entre vocales en hiato, que es casi sistemática antes de esa posición, es completamente excepcional más allá, salvo entre vocales iguales, con el sufijo -he/-hi y con los posibles sufijos -har, -hori, que coinciden formalmente con los demostrativos vascos (Orduña 2020; Igartua 2024, 387, n.º 18), con la dificultad para el primero de que Manterola 2015, 325 ss. reconstruye ha. Es decir, que aparece solo ante sufijos de declinación o, más especulativamente, de posibles determinantes que no formarían parte estrictamente del nombre. Si el sufijo de declinación se ha incorporado plenamente al nombre, como podría ser el caso de Idiat- según Orduña 2018, 420, tampoco lleva aspiración. Tampoco aparece ante sufijos de derivación de inicial vocálica, como -osso-, o ante el posible sufijo de superlativo -en(n) (Gorrochategui 2022, 126, n.º 29), que se considera formado sobre el genitivo plural, lo cual tiene implicaciones para la comparación del genitivo del vasco histórico con el genitivo ibérico -en. Es posible identificar -ten(n) como alomorfo de -enn, con una alternancia similar a la de -ar/-tar en vasco histórico. La aspiración propia del morfema de superlativo (Manterola 2015, 217 ss.) no aparecería en aquitano por situarse el morfema casi siempre más allá de la segunda sílaba.
— En territorio vascónico parece que la aspiración más allá de la posición donde es posible en vasco histórico ha podido ser sustituida en algún caso por la velar sonora, como se documenta a partir del período medieval. Por un lado tenemos el teónimo Lacubegi, donde -begi se ha relacionado con behi «vaca». Por otro, el sufijo -ges, que podría no ser más que una variante de -es. La mayoría de los testimonios del formante antroponímico ibérico -nes son fruto de una segmentación como mínimo discutible, y tal vez en su mayoría podrían ser en realidad nombres vascónicos con -es.
En definitiva, da la impresión de que las dos restricciones a las que se encuentra sometida la aspiración en vasco histórico, es decir, su limitación a una por palabra y su posición no más allá del núcleo de la segunda sílaba, tenían ya vigencia en vascónico-aquitano, a condición de aceptar que ninguna de las dos restricciones se aplicaba a la aspiración, que parece obligatoria, entre vocales iguales, ante el sufijo -he/-hi tras vocal, y a los más inseguros sufijos -har, -hori tras vocal o nasal, que solo como sugerencia muy arriesgada podrían relacionarse con los temas demostrativos vascos homófonos. La aspiración de Adehio es la única que no encaja con ninguno de estos contextos. Pero incluso si prescindiéramos del carácter sufijal de -har, -hori, ello afecta a tan pocos testimonios con aspiración que podrían asumirse perfectamente como excepciones a la regla.
Hay que insistir en que lo limitado de nuestra documentación obliga a tomar con extrema precaución cualquiera de las conclusiones que aquí hemos expuesto, y que la aparición de nuevos testimonios o la corrección de alguna lectura de los ya existentes podrían invalidar alguna de estas propuestas.
APÉNDICE: Listado de nombres aquitanos con aspiración.
— Con al menos una aspiración inicial (43):
Hahanni, Hahanten, Hahantenn, Haloisso, Halsconis, Halscotarris, Hanaconis, Hanarro, Handos, Hanna, Hannabi, Hannac, Hannas, Hannax[i(s)], Hannaxus, Harausoni, Harbelesteg[, Harbelex (3), Harbelexsis (2), Harexuates, Harontarris, Harousoni, Harsi, Harsori (2), Harspi, Hautense, Hautensoni, Hauteten, Helasse, Herauscorritsehe, Hissi, Holox[, Hontharris, Horolati, Hotarri (2), Hotarris (2), Hunnu.
— Con solo una aspiración no inicial (83):
[B?]ihonis, [Le(he)re]nni, [Le]heren[o], ]eihar, ]herri, ]hoxsi[, Abisunhari, Adehio, Aherbelste, Ahoissi (2), Ar[....]thar, Arhe, Artahe (4), Artehe (2), Baisothar[, Barhosis, Belheiorigis, Berhaxsis, Bihoscinnis, Bihossi, Bihossius, Bihotarris, Bihotus, Bihoxus, Cahenna, Daho, Dunohorigis, Dunohoxsis, Elh[, Erhe, Erhexoni, Lahe (5), Larahe (2), Larahi, Larrahi, Lehe[, Leheren (2), Leheren[n], Leherenn (2), Leherenn[, Leherenni (2), Leherenno (8), Leih[, Lelhunno (2), Lohissi, Lohitton, Lohixsi, Narhonsus, Narhungesi, Ohasseris, Osaherr[, Saherossis, Sanharis, Serhuhoris, Sihari, Suhugio, Vmmesahar, Vlohossii, Vlohoxis, Vlohoxo, Vochio, Vrchatetelli.
— Con dos aspiraciones (6):
Hahanni, Hahanten, Hahantenn, Hontharris, Herauscorritsehe, Serhuhoris.
— Con aspiración más allá del núcleo de la segunda sílaba (22):
Abisunhari, Adehio, Artahe (4), Artehe (2), Baisothar[, Dunohorigis, Dunohoxsis, Herauscorritsehe, Larahe (2), Larahi, Larrahi, Osaherr[, Serhuhoris, Vmmesahar, Vlohossii, Vlohoxis, Vlohoxo.
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[1] Este trabajo se ha realizado en el marco del proyecto PID2023-147123NB-C41 financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Las inscripciones paleohispánicas se indican por su referencia en el banco de datos Hesperia (http://hesperia.ucm.es). Agradezco a Iván Igartua, a Luis Mari Zaldua y a dos revisores anónimos algunas observaciones que han contribuido a mejorar este artículo. Los posibles errores son responsabilidad mía.