Onomástica personal y cambio sociocultural en los Pirineos orientales. El caso de Cerdaña
(ss. IV-I a.C.)*
Personal onomastics and sociocultural change
in the Eastern Pyrenees. The case of Cerdanya
(4th-1st c. BCE)
Jack Thomas Lambert
Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
Resumen: En este artículo examinamos la onomástica personal a lo largo de un período de tres o cuatro siglos en la región pirenaica de Cerdaña, en relación con los cambios culturales y sociales más generales en la zona. Empezamos por esbozar los principales cambios socioculturales en los períodos ibérico e iberorromano. Luego, pasamos a examinar las fuentes epigráficas de Cerdaña que contienen la onomástica personal, recopilando todas sus posibles atestiguaciones. A continuación, analizamos las prácticas onomásticas en esta zona, centrándonos en la adscripción lingüística de la onomástica personal, y el cambio y la continuidad de la onomástica bajo la influencia de Roma. Concluimos que la onomástica de esta zona es de carácter abrumadoramente ibérico, situación que se mantiene hasta la época de Augusto, cuando se detectan cambios onomásticos en las inscripciones latinas, los cuales acompañan a transformaciones políticas (relacionadas con el derecho latino, la fundación romana de Iulia Libica, sistemas romanos de gobierno local, etc.).
Palabras clave: onomástica, ibérico, Cerdaña, epigrafía, cambio sociocultural.
Abstract: This paper aims to examine personal onomastics throughout a period of three to four centuries in the Pyrenean region of Cerdanya as part of more general sociocultural changes in the area. It begins with an outline of the main sociocultural changes in the Iberian and Ibero-Roman periods. Next, the epigraphic sources containing personal onomastics are examined and possible names are compiled. After, the onomastic practices in this region are analysed, focusing on the linguistic adscription of personal names and changes and continuity of naming practices under Roman influence. It is concluded that the onomastics in this area are overwhelmingly Iberian, a situation which continues until the Augustan period, when changes can be seen in the Latin inscriptions, accompanying political changes (in relation to Latin rights, the Roman foundation of Iulia Libica, Roman systems of local governance, etc.).
Keywords: onomastics, Iberian, Cerdanya, epigraphy, sociocultural change.
Laburpena: Artikulu honetan, Pirinioetako Cerdanya eskualdeko hiru edo lau mendeko pertsonen onomastika aztertu dugu, inguru horretan kulturaren eta gizartearen arloan izandako aldaketa orokorrenen esparruan. Lehenik eta behin, iberiarren eta iberiar-erromatarren aldietako aldaketa soziokultural nagusiak azaldu ditugu. Gero, pertsonen onomastika duten Cerdanyako iturri epigrafikoak aztertu ditugu, eta egon daitezkeen testigantza guztiak bildu. Hori egin ondoren, eskualdean jasotako praktika onomastikoak aztertu ditugu, pertsonen onomastikaren hizkuntza-esleipenean eta onomastikak Erromaren eraginpean izandako aldaketan eta jarraitutasunean arreta jarrita. Ondorio hau atera dugu: eskualde horretako onomastika erabat iberiarra da, eta halaxe izan zen Augustoren garaia arte; izan ere, ikusi da garai horretan aldaketa onomastikoak izan zirela latinezko inskripzioetan, aldaketa politikoak gertatu zirenean, hain zuzen ere (zuzenbide latindarrarekin, erromatarrek fundatutako Iulia Libicarekin, tokiko gobernuaren sistema erromatarrekin eta abarrekin lotutako aldaketak).
Gako hitzak: onomastika, iberiarra, Cerdanya, epigrafia, aldaketa soziokulturala.
* Correspondencia a / Correspondence to: Jack Thomas Lambert, Universidad del País Vasco (UPV/EHU), C/ Tomás y Valiente, s/n, 01006 Vitoria-Gasteiz — jackthomas.lambert@ehu.eus — http://orcid.org/0000-0002-9021-0938.
Cómo citar / How to cite: Lambert, Jack Thomas (2026), «Onomástica personal y cambio sociocultural en los Pirineos orientales. El caso de Cerdaña (ss. iv-i a.C.)», Veleia, 43, 171-194. (https://doi.org/10.1387/veleia.27320).
Recibido: 28 febrero 2025; aceptado: 9 abril 2025.
ISSN 0213-2095 - eISSN 2444-3565 / © 2026 UPV/EHU Press
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Introducción
La Cerdaña es una región bien definida en los Pirineos orientales, situada a caballo de los actuales estados de España y Francia. Consiste en un llano central a unos 1200 metros sobre el nivel del mar, rodeado por montañas que superan los 2000 metros. Además de sus buenas condiciones para la agricultura y la ganadería, la zona cuenta con numerosos recursos naturales, como bosques, fuentes de agua, aguas termales y metales (incluso el oro).
A partir de las fuentes literarias antiguas, podemos concluir que el grupo de población de esta zona eran los Ceretes o Cerretani, cuyo nombre se conserva en el topónimo actual[1]. Los autores griegos y romanos también proporcionan algunos datos importantes acerca de este pueblo, como su producción de jamones (Str. III, 4, 11; Mart., XIII, 54; Edict. imp. Diocl. IV, 27), o su estatus político-jurídico de comunidad de derecho latino, formando parte del conventus Tarraconensis en época de Augusto, según Plinio (Plin. Nat. III, 24).
Las investigaciones arqueológicas en Cerdaña comenzaron en los años 70 del siglo pasado, bajo la dirección del pionero Pierre Campmajo, en el yacimiento de Llo (Campmajo 1976 y 1983). Desde entonces, se han llevado a cabo en diferentes puntos de ambos lados de la frontera hasta la actualidad, aunque en los últimos años ha aumentado la intensidad de la investigación en el marco de proyectos dirigidos por Oriol Olesti[2]. El propio P. Campmajo fue responsable del desarrollo del estudio de los grabados rupestres en Cerdaña, tema que fue objeto de su tesis doctoral (Campmajo 2012), siguiendo los pasos del investigador J. Abelanet 1976. Los primeros trabajos sobre las inscripciones ibéricas de Cerdaña fueron fruto de la colaboración entre P. Campmajo y el ilustre lingüista J. Untermann (Campmajo & Untermann 1991 y 1993). Desde 2010, esta labor ha sido continuada y avanzada por J. Ferrer i Jané, quien, además de publicar nuevas inscripciones, se encarga de revisar aquellas publicadas previamente, confirmando o corrigiendo sus lecturas[3].
En este artículo, utilizando las lecturas más actuales de las inscripciones (la mayoría de las cuales están disponibles en el banco de datos Hesperia [http://hesperia.ucm.es/]), nos centramos en la onomástica personal que contienen. De especial interés es la cuestión de si las prácticas onomásticas se ven afectadas por los cambios sociales, culturales y políticos que se perciben a través de los datos arqueológicos y la información proporcionada por las fuentes literarias antiguas.
Para este fin, será necesario hacer una breve síntesis de cada una de las tres fases identificadas a partir de estos datos: el período ibérico pleno (o iberoceretano) (s. iv-mediados del s. ii. a.C.), el iberorromano (o romano republicano) (mediados del s. ii-mediados del s. i a.C.) y la transición entre la época republicana y el principado (mediados del s. i a.C.-época de Augusto). Una vez establecidas las principales características de cada período, se procederá a recopilar la onomástica personal que aparece en el corpus de inscripciones de Cerdaña en escritura ibérica y latina. El sistema de escritura empleado en cada inscripción servirá como guía para su cronología, puesto que el uso del sistema ibérico dual corresponde, grosso modo, a la fase prerromana, mientras que el sistema simplificado no dual pertenece a la fase iberorromana[4]. A continuación, la onomástica personal será analizada para identificar la adscripción lingüística de los nombres y para determinar hasta qué punto hay continuidad o cambios en la onomástica personal, y si estos aspectos coinciden con los cambios socioculturales documentados a nivel arqueológico e histórico.
1. Cambio sociocultural en Cerdaña (del s. iv a.C. a la época de Augusto)
En los últimos años, las investigaciones arqueológicas en Cerdaña han transformado radicalmente las interpretaciones históricas de esta parte de los Pirineos. Dichas investigaciones han permitido identificar tres fases principales.
1.1. El ibérico pleno o fase iberoceretana (del s. iv a mediados del s. ii. a.C.)
A diferencia de lo que se pensaba anteriormente[5], los primeros indicios de la cultura ibérica en la región aparecen en el siglo iv a.C. Durante este período se observa una reducción en el número de asentamientos en comparación con la Edad de Bronce y la primera Edad de Hierro, acompañada de una reconfiguración de la población en asentamientos en colinas sobre el llano central[6]. Además, se percibe una jerarquía entre estos asentamientos, con diferencias notables entre el sitio fortificado del Castellot de Bolvir y otros sin fortificaciones, como el Tossal de Baltarga o Sant Feliu de Llo. Las fortificaciones del Castellot de Bolvir, que consisten en una muralla y un foso en el lado más accesible de la colina, son muy significativas, ya que demuestran que esta zona pirenaica experimentó procesos de fortificación muy semejantes a los de las zonas ibéricas vecinas en Cataluña y en el sur de Francia[7].
La cultura material de esta época mantiene un fuerte carácter local, con el uso casi exclusivo de cerámica a mano, que constituye el 80-90% del número total de fragmentos entre los conjuntos cerámicos de los diferentes yacimientos de este período[8]. Las pequeñas cantidades de cerámica de importación provienen principalmente del Golfo de Ampurias y los llanos del Ampurdán, representadas por cerámica ibérica a torno y barniz negro de Rosas. En proporciones aún menores, también se encuentra cerámica ática de barniz negro, fechada en este período.
La economía ceretana se basaba esencialmente en la agricultura y la ganadería[9] y algunos yacimientos muestran una preponderancia de bóvidos sobre ovicápridos, a diferencia de otras áreas del mundo ibérico (Colominas 2017). Recientes investigaciones han desvelado prácticas ganaderas trashumantes de ovejas a larga distancia, lo que pone de manifiesto fuertes vínculos entre esta región y los pre-Pirineos (Messana et al. 2023). Los testimonios numismáticos también muestran contactos con las áreas vecinas, especialmente Ampurias, mediante la presencia de dracmas emporitanas (García Garrido 2016), además de sus imitaciones del valle del Aude, al norte (Hiriart 2022, 86-87). Es durante este período cuando las primeras inscripciones ibéricas comienzan a aparecer grabadas sobre rocas al aire libre, probablemente en algún momento en el iii a.C. (Ferrer & Olesti 2023)[10].
En cuanto a los testimonios literarios, las fuentes que contienen la información más temprana sobre los habitantes de esta región, los ceretanos, son muy problemáticas, especialmente teniendo en cuenta que fueron escritas por autores de la Antigüedad tardía y época bizantina, quienes transmitieron información tomada de fuentes griegas datadas entre los siglos vi y v a.C. Por tanto, estas fuentes deben ser tratadas con mucha cautela. Cabe señalar, sin embargo, que aluden a los ceretanos como un pueblo no ibérico en un primer momento, que evidentemente se hace ibérico en un momento posterior. En el caso de Avieno, su mención de otro grupo, los ausoceretes (Avien. Ora. 550), suele interpretarse en el sentido de que había algún tipo de relación cultural entre los ausetanos y los ceretanos. Basta decir aquí que, al menos en teoría, los testimonios arqueológicos no contradicen estas fuentes problemáticas.
Alrededor de 200 a.C. se documenta la destrucción violenta de algunos de los asentamientos en Cerdaña, como Tossal de Baltarga y Serrat del Castellar, lo que se ha visto en relación con el paso de Aníbal por los Pirineos o los episodios bélicos inmediatamente posteriores (Morera et al. 2020, 120-121). El primer cuarto del s. ii a.C. está mal documentado arqueológicamente, pero se percibe una ocupación continua en Castellot Bolvir, y a mediados del s. ii a.C. todos los asentamientos principales muestran una recuperación.
1.2. La fase iberorromana republicana (de mediados del s. ii a mediados del s. i a.C.)
A mediados del siglo ii a.C., los principales asentamientos de Cerdaña sufrieron transformaciones que incluyeron nuevos elementos defensivos, como la muralla y torres republicanas en el Castellot de Bolvir (Morera 2017, 247; Morera et al. 2018, 151), o la torre de vigilancia en el Tossal de Baltarga (Morera 2017, 985 y 992). Se documenta una presencia militar romana en la reconfiguración de estos sitios, que emplean tipologías de edificios y unidades de medida romanas en sus construcciones, además de objetos muy significativos, como varios anillos-sello (Oller et al. 2021), dagas, proyectiles de plomo, simpula, coladores de bronce y herramientas de hierro, un chisquero y un doble espátula de cera (no se documentan más de estos objetos). También la cerámica se vuelve más diversa en este período, con una mayor proporción de importaciones respecto a la fase anterior, como la cerámica ibérica común y gris del Ampurdán, el barniz negro campaniense y las ánforas itálicas. Sin embargo, la cerámica a mano local sigue siendo mayoritaria hasta el abandono de los asentamientos, cuando aún constituye más del 50% del número total de fragmentos (Oller et al. 2018, 40).
En este período se atestigua una metalurgia avanzada en hierro, cobre, plomo, bronce, cinabrio, plata y oro, lo que solo puede explicarse por el conocimiento técnico de los romanos (Olesti et al. 2017; Morera et al. 2023). Al mismo tiempo, la población acuñó su propia moneda de plata, probablemente en la primera parte de esta fase, con la leyenda ibérica keŕe (Carol 2022; Ripollès 2022), lo que coincide con la llegada de monedas ibéricas, principalmente de comunidades vecinas del noreste peninsular y del sur de Francia (Campo & Mercadal 2009). Hacia el final de esta fase también aparecen monedas romanas republicanas. A pesar de estos cambios, persistió la continuidad de muchos aspectos de esta comunidad, tanto en la ocupación de los mismos asentamientos como en sus actividades económicas y, en gran medida, en su cultura material. La escritura ibérica es otro aspecto de continuidad, documentado en el mismo contexto rupestre, pero utilizando el sistema gráfico simplificado no dual. Más allá de este contexto, hay pocos ejemplos del uso de la escritura sobre cerámica o pequeños objetos líticos, que se limita a tan solo tres piezas.
El final de esta fase está marcado por el abandono de los asentamientos en altura, lo cual coincide cronológicamente con el período de las guerras civiles romanas y los años posteriores. De hecho, recientes hallazgos sugieren la existencia de un campo de batalla de este período, lo que abre la posibilidad de que los ceretanos estuvieran directamente involucrados en los enfrentamientos entre César y Pompeyo Magno o los inmediatamente posteriores, como puede desprenderse también de las fuentes literarias que mencionan la rebelión ceretana del año 39 a.C. (D.C., XLVIII, 42, 1-4), aunque habrá que esperar al estudio de estos materiales para confirmarlo.
1.3. De la república al imperio (de mediados del s. i a.C. a la época de Augusto)
En la segunda mitad del siglo i a.C., se produjeron grandes cambios en la organización territorial de Cerdaña. Esto incluyó el reasentamiento de la población desde las colinas que rodean el llano hacia un centro urbano en Llívia, que Ptolomeo identifica como Iulia Libica (Ptol. Geog. II, 6, 68), además de en establecimientos rurales en el llano, como Roc d’Eperança o Pla de Creus[11]. Los testimonios arqueológicos de Llívia son desiguales, pero se han identificado algunas zonas residenciales, junto con el descubrimiento especialmente significativo del fórum de Iulia Libica (Guàrdia 2018 y 2021). La fundación de este complejo foral se data en la época de Augusto, cuando la tierra fue terraplenada en preparación para la construcción monumental, que incluyó un pórtico, un templo y una curia, decorados espléndidamente con elementos arquitectónicos de mármoles exóticos, además de estatuas de mármol (Carreras et al. 2021). Este hecho puede contextualizarse con construcciones monumentales similares en otras «small towns» romanas a ambos lados de los Pirineos, como Ruscino, Auso o Labitolosa.
En este período, a los ceretanos se les otorgó el ius Latii, como señala Plinio (Nat. III, 24)[12]. Una inscripción rupestre latina recientemente descubierta documenta el colegio de los quattuorviri compuesto por indígenas, lo que arroja luz sobre la incorporación política, jurídica y social de la élite local en los sistemas administrativos romanos (Ferrer et al. 2018). Esta inscripción es de especial valor por su testimonio sobre la onomástica, que examinaremos en las siguientes partes de este trabajo.
2. Epigrafía y la onomástica personal en Cerdaña
El corpus epigráfico de Cerdaña consiste casi exclusivamente en inscripciones rupestres, grabadas sobre rocas al aire libre, mayoritariamente escritas en lengua y escritura ibéricas, con unas pocas inscripciones latinas que pueden datarse en este período. Actualmente, existe un consenso general en que la mayoría de los textos probablemente tienen una función ritual o religiosa (sin descartar la presencia de algunos textos de otro tipo), ya que se encuentran fuera de las rutas principales, contienen algunos signarios ibéricos que pueden interpretarse como un uso ritual de la escritura[13], y presentan un tamaño reducido de los signos, lo que sugiere que no tenían la intención primaria de ser visibles[14]. Además, la repetición de ciertas secuencias, que podrían ser teónimos (Ferrer 2018 y 2019), y la presencia de inscripciones de tipo explícitamente religioso en época cristiana apuntan a la continuación de estos lugares como sitios de importancia religiosa.
Las inscripciones aparecen en ocho sitios diferentes (fig. 1), a menudo sobre más de una roca. Una concentración particular puede observarse en Osséja, donde se encuentra más de la mitad de las 85 inscripciones ibéricas publicadas hasta la fecha[15]. Los rasgos paleográficos de los epígrafes ibéricos indican que la escritura se desarrolló en algún momento del siglo iii a.C. (Ferrer 2023, 253-255; Ferrer & Olesti 2023, 211)[16]. Tanto el sistema de escritura complejo dual como el simplificado no dual están atestiguados (Campmajo & Ferrer 2010, 250), lo que corresponde, grosso modo, con las fases iberoceretana e iberorromana, respectivamente. Dentro de cada sistema, la paleografía es muy coherente, lo que da la impresión de una escuela de escritura local (Ferrer 2023, 253-255; Ferrer & Olesti 2023, 210-211)[17]. En nuestra opinión, esto implica que los miembros de la población local pueden considerarse los autores de la mayoría de los textos. Los individuos nominados en estas inscripciones deben por tanto ser ceretanos en su mayor parte.

Figura 1. Localización de las inscripciones rupestres de Cerdaña y de los asentamientos principales (mapa autor)
2.1. La onomástica personal ibérica
Gracias a la aparición de nombres ibéricos en inscripciones latinas, tanto en la península ibérica como en el bronce de Ascoli, la onomástica es el aspecto mejor conocido de la lengua ibérica (De Hoz 2011, 221; Velaza 2019a, 167-168). Los nombres personales ibéricos suelen consistir en dos elementos disilábicos, cada uno de los cuales puede combinarse con otros para formar nombres diferentes. También existen ejemplos de nombres más cortos (los llamados Kurtznamen, según Untermann) en los que uno de los elementos es monosilábico (MLH III.1, § 601). La cuestión de los nombres más largos, de tres elementos, se ha propuesto por algunos investigadores, aunque no hay consenso general sobre su aceptación. Como veremos, existen algunos ejemplos en Cerdaña que podrían interpretarse como nombres trimembres.
Los diversos elementos que pueden formar los antropónimos ibéricos han sido recopilados por J. Untermann (MLH III.1, § 7) y J. Rodríguez Ramos 2002 y 2014, y los nombres personales ibéricos han sido objeto de estudio por A. Faria en una larga serie de trabajos, algunos de los cuales se citan abajo. Sin embargo, como bien observó Untermann, la identificación positiva de un nombre personal ibérico dentro de una secuencia de texto en una inscripción ibérica no puede confirmarse por la presencia de un solo elemento, ya que es muy probable que los elementos que forman parte de la antroponimia también integren el léxico común de la lengua ibérica (MLH III.1, § 601). Por lo tanto, su identificación depende de la presencia de dos elementos en conjunción y dentro de un contexto que permita identificar un nombre personal.
2.2. Recopilando un corpus de nombres personales en los Pirineos orientales
Al recopilar este corpus de nombres personales, hemos seguido una metodología específica. En primer lugar, en cuanto a las fuentes, se han preferido las lecturas de las inscripciones revisadas por J. Ferrer i Jané y, en segundo lugar, las de Untermann[18]. Seguimos, por tanto, las lecturas más recientes reflejadas en el banco de datos Hesperia. Para distinguir las inscripciones que aún no han sido revisados por Ferrer i Jané, estas están marcadas con un asterisco (*) al lado de su referencia.
A continuación, siguiendo un método similar al de Untermann (MLH III.1, § 607), se han categorizado los posibles nombres personales según su probabilidad de serlo. Es decir, los nombres que aparecen en inscripciones latinas no plantean ningún problema para su identificación como tales y, por tanto, se consideran nombres personales seguros.
En el caso de los textos en escritura ibérica, la situación es mucho más complicada. Ciertamente, nuestro limitado conocimiento de esta lengua es un gran obstáculo para aislar nombres, especialmente en secuencias de signos en scriptio continua, como es el caso de muchas de las inscripciones ibéricas de la Cerdaña. En este sentido hay que tener en cuenta que muchos de los antropónimos o posibles antropónimos identificados forman parte de secuencias más largas cuya segmentación no siempre es segura.
Además, en adición al problema de que ciertos formantes ibéricos podrían corresponder a elementos léxicos, hay que tener presente que los teónimos ibéricos presentan una estructura similar a los antropónimos, lo que hace que sea difícil de distinguir unos de otros (Ferrer 2018a, 103). Un recurso que puede ayudar con la identificación de una secuencia como antropónimo (o teónimo) son los sufijos que podrían marcar la función de una secuencia. Por tanto, incluimos en el corpus los sufijos que aparecen junto con posibles antropónimos en los textos ceretanos.
Debido a los problemas con los textos en escritura ibérica, hemos dividido los posibles nombres que aparecen en estas inscripciones en dos grupos: el primero, compuesto por aquellos que contienen dos formantes antroponímicos documentados en otros textos ibéricos y latinos; y el segundo, que incluye los casos en los que falta documentación, ya sea porque consisten en dos posibles formantes donde uno o ambos carecen de paralelos, o bien porque se componen de un solo formante que podría ser parte de un antropónimo. Es importante señalar también que la búsqueda de nombres o formantes de nombres en estos textos no se limita a la lengua ibérica, sino que se consideran los de otras lenguas que verosímilmente podrían estar documentados, como el galo, que se tratarán como un conjunto aparte en la discusión.
2.3. Nombres personales en los Pirineos orientales
Nombres en inscripciones latinas (nombres personales seguros)
|
Referencia |
Nombre |
Patronímico |
Filiación |
|
Ferrer et al. 2018; Ferrer et al. 2020. |
Bella1 |
Gaisco2 |
f(ilius) |
|
Ferrer et al. 2018; Ferrer et al. 2020. |
Bella |
Bastobles3 |
f(ilius) |
|
Ferrer et al. 2018; Ferrer et al. 2020. |
Adinildir4 |
Betepe[-]5 |
[f(ilius)] |
|
Ferrer et al. 2018; Ferrer et al. 2020. |
Corneli6 |
Erdoild[ir]7 |
[f(ilius)] |
|
Ferrer et al. 2018; Ferrer et al. 2020. |
M(arcus) |
Aemilius |
— |
1 Untermann identificó bala (MLH III.1, § 7.24) y belauŕ (MLH III.1, § 7.30) como formantes de antropónimos. Para el elemento bela al inicio de secuencias, algunas de las cuales son compatibles con antropónimos, véase MLH V.2, 163-164; Ferrer et al. 2018, 178-179 y 2020, 34.
2 Ibérico kais/gais + ko. Untermann identificó kaisur (MLH III.1, § 7.66). Ferrer et al. 2018, 180 y 2020, 34 apuntan a un paralelo en Azaila (MLH E.1.372a). ko: como formante de antropónimos y no como un sufijo: MLH III.1, 203; Rodríguez Ramos 2014, n.º 88 (ko/kon). Faria 2021, 87 lo relaciona con el vasco Gaizco y propone la presencia de este nombre ibérico en el ámbito lingüístico vasco-aquitano.
3 Ibérico basto + beleś. basto: MLH III.1, § 7.28; Rodríguez Ramos 2014, n.º 29; Ferrer et al. 2018, 180 y 2020, 35. beleś: MLH III.1, § 7.31; Rodríguez Ramos 2002, 257-258 y 2014, n.º 34.
4 Ibérico adin/atin + ildir/iltir. adin: MLH III.1, § 7.19; MLH V.2, 221; Rodríguez Ramos 2002, 255 y 2014, n.º 17. ildir: MLH III.1, 7.61; Rodríguez Ramos 2002, 261 y 2014, n.º 65.
5 Ibérico bete: MLH V.2, 484; Moncunill 2010, 138; Ferrer 2013c, 130; Ferrer et al. 2018, 182. El elemento pe[-] podría ser el ibérico beŕ/ber, bel, bil, beś/bes: Ferrer et al. 2018, 183 y 2020, 36; Faria 2021, 84-85.
6 Latín Cornelius.
7 Ibérico erdo/erto + ildir/iltir? Ferrer et al. 2018, 183 y 2020, 37.
Secuencias compatibles con nombres personales en textos ibéricos (con certeza relativa)[19]
|
Referencia1 |
1er formante |
2.º formante |
Sufijo(s) (si aplicable) |
|
GI.02.02 |
suise2 |
beleś3 |
— |
|
GI.03.01a |
aŕam4 |
taŕ5 |
śu |
|
PYO.05.01 |
kebel6 |
kuŕ7 |
e |
|
PYO.05.01 |
eŕkun8 |
bas9 |
e |
|
PYO.05.05 |
belś10 |
taŕ11 |
— |
|
PYO.05.05 |
tolo12 |
ko13 |
— |
|
PYO.05.05 |
belś |
ko |
— |
|
PYO.07.03 |
tigirs14 |
adin15 |
I? |
|
PYO.07.13 |
egeŕ16 o egaŕ |
śor17 |
e |
|
PYO.07.15* |
tibai18 |
baś19 |
[-]n |
|
PYO.07.15 |
uni20 |
bas21 |
e |
|
PYO.07.17 |
tikan22 |
biuŕ23 |
— |
|
PYO.09.01 |
taŕtin24 |
beleś25 |
— |
1 Todas las referencias a las inscripciones ibéricas son las del banco de datos Hesperia si no se indica lo contrario.
2 MLH III.1, § 7.110; Rodríguez Ramos 2002, 268 y 2014, n.º 128; Moncunill 2007, 289; Campmajo & Ferrer 2010, 260.
3 MLH III.1, § 7.31. Rodríguez Ramos 2002, 257-258 y 2014, 2014, n.º 34; Moncunill 2007, 289; Campmajo & Ferrer 2010, 260.
4 No hay paralelos exactos en el ibérico, pero podría considerarse una variante de aŕan (B.36.01) y puede encontrarse en Arranes del bronce de Ascoli. Véase Panosa 2001, 515; Campmajo & Ferrer 2010, 260-261; Rodríguez Ramos 2014, n.º 10.
5 MLH III.1, § 7.115; MLH V.2, 206; Rodríguez Ramos 2002, 269 y 2014, n.º 138.
6 MLH V.2, 283; Faria 1994, 70; Ferrer 2015, 11-13. MLH V.2, 283; Faria 1994, 70; Ferrer 2015, 11-13.
7 Aparece como kuŕs: C.21.10.S1. MLH V.2, 283; Ferrer 2015, 11-13.
8 Identificable quizá en eŕkunin y eŕkubete (V.13.01), ergudo (GI.08.08) y posiblemente eŕkubaśka (GI.10.11). MLH V.2, 257; Ferrer 2015, 11-13. Para Faria 2016a, 160, eŕkunbas podría tener un origen celta (Ergumas/Ercumas, que son hipotéticos).
9 MLH III.1, § 7.27; MLH V.2, 257. Ferrer 2015, 11-13; Rodríguez Ramos 2002, 257 y 2014, n.º 30 (baś).
10 Como variante de beleś: MLH III.1, § 7.31; MLH V.2, 167; Rodríguez Ramos 2002, 257-258 y 2014, n.º 34; Moncunill 2007, 40; Campmajo & Ferrer 2010, 260. Orduña 2021, 481, nota una posible relación con la onomástica aquitana. Sobre ibérico bel(e)ś y aquitano BELEX, véase Gorrochategui 1984, 156-159.
11 MLH III.1, § 7.115. MLH V.2, 206; Rodríguez Ramos 2002, 269 y 2014, n.º 138.
12 MLH III.1, § 7.129; MLH V.2, 167; Rodríguez Ramos 2014, n.º 158 (como variante de toloŕ).
13 Como formante de antropónimos y no un sufijo: MLH III.1, § 614; Campmajo & Ferrer 2010, 260.
14 MLH III.1, § 7.126; MLH V.2, 221; Rodríguez Ramos 2002, 271 y 2014, n.º 154; Moncunill 2007, 306.
15 MLH III.1, § 7.19; MLH V.2, 221; Rodríguez Ramos 2002, 255 y 2014, n.º 17; Moncunill 2007, 306.
16 MLH V.2, 247; Rodríguez Ramos 2002, 260 y 2014, n.º 55 (ekaŕ/ekers); Moncunill 2007, 172.
17 MLH III.1, § 7.108; MLH V.2, 247; Rodríguez Ramos 2002, 268 y 2014, n.º 125; Moncunill 2007, 172.
18 MLH III.1, § 7.124 (tiba/tibas/tibaś); MLH V.2, 220; Campmajo & Untermann 1991, n.º 10; Moncunill 2007, 305.
19 MLH III.1, § 7.27; MLH V.2, 220; Campmajo & Untermann 1991, n.º 10; Rodríguez Ramos 2002, 257 y 2014, n.º 30.
20 uni: MLH III.1, § 7.139. Esta parte del texto fue revisada por Ferrer 2019, 52-53, que sugiere que unibas podría ser un teónimo.
21 MLH III.1, § 7.27; Rodríguez Ramos 2002, 257 y 2014, n.º 30.
22 MLH III.1, § 7.125; MLH V.2, 222; Rodríguez Ramos 2002, 270 y 2014, n.º 152; Moncunill 2007, 306; Ferrer 2016, 20.
23 MLH III.1, § 7.43; MLH V.2, 222; Rodríguez Ramos 2002, 259 y 2014, n.º 50; Ferrer 2016, 20.
24 MLH III.1, § 7.117; Rodríguez Ramos 2002, 269 y 2014, n.º 141; Ferrer 2024, 13-14.
25 MLH III.1, § 7.31; Rodríguez Ramos 2002, 257-258 y 2014, n.º 34; Moncunill 2007, 289; Campmajo & Ferrer 2010, 260; Ferrer 2024, 13-14.
Secuencias compatibles con nombres personales ibéricos con tres formantes consecutivos
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Referencia |
1er formante |
2.º formante |
3er formante |
Sufijo(s) (si aplicable) |
|
PYO.07.03 |
an1 |
bels2 |
ibems3 |
— |
|
PYO.07.10* |
beŕdi4 |
beŕi5 |
soŕ6 |
mi |
|
PYO.07.45 |
[-] atin7 |
bas |
taneś8 |
e |
1 MLH III.1, § 7.10. Rodríguez Ramos 2002, 254 y 2014, n.º 8; Moncunill 2007, 81.
2 Como variante de belś/beleś: MLH III.1, § 7.32; MLH V.2, 167; Rodríguez Ramos 2002, 257-258 y 2014, n.º 34; Moncunill 2007, 81; Ferrer 2018a, 109. anbels también se documenta en Ensérune (HER.02.040).
3 Untermann (Campmajo & Untermann 1991, n.º 6) lo relaciona con ben/iben (V.13.02, V.13.03). ben también aparece con bels en Bennabels en el bronce de Ascoli. Por tanto, también podría interpretarse como parte de un nombre personal. Véase Moncunill 2007, 81; Ferrer 2018a, 109.
4 Campmajo & Untermann 1991, n.º 7; Faria 1994, 69.
5 MLH III.1, § 7.34; MLH V.2, 169; Rodríguez Ramos 2002 258 y 2014, n.º 39; Moncunill 2007, 134.
6 MLH III.1, § 7.108; MLH V.2, 169; Rodríguez Ramos 2002 268 y 2014, n.º 125; Moncunill 2007, 134.
7 MLH III.1, § 7.19; Rodríguez Ramos 2002 255 y 2014, n.º 17; Ferrer 2017, 13.
8 Rodríguez Ramos 2002 269 y 2014, n.º 137; Ferrer 2017, 13; Faria 2018, 87-88 (tan + eś).
Secuencias compatibles con nombres personales (sin certeza)
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Referencia |
Nombre |
Sufijo(s) (si aplicable |
|
Ferrer et al. 2018 |
Isipallus1 |
— |
1 Los editores mencionan la posibilidad de que pudiera ser una forma deficiente del cognomen Hispallus, o un nombre ibérico que consiste en el elemento isi, que también aparece en una inscripción inédita de Ger, y quizá bela/bala (MLH III.1, § 7.24) con la transcripción del sonido consonántico /b/ como /p/ en latín (Ferrer et al. 2018, 175). Un caso semejante sería el nombre Estopeles del bronce de Ascoli, formado por los elementos esto y beleś. Sobre este cambio de fonética, véase Simón 2020a, 305.
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Referencia |
1er formante |
2.º formante |
Sufijo(s) (si aplicable) |
|
GI.02.02 |
anaie1 |
— |
— |
|
GI.02.03 |
baŕe2 |
bilos3 |
mi |
|
GI.03.02 |
aŕki4 |
uŕ5 |
— |
|
PYO.03.01 |
ekeŕ6 |
belea/beleś7 |
|
|
PYO.03.02b |
urtin8 |
biuŕ9 |
I |
|
PYO.07.01 |
bege10 |
ber11 |
e |
|
PYO.07.01 |
kele |
dake12 |
mi?13 |
|
PYO.07.03 |
oŕdin14 |
kali |
— |
|
PYO.07.03 |
belen15 |
ku16 |
— |
|
PYO.07.04* |
tiki17 |
bels(ir)18 |
(ir)? |
|
PYO.07.05* |
ataŕ19 |
— |
— |
|
PYO.07.07 |
tar20 |
tabie21 |
— |
|
PYO.07.11 |
tageŕ22 |
— |
— |
|
PYO.07.14 PYO.07.26 PYO.07.21 |
artiun23 artiun [a]rtiun |
an(er) an(er) an(er) |
(er)? (er)? (er)? |
|
PYO.07.14 PYO.07.21 |
tani24 tani |
to25 to |
— — |
|
PYO.07.14 PYO.07.21 |
katiliŕ26 katiliŕ |
— — |
— — |
|
PYO.07.14 PYO.07.21 |
atilar27 atilar |
— — |
— — |
|
PYO.07.15* |
atani28 |
|
|
|
PYO.07.16 |
urdin29 |
ta+ś30 |
— |
|
PYO.07.19 |
lei31 |
— |
— |
|
PYO.07.22 |
teleuś32 |
— |
ga |
|
PYO.07.22 |
tikir[--]+[33 |
-— |
— |
|
PYO.07.39a |
taŕbam34 |
uku35 |
— |
|
PYO.07.39b |
mbaŕ36 |
kin37 |
— |
|
PYO.07.40 |
ekoŕ38 |
— |
— |
|
PYO.07.43 |
san39 |
— |
— |
|
PYO.09.01 |
+s+n40 |
adin41 |
— |
1 Campamajo & Untermann 1991, n.º 18; Correa 1993, 103 y 108; Panosa 1999, 262; Luján 2003, 187. Comparable con anaiośareni que aparece dos veces en Ensérune (HER.02.036 y HER.02.037). Véase también, Annaius (CIL XIII 7088). Ferrer 2019 lo interpreta como un posible teónimo.
2 Compatible con el esquema antropónimo + mi. Se considera un nombre menos seguro aquí solamente por el hecho de que se espera una revisión definitiva de su lectura. Véase Ferrer 2019, 52. baŕe se atestigua en una posible estructura NP + suffix mi en Ensérune (śeŕtubaŕei, HER.02.257; ośiobaŕeni, HER.02.059) (posiblemente también ]ŕtúbare[, HER.02.183) (Ferrer 2019, 52). Pero también permite interpretaciones desde la lengua gala correspondiente al elemento -barro- o -māro- (Correa 1993, 109).
3 MLH III.1, § 7.39; Rodríguez Ramos 2002, 258-259 y 2014, n.º 45.
4 aŕki: MLH III.1, § 7.14; Rodríguez Ramos 2002, 257 y 2014, n.º 12: Ferrer 2017, 15.
5 Hay dudas sobre este elemento que tiende a aparecer al inicio de secuencias o como parte del elemento biuŕ. Al incio de secuencias, véase MLH V.2, 445. Como parte de biuŕ: MLH III.1, § 7.43. Para Faria 2018, 78-79 y 2020, 61, ur en sí sería un formante de antropónimos (también Faria 2011, 170).
6 Dudas sobre la lectura del primer elemento y el signo final del último elemento. ekeŕ: Ferrer 2015, 11; Rodríguez Ramos 2015, n.º 55 (ekaŕ/ekers).
7 MLH III.1, § 7.31; Rodríguez Ramos 2002, 257-258 y 2014, n.º 34.
8 La mayoría de los signos son de difícil lectura. urtin podría ser una variante de oŕtin: MLH III.1, § 7.95; Rodríguez Ramos 2002, 266 y 2014, n.º 109; Ferrer 2023, 255.
9 MLH III.1, § 7.43; Rodríguez Ramos 2002, 259 y 2014, n.º 50; Ferrer 2023, 255.
10 Carece de paralelos convincentes en ibérico, pero puede verse en el etnónimo Begensis del bronce de Ascoli. Una alternativa como variante de biki se ha propuesto: Campmajo & Ferrer 2010, 257. Véase también, MLH, III.1, § 7.38; MLH V.2, 159.
11 beŕ: MLH, III.1, § 7.34; MLH V.2, 159; Rodríguez Ramos 2014, n.º 39; Campmajo & Ferrer 2010, 257.
12 taker: MLH III.1, § 7.111. dake se ha relacionado con el posible verbo take que aparece en algunas inscripciones funerarias en la fórmula aŕetake: Campmajo & Ferrer 2010, 257; MLH V.2, 159.
13 El penúltimo signo no es claro, pero podría ser m, el que vendría a apoyar una interpretación de un NP + mi: Campmajo & Ferrer 2010, 257.
14 MLH III.1, § 7.95; Rodríguez Ramos 2002 266 y 2014, n.º 109; Ferrer 2018a, 107. También puede interpretarse como un sustantivo: MLH V.2, 393; Campmajo & Untermann 1991, n.º 6. El segundo elemento no tiene paralelos en la onomástica personal ibérica.
15 Belennes (bronce de Ascoli) Campmajo & Untermann 1991, 47; Faria 2000, 129 y 2007, 166-167; Moncunill 2007, 130; Rodríguez Ramos 2014, n.º 34 (beleś); Ferrer 2018a, 108.
16 Para Untermann, los casos donde ku forme parte de antropónimos no son seguros: MLH III.1, § 531; MLH V.2, 165; Orduña 2005, 71; Moncunill 2007, 225. Se asocia más con topónimos como sufijo. Si esta secuencia fuera realmente un antropónimo, ku podría ser una variante de ko, que se documenta en los llamados Kurznamen (MLH III.1 § 614).
17 La segmentación de esta secuencia no está clara. El be ante tiki podría combinar con el ti para formar beti, que se documenta en NNPP, a menudo terminando en n: MLH III.1, § 7.37; Rodríguez Ramos 2002, 258 y 2014, n.º 43. Para tiki: MLH III.1, § 7.127; Rodríguez Ramos 2002, 271 y 2014, n.º 154 (tikirs); Moncunill 2007, 259.
18 No está claro si el ir final forma parte del nombre o si es un sufijo, quizá una variante de -er. Véase Sanibelser (bronce de Ascoli); Faria 1994, 69 y 2014, 170; Moncunill 2007, 259. Para bels (beleś), ver arriba.
19 Como atan: MLH III.1, § 7.18; MLH V.2, 69; Moncunill 2007, 91; Rodríguez Ramos 2014, n.º 16. Como ata: Rodríguez Ramos 2002, 255. Esto podría ser un nombre abreviado dado que no hay un segundo elemento asociado.
20 Faria 2011, 175 y 2015, 129 dice que podría ser una forma iberizada de un nombre celta, Tartabios. El mismo investigador propone una alternativa: un nombre ibérico formado por tres elementos, lo que es incierto. Para el elemento tar: MLH III.1, § 7.115; MLH V.2, 206; Rodríguez Ramos 2002, 269 y 2014, n.º 138; Moncunill 2007, 295.
21 Faria 2007, 178.
22 Podría ser un nombre abreviado, aunque la forma exacta no tiene paralelos seguros. Podría ser una variante del elemento tegeŕ: MLH III.1, § 7.123; MLH V.2, 200; Moncunill 2007, 388.
23 El primer elemento no se documenta fuera de Cerdaña. La misma secuencia aparece en tres rocas distintas, lo que hace que Ferrer 2019 lo considere una posible divinidad. Para an en NNPP: MLH III.1, § 7.10; Rodríguez Ramos 2002, 254 y 2014, n.º 8.
24 También interpretado como un posible teónimo: Ferrer 2015, 18; Rodríguez Ramos 2014, 200 y 2020, 277. Moncunill & Velaza también ofrecen una posible segmentación tan + ito(r): MLH V.2, 205. tan: MLH III.1, § 7.113; Moncunill 2007, 294; Rodríguez Ramos 2014, n.º 135 (con reservas). tane(k): MLH III.1, § 7.114; MLH V.2, 205; Rodríguez Ramos 2014, n.º 136. tani: Faria 2004, 310; 2016a, 164; 2017, 91.
25 to: MLH III.1, § 614; Rodríguez Ramos 2002, 271 y 2014, n.º 157; Faria 2004, 310; 2016a, 164; 2017, 91. itor: MLH V.2, 205; Moncunill 2007, 294; Rodríguez Ramos 2002, 262 y 2014, n.º 70 (con reservas).
26 Untermann interpretó esto como una adaptación al ibérico de un nombre galo Catilius: Campmajo & Untermann 1991, 50; también Luján 2003, 204. Esto no sigue el modelo de adaptación de nombres no ibéricos al ibérico, que sería *katilie. Moncunill & Velaza ofrecen una interpretación desde lo ibérico: kati + il(t)iŕ: MLH V.2, 99; Moncunill 2007, 210.
27 Untermann interpretó esto como una adaptación al ibérico del nombre galo Atilla: Campmajo & Untermann 1991, n.º 9. Tanto este como el anterior son de interpretación dudosa: Campmajo & Ferrer 2010, 259; MLH V.2, 72.
28 MLH III.1, § 7.18; MLH V.2, 69; Campmajo & Untermann 1991, n.º 10; Moncunill 2007, 91; Rodríguez Ramos 2014, n.º 16. N.B. Este elemento aparece delante de otro posible nombre personal tibaibaś, pero según la lectura de Untermann, están separados por un espacio o interpunción (:) (Campmajo & Untermann 1991, n.º 10).
29 Ferrer 2020, 24, sugiere una posible relación entre este elemento y urdal o una relación con oŕtin, este último con paralelos como formante de antropónimos.
30 El signo no identificado impide su interpretación, pero posibles restauraciones son los formantes de antropónimos tan, taś y taneś.
31 Un posible nombre personal abreviado con el formante leis: Campmajo & Untermann 1991, n.º 14; MLH III.1, § 7.85; MLH V.2, 356; Rodríguez Ramos 2002, 265 y 2014, n.º 97; Moncunill 2007, 235.
32 Interpretado como un nombre de origen griego: Taradell en Abelanet 1976, 81; MLH V.2, 216. Alternativamente, como un posible teónimo: Ferrer 2019, 52.
33 Este elemento es compatible con parte de un antropónimo, pero el resto del texto es ilegible, y por tanto no puede confirmarse con seguridad. tikir: MLH III.1, § 7.126; Rodríguez Ramos 2002, 271 y 2014, n.º 154.
34 Posible variante de taŕban: MLH III.1, § 7.116; Rodríguez Ramos 2002, 269 y 2014, n.º 139; Ferrer 2022, 15.
35 uku no está documentado como tal, pero es similar a ku que aparece en belenku (PYO.07.03) como posible variante de ko: Ferrer 2022, 15. También compatible con un sufijo que combina con nombres de lugar.
36 mbaŕ: MLH III.1, § 7.137; MLH V.2, 364; Ferrer 2006, 155-156; Rodríguez Ramos 2014, n.º 170. mbaŕ también podría ser un sustantivo o un verbo.
37 En relación con kine: MLH III.1, § 7.75; Rodríguez Ramos 2014, n.º 85.
38 Posible antropónimo abreviado. Como variante de ikoŕ: MLH III.1, § 7.60; Rodríguez Ramos 2002, 261 y 2014, n.º 64. eko: Ferrer 2017, 17. O bekoŕ con la caída de la consonante al inicio: Ferrer 2017, 17.
39 Posible abreviatura de un NP. san: MLH III.1, § 7.99; Rodríguez Ramos 2002, 267 y 2014, n.º 130.
40 Ferrer 2024, 13-14.
41 MLH III.1, § 7.19; MLH V.2, 221; Rodríguez Ramos 2002, 255 y 2014, n.º 17; Ferrer 2024, 13-14.
3. Análisis y discusión
En total se han identificado 53 nombres personales diferentes o posibles nombres personales en las inscripciones rupestres de Cerdaña. De entre ellos, y contando los nombres y patronímico por separado, nueve son completamente seguros, ya que están escritos en inscripciones latinas e incluyen tanto nombres ibéricos como latinos. Los demás nombres aparecen en textos redactados en lengua y escritura ibéricas, por lo que es necesario tener cierta cautela. De estos, 16 son totalmente compatibles con antropónimos ibéricos, ya que contienen dos o tres formantes documentados en otros antropónimos ibéricos. Sin embargo, no todos pueden considerarse nombres personales sin lugar a duda, ya que permiten otras interpretaciones. Dicho esto, la gran mayoría de ellos son verosímiles nombres personales ibéricos.
Los 28 posibles antropónimos restantes son más difíciles de determinar. Dentro de este conjunto, hay algunas secuencias que probablemente son nombres personales, pero cuya interpretación se ve afectada por problemas de lectura. Otras podrían ser nombres abreviados. También se incluye una subcategoría de nombres con un aducido origen no ibérico (como anaie, katiliŕ, atilar, teleuś). Además, este conjunto incluye los formantes que carecen de una base documental sólida.
3.1. El carácter ibérico de los nombres personales de Cerdaña
Al examinar los nombres personales en las tres categorías mencionadas anteriormente, observamos que, en su gran mayoría, tienen paralelos en el corpus de onomástica ibérico, cuyos elementos formantes han sido catalogados por Untermann (MLH III.1, §7) y Rodríguez Ramos 2002 y 2014. Centrándonos únicamente en las dos primeras categorías (nombres personales seguros y probables), y dejando de lado las secuencias de tres formantes de nombres personales ibéricos, estos se ajustan a la estructura bimembre de la onomástica ibérica. Sin embargo, los nombres personales que consisten en dos elementos disilábicos son relativamente pocos: solo seis de los 17 nombres presentan esta estructura. De hecho, la mayoría de los nombres personales en Cerdaña contienen al menos un elemento monosilábico, ya sea combinado con uno disilábico (nueve ejemplares) o con otro monosilábico (cuatro ejemplares). Los elementos monosilábicos también están bien representados entre las otras categorías de nombres (los de tres elementos y los menos seguros). De este modo, existe cierta variación en el número de sílabas de los elementos formantes de nombres personales en Cerdaña, pero queda por determinar cómo se compara esto con la antroponimia ibérica en general, o en diferentes zonas del ámbito ibérico.
Además de los antropónimos de dos elementos, hay tres ejemplos en los que aparecen tres posibles formantes de nombres personales consecutivos[20]. Aunque algunos investigadores han interpretado estas secuencias como nombres de un individuo con la adición de un patronímico (p. ej. Campmajo & Untermann 1991, 49), desde nuestro punto de vista, esta interpretación no resulta satisfactoria, dado que todos los ejemplos de un idiónimo ibérico más un patronímico ibérico en inscripciones latinas contienen nombres bimembres tanto para el individuo como para su padre. En cambio, en los ejemplos de Cerdaña, uno de estos nombres debe ser forzosamente una forma abreviada. Por tanto, parece más probable que un elemento monosilábico adicional se combine con otros dos elementos para formar un nombre ligeramente más largo que la forma canónica de la onomástica personal ibérica.
La cuestión de los nombres ibéricos de tres elementos no está resuelta; algunos investigadores se inclinan claramente a favor de esta interpretación (especialmente, por ejemplo, Faria 2016b, 113-117), mientras que otros están menos seguros (por ejemplo, Moncunill et al. 2016, 270). Así, consideramos estas secuencias como posibles ejemplos de nombres personales ibéricos de tres elementos, con la reserva de que uno de los elementos en estas secuencias podría ser, en realidad, una palabra de otro tipo que también podría formar parte de antropónimos. Dentro del corpus ibérico, esto es un fenómeno poco frecuente, pero afecta particularmente a la onomástica y, por tanto, podría afectar a una amplia proporción de los nombres. También cabe mencionar que, teniendo en cuenta las variantes de los elementos usados, una de estas secuencias, anbelsibems (PYO.07.03), se ajusta al modelo de dos elementos disilábicos. En este caso, el formante monosílabo bels, probablemente una variante del más común beles, se combina con an, mientras la adición de i forma una sílaba extra en el segundo de los elementos, con bems[21].
En cuanto al carácter ibérico de la onomástica personal documentada en Cerdaña, podemos constatar que esta se mantiene a lo largo del período en cuestión. Los nombres personales ibéricos aparecen en textos que corresponden al más antiguo sistema dual de escritura ibérica nororiental, al sistema más reciente no dual, y también en una inscripción latina. Por lo tanto, parece que el predominio de la onomástica personal ibérica permaneció constante durante las distintas fases descritas anteriormente, continuando incluso bajo la ocupación militar romana y en los primeros años del principado bajo la administración romana de la comunidad. Esto podría indicar que la onomástica ibérica estaba firmemente arraigada en la cultura local, siendo casi seguramente la lengua local y coherente con otros aspectos de la cultura «ibérica» que hemos esbozado previamente, como las pautas de poblamiento, las construcciones, las fortificaciones, las jerarquías sociales, la tecnología (aunque no el torno del alfarero)[22].
3.2. Nombres de origen no ibérico en las inscripciones ibéricas de Cerdaña
En una zona supuestamente fronteriza entre Iberia y Galia, podríamos esperar encontrar testimonios de individuos de diferentes contextos lingüísticos y/o culturales, como ocurre, por ejemplo, en Ensérune, donde aparecen nombres galos e ibéricos en inscripciones ibéricas (Ruiz Darasse 2010). En cambio, en Cerdaña hay muy pocos ejemplos en los epígrafes ibéricos que se hayan atribuido a otras lenguas (dejamos de lado los nombres latinos que veremos más adelante). Estos son: teleuś, anaie, katiliŕ, atilar y tartabie[23].
El caso de teleuś podría interpretarse como un posible nombre de origen griego. En efecto, Moncunill & Velaza señalan que Τελεύς aparece en la mitología griega como padre del rey Clímeneo de Arcadia y también como nombre personal (MLH V.2, 216; LGPN V5a-20577). Sin embargo, su repetición dentro de la misma secuencia no apoya esta interpretación como antropónimo, y la relación con el elemento -ga-, que separa las dos secuencias repetidas, no está nada clara. Además, en términos históricos, hay pocas pruebas de que los griegos penetraran tan profundamente en los Pirineos, y la llegada de materiales griegos en los siglos iv-iii a.C. en cantidades minúsculas probablemente se produjo a través de intercambios aristocráticos más que como objetos de comercio. Otras consideraciones a tener en cuenta son la falta de documentación de este nombre en la epigrafía griega (solo hay un ejemplo en el LGPN de Miletoupolis, en Turquía) y que la terminación -uś, aunque poco común en ibérico, se documenta hasta tres veces en Cerdaña: sauś, lauś y, posiblemente, naikus (con la otra sibilante), lo que sugiere que podría tratarse de una palabra ibérica de otro tipo[24].
La secuencia anaie (que aparece como parte de una secuencia más larga anaieinekabin) se ha interpretado como una versión iberizada del nombre galo Annaios, que aparece dos veces sobre sendos vasos áticos en Ensérune en la secuencia anaiośarenmi (HER.02.036 y HER.02.037). Es cierto que carece de paralelos claros en ibérico, aparte de an, que puede formar parte de antropónimos ibéricos. Sin embargo, la segmentación de esta secuencia no es nada sencilla y también podría corresponder a otro tipo de palabra. De hecho, Ferrer i Jané lo interpreta como un posible teónimo debido al supuesto sufijo dativo -e (con la segmentación anaieine + ka + bin: Ferrer 2019, 52)[25].
Del mismo modo, katiliŕ y atilar también se han interpretado como nombres galos Catilius y Atilla. Sin embargo, Moncunill & Velaza han propuesto una interpretación como nombre personal ibérico para katiliŕ (MLH V.2, 99; Moncunill 2007, 210). El hecho de que katiliŕ y atilar aparezcan en dos textos idénticos también es motivo para dudar de que se trate de nombres personales, aunque sus similitudes paleográficas son notables. En todo caso, para todos los posibles antropónimos que permiten una interpretación como nombres con una atribución lingüística distinta al ibérico, no se puede afirmar con certeza que ninguno de ellos lo sea.
También podemos mencionar aquí otro antropónimo, esta vez seguro, que tiene paralelos en otra lengua. Es el caso de Gaisco que, como ya se ha señalado, tiene paralelos tanto en ibérico como en vasco-aquitano (Faria 2021, 87; Orduña e.p.). Un caso similar puede darse también con el formante bel(e)ś y BELEX en la onomástica aquitana, especialmente los nombres belśtaŕ y belśko de los que hay casos semejantes en la zona aquitana (Orduña 2021; también Gorrochategui 1984, 156-159). No obstante, dada la presencia de estos elementos en el corpus ibérico más amplio, quizá sea mejor considerarlos como ejemplos de aspectos compartidos entre las lenguas, ya sea por proximidad areal o por algún tipo de relación genética.
Finalmente, hay una serie de secuencias no incluidas en esta lista que recientemente se han interpretado como posibles nombres personales de la lengua «ligur» (Orduña, e.p.). Se trata de secuencias que terminan en -al, poco frecuente en ibérico, pero que aparece varias veces en Cerdaña, algo que también se ha interpretado como posible marcador de teónimos ibéricos. Dejando a un lado importantes cuestiones sobre la identificación de elementos lingüísticos «ligures» en el registro epigráfico, queda por ver cómo las secuencias que rodean al elemento -al en los textos de la Cerdaña pueden relacionarse con esta lengua. A falta de tales argumentos, preferimos buscar explicaciones internas en la lengua ibérica.
En resumen, los nombres de persona que podrían pertenecer a otras lenguas no parecen tener una interpretación segura y en algunos casos incluso permiten una interpretación desde la misma lengua ibérica. Eso no impide que algunos de ellos pudieran serlo, pero hay que tratarlos con cautela, teniendo en cuenta los problemas con su segmentación o los paralelos tanto con otras lenguas como en la lengua ibérica. En este sentido cabe señalar que no todo el corpus ha podido ser revisado; por tanto, podría haber errores de lectura de algunos de los textos. En todo caso, en base al corpus actual, podemos constatar que el peso de posibles nombres que pueden atribuirse a una lengua que no sea ibérico es mínimo dentro del conjunto de posibles nombres personales en Cerdaña frente a los que se adscriben a la lengua ibérica.
3.3. Cambio onomástico. Del ibérico al latín
Tenemos la suerte de contar con tres inscripciones latinas, dos de las cuales contienen nombres personales seguros y otra que podría serlo. Estos epígrafes revelan algo sobre la latinización de la onomástica personal. Todas provienen de Osséja y pueden datarse en el mismo período, gracias a la semejanza de su paleografía, en especial la forma de la letra L, que contiene un trazo adicional debajo del horizontal en su lado derecho (Ferrer et al. 2018, 174; Simón 2020a, 304). Verosímilmente, pertenecen a una etapa temprana en la latinización de la zona, después de la fundación de la ciudad romana de Iulia Libica y el establecimiento de los sistemas administrativos romanos en esta comunidad, probablemente en los últimos años a.C. o primeros d.C.
La primera de estas inscripciones corresponde a un texto que menciona los nombres de cuatro individuos identificados colectivamente (en acusativo) como un quattuorviratum, verosímilmente el colegio de magistrados de la misma Iulia Libica, ubicada a solo ocho kilómetros de este epígrafe. La estructura onomástica de los quattuorviri es la misma que se emplea para los peregrini en latín: un nombre personal seguido del patronímico, con la filiación marcada por la abreviatura f., que se identifica positivamente en el caso de los dos primeros individuos y se restaura por los editores para los otros dos en la parte de la inscripción que está dañada. Tres de los cuatro quattuorviri tienen nombres ibéricos, salvo uno (Corneli), mientras que los patronímicos de los cuatro son ibéricos.
Algunos aspectos de esta inscripción merecen atención. Primero, la estructura de los nombres es exactamente la misma que la de los nombres ibéricos que aparecen en el bronce de Ascoli (CIL I2 709), que documenta la concesión de la ciudadanía romana a jinetes auxiliares vinculados a la turma Salluitana del área de Salduie (Zaragoza). De este modo, los patronímicos ibéricos no muestran ninguna adaptación morfológica al latín (Simón 2020a, 307), mientras en la epigrafía latina de Hispania en general, suelen aparecer con marca de genitivo (Moncunill 2019; Simón 2020a, 306). La estructura de estos nombres también implica que ninguno de los quattuorviri puede identificarse positivamente como ciudadano romano.
No obstante, el caso de Corneli es más complicado, puesto que, al menos en teoría, no puede descartarse por completo que sea un ciudadano romano (Simón 2020a, 307). Sin embargo, a falta de una estructura onomástica que contenga el duo o tria nomina, más su tribu, esto no puede ser confirmado. Este punto ha sido subrayado por I. Simón, quien plantea la posibilidad de que el supuesto patronímico de Corneli podría ser, en realidad, un cognomen, dado el daño en esta parte del texto que podría haber contenido el marcador de filiación, lo que impide saber si realmente lo incluía (Simón 2020b, 57-58)[26]. La interpretación de Corneli como un nomen latino supone que o es una abreviatura de Cornelius, propuesta de Simón 2020a, 307 o que el nomen Cornelius en nominativo sufrió una neutralización bajo la influencia de la lengua materna del escritor o de la persona que dictó el texto, que presuntamente era ibérica (Ferrer et al. 2018, 177)[27]. Dicho eso, dada la naturaleza oficial de la inscripción, firmada como está por un colegio de quattuorviri, en nuestra opinión si Corneli fuera un ciudadano romano, esperaríamos que manifestara esta identidad de manera más explícita a través de al menos la adición del praenomen además del nomen gentilicium.
No menos complicado es el caso en el que se considera que Corneli no fue un ciudadano romano. Muchos investigadores han subrayado que el uso de los nomina romanos estaba estrictamente controlado para evitar la usurpación de la identidad ciudadana —y, por ende, de sus derechos y estatus— por parte de personas no ciudadanas. En consecuencia, se ha sugerido que tales casos habrían sido relativamente escasos (Mommsen 1887, 213; Alföldy 1966, 38; Dondin-Payre 2011, 14; Moncunill 2019, 138)[28]. Según este razonamiento, teniendo en cuenta que Corneli llevaba el título de quattuorviri, un magistrado local, parece muy poco probable que alguien en un puesto oficial usara un nomen romano de forma ilícita.
Sin embargo, parece que la imitación de nombres romanos sí ocurrió en ciertos casos, como en el ámbito griego (García Fernández 2015a, 112)[29]. Cabe destacar que cuando una imitación de un nombre romano aparece dentro de la fórmula onomástica peregrina (idiónimo + patronímico) no se genera confusión respecto al estatus legal del individuo (García Fernández 2015a, 111-112). Suponiendo que el nombre de Corneli sigue la misma fórmula onomástica que la de sus colegas, no podría considerarse que presente una identidad ciudadana, la cual se expresaría mediante el uso del duo o tria nomina, a pesar de que su idiónimo tenga apariencia romana. Por tanto, su nombre permite también una posible interpretación como un idiónimo ibérico derivado de un nomen romano que, al ser utilizado dentro de la formula peregrina, no implicaría necesariamente la usurpación de una identidad ciudadana.
El ejemplo de Corneli ha puesto de manifiesto la complejidad de los diferentes aspectos de la identidad que pueden reflejarse en un nombre y la dificultad de desenredar estos hilos cuando la información disponible no es suficiente para llegar a una conclusión clara. Ante estas complicaciones, y a falta de confirmación, solo podemos sugerir que Corneli era de condición latina, al igual que sus colegas, y que los cuatro podrían haber obtenido la ciudadanía romana al concluir su mandato como magistrados.
La secunda inscripción, que puede considerarse más o menos contemporánea de la anterior, se encuentra en la misma roca de Osséja. Contiene el nombre M(arcus) Aemilius, un adule[n]scens de 17 años (Ferrer et al. 2018, 174, n.º 1). La forma de esta inscripción recuerda a un texto funerario, aunque también podría corresponder a un individuo que marca su peregrinaje al sitio. En cualquier caso, este individuo podría ser identificado como un ciudadano romano, con un praenomen, Marcus, y un nomen gentilicium latino, Aemilius, estando ambos entre los más comunes en la Hispania romana (Abascal 1994, 28-29 y 67-72). La falta de cognomen no es rara en la nomenclatura ciudadana fuera de las clases aristocráticas durante los primeros años del principado.
Es importante señalar que la ausencia de elementos ibéricos significa que no podemos vincular con certeza a este individuo con la población local. Podría ser, por consiguiente, tanto de origen itálico como una persona indígena que adquirió la ciudadanía romana y adoptó un nombre latino como consecuencia. Sin embargo, estas dos inscripciones latinas nos ofrecen una visión del inicio del proceso de cambio onomástico del ibérico al latín en esta zona de los Pirineos alrededor del cambio de la era, un período de transformación social y política que también se refleja en el abandono de los asentamientos tradicionales de los ceretanos y en el auge de la ciudad romana de Iulia Libica, con su forum monumental y sus nuevas instituciones políticas. Este cambio coincide con el fin de la escritura ibérica en la región y más allá.
La última inscripción contiene el posible nombre, Isipallus, que permite una interpretación tanto de forma deficiente del cognomen Hispallus como de una adaptación al latín del nombre ibérico isi + bela/bala, como señalan sus editores (Ferrer et al. 2018, 175). Desde la perspectiva del ibérico, la consonante «p» es llamativa, ya que parece que no existía en la fonética de esa lengua. Así, reflejaría una adaptación del sonido consonántico /b/ a /p/ en latín, lo que ocurre en otros nombres adaptados del ibérico al latín (Ferrer et al. 2018, 182-183; Simón 2020a, 305), incluso en el nombre Betepe[-] en la inscripción de los quattuorviri que se encuentra en la misma roca. Dicho esto, la falta de una interpretación segura para este posible nombre hace que sea imposible evaluarlo como parte de la latinización de la onomástica personal en Cerdaña.
4. Conclusiones
Hemos observado que las inscripciones rupestres de Cerdaña contienen un gran número de nombres personales que pueden ser categorizados en tres grupos, dependiendo de la seguridad de su atestación. Casi la totalidad de estos nombres corresponde a nombres ibéricos que tienen paralelos en otras inscripciones ibéricas y latinas, mientras que las formas de algunos elementos formantes parecen ser variantes, como, por ejemplo, beleś/belś. Por otro lado, los supuestos nombres de origen no ibérico son de interpretación dudosa y, en cualquier caso, tienen muy poco peso en comparación con los nombres ibéricos documentados en Cerdaña.
El carácter ibérico de la onomástica personal muestra continuidad a lo largo de diferentes fases históricas durante unos 300 años. Este hecho es coherente con los datos arqueológicos, que reflejan diversos aspectos de la cultura ibérica desde el siglo iv a.C., combinados con la continuación de rasgos tradicionales de períodos anteriores, como el uso persistente de cerámica a mano.
Es notable, pues, que el tipo de diversidad de la onomástica personal atestiguada en lugares como Ensérune, donde personas de diferentes contextos lingüísticos y culturales coexistían, no se documente en Cerdaña. Por lo tanto, parece que las personas que inscribieron sus nombres sobre las rocas en Cerdaña pertenecían casi en su totalidad al ámbito cultural ibérico, lo que coincide con el contexto sociocultural más amplio que se desprende de los datos arqueológicos, admitiendo también la presencia de particularidades locales, tanto en la onomástica (por ejemplo, variantes locales de algunos formantes de nombres) como en la cultura local.
Finalmente, dos inscripciones latinas sugieren el inicio de los procesos de latinización en la onomástica personal y la integración de la élite local en los sistemas administrativos romanos a principios del principado. Este período marcó profundos cambios en la organización territorial de los ceretanos, el estatus jurídico de la comunidad y el establecimiento de instituciones romanas.
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[1] Avien., Ora. 549-552; St.Byz., 185, 5-6; Str. III, 4, 11; Plin., Nat. III, 24; Mart., XIII, 54; Sil., III, 357.
[2] Para una historia más completa de la investigación arqueológica en Cerdaña, véase Morera 2017; Aliaga et alii (coords.) 2021.
[3] Campmajo & Ferrer 2010, Ferrer 2013a, 2014, 2015, 2017, 2018a, 2018b, 2019, 2022, 2023, 2024.
[4] P. ej. Rodríguez Ramos 2000, 52; Ferrer 2005 y 2013b.
[5] Antes de realizar las excavaciones en el Castellot de Bolvir y el Tossal de Baltarga, durante las últimas dos décadas, se consideraba que la llegada de la cultura ibérica estaba vinculada con la llegada de los romanos. Véase, por ejemplo, Mercadal & Olesti 2005.
[6] Morera 2017, 1089; Ferrer & Olesti 2023, 207-208.
[7] Morera 2017, 455; también Pérez García 2010, 422.
[8] Campmajo 1983, 43 y 116; Morera 2017, 821 y 949; Oller et al. 2018, 36; Ferrer & Olesti 2023, 208-209.
[9] Morera 2017, 1095 y 1125; Berrocal 2021.
[10] Para Rodríguez Ramos 2021, sería algo más tarde, en el primer cuarto del s. ii a.C.
[11] Olesti & Mercadal 2021, 242; Mercadal & Aliaga 1991; Padró et al. 1989.
[12] Cerretani qui Iuliani cognominantur et qui Augustani.
[13] Velaza 2012 y 2019b; Rodríguez Ramos 2021b.
[14] Campmajo & Untermann 1986, 318; Campmajo & Ferrer 2010, 249-250; Campmajo 2012, 533.
[15] Ferrer i Jané da noticia de unas 180 inscripciones en Cerdaña. Ferrer & Olesti 2023, 209.
[16] Para Rodríguez Ramos 2021a, sería ligeramente más tarde, c. 200-175 a.C.
[17] Contra Rodríguez Ramos 2021a, y Orduña, e.p. Sobre la paleografía de este conjunto, véase Lambert 2025.
[18] Campmajo & Ferrer 2010; Ferrer 2013a, 2014, 2015, 2017, 2018b, 2020, 2022, 2023; Campmajo & Untermann 1991 y 1993.
[19] Para la transcripción de texto en escritura ibérica, seguimos las convenciones habituales: letra en negrita cursiva = escritura ibérica dual; negrita redonda = escritura ibérica no dual.
[20] Panosa 1999, 262, también considera anaieinekabin (GI.02.02) en este sentido, pero la segmentación no está clara y los posibles elementos carecen paralelos seguros. Faria 2011, 175, plantea la posibilidad de que tartabie (PYO.07.07) sea otro nombre de tres elementos.
[21] Sobre este fenómeno, véase Rodríguez Ramos 2001, 17-18.
[22] Estos no son únicos a la cultura ibérica, pero ocurren en la amplia zona donde la lengua ibérica está documentada, ámbito en el que se encuentra la zona ceretana.
[23] En este contexto, podríamos mencionar también la secuencia tanito (PYO.07.14 y PYO.07.21) que ha sido interpretada como posible teónimo, la diosa fenicia Tanit (véase nota 74). Sin embargo, como hemos mostrado antes, también permite una interpretación desde la onomástica personal ibérica.
[24] De hecho, Ferrer 2019, 52 lo interpreta como posible teónimo por su repetición.
[25] Sobre -e como posible marca del dativo, véase especialmente Orduña 2005, 228-229; Rodríguez Ramos 2017; MLH V.2, 236, todos con bibliografía adicional.
[26] También Christol 2020, 54, que nota que Corneli podría ser un descendiente de un individuo que recibió la ciudadanía romana por su servicio a Roma. En cambio, hay que señalar que sí habría lugar para el praenomen o su abreviatura, el cual está ausente.
[27] Los editores de esta inscripción también subrayan las adaptaciones fonológicas de esta inscripción y de otro texto publicado en el mismo trabajo, que son coherentes con la fonología ibérica. Sobre la adaptación de nombres de otras lenguas en ibérico, véase, por ejemplo, Correa 1993.
[28] A menudo con referencia a Suet., Claud. 25. García Fernández 2015b, 594, n.º 10 también menciona la lex Papia de peregrinis de 65 a.C.
[29] La misma autora también menciona algunos posibles casos en Hispania de nombres romanos usados por parte de no ciudadanos (García Fernández 2015a, 115).