Un vaso de plata del Museo Británico con signos ibéricos[1]

Silver bowl with Iberian signs
in the British Museum

Eugenio R. Luján, Esteban Ngomo Fernández
Universidad Complutense de Madrid

Resumen: La revisión de la epigrafía paleohispánica de la Alta Andalucía ha permitido la detección, en un cuenco de plata procedente de Córdoba conservado en el Museo Británico y conocido ya desde principios del siglo xx, de algunos signos ibéricos que nunca habían sido observados ni estudiados hasta la fecha. El análisis paleográfico y lingüístico de estos signos y la contextualización arqueológica e histórica de esta pieza permite encuadrarla dentro del conjunto de vasos de plata con inscripciones ibéricas y que forman parte de tesoros de plata del norte de Andalucía con una cronología semejante (finales del siglo ii a.C./comienzos del siglo i a.C.).

Palabras clave: ibérico, lenguas paleohispánicas, epigrafía, cuenco de plata.

Abstract: The review of Palaeo-Hispanic epigraphy from Upper Andalusia has led to the identification, on a silver bowl from Córdoba kept in the British Museum and known since the early 20th century, of several Iberian signs that had never before been observed or studied. The paleographic and linguistic analysis of these signs, together with the archaeological and historical contextualization of the piece, allows it to be placed within the group of silver vessels bearing Iberian inscriptions, which form part of silver hoards from northern Andalusia with a similar chronology (late 2nd century BCE / early 1st century BCE).

Keywords: Iberian, Palaeohispanic languages, Epigraphy, silver bowl.

Laburpena: Goi Andaluziako epigrafia paleohispanikoa berrikusi izanaren ondorioz, orain arte inoiz behatu eta aztertu ez diren ikur iberiar batzuk aurkitu dira Kordobako zilarrezko bol batean. Bol hori Britainiar Museoan kontserbatzen da, eta xx. mendearen hasieratik da ezaguna. Azterketa paleografikoa eta linguistikoa egiteak eta pieza hori arkeologiaren eta historiaren aldetik testuinguruan kokatzeak aukera eman du pieza hori inskripzio iberiarrak dituzten, Andaluziako iparraldeko zilarrezko altxorren parte diren eta antzeko kronologia duten (K.a. ii. mendearen amaiera/K.a. i. mendearen hasiera) zilarrezko edalontzien multzoan sartzeko.

Gako hitzak: iberiarra, hizkuntza paleohispanikoak, epigrafia, zilarrezko bola.

* Correspondencia a / Correspondence to: Eugenio R. Luján, Universidad Complutense de Madrid, Dpto. de Filología Clásica — erlujan@ucm.es — http://orcid.org/0000-0002-6769-3791.

Cómo citar / How to cite: Luján, Eugenio R.; Ngomo Fernández, Esteban (2026), «Un vaso de plata del Museo Británico con signos ibéricos», Veleia, 43, 155-170. (https://doi.org/10.1387/veleia.27983).

Recibido: 28 octubre 2025; aceptado: 26 noviembre 2025.

ISSN 0213-2095 - eISSN 2444-3565 / © 2026 UPV/EHU Press

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1. Introducción

Nuestra atención se vio atraída hacia este vaso en el contexto de la revisión sistemática de la epigrafía paleohispánica de la provincia de Jaén[2], que nos llevó también a estudiar otras inscripciones de la Alta Andalucía. Como tendremos ocasión de ver más en detalle posteriormente (§ 3), en esa área geográfica hay un grupo significativo de inscripciones ibéricas realizadas sobre vajilla de plata.

Entre sus colecciones, el Museo Británico alberga el llamado «tesoro de Córdoba»[3], que, más exactamente, procede de lo que en su momento eran las afueras de la ciudad, en el área del molino de Marrubial, y de cuyas piezas la página web del museo proporciona buenas fotografías. Pues bien, el examen atento de esas fotografías y, concretamente, las del vaso cuyo estudio vamos a presentar en este artículo[4], permitió a Eugenio Luján identificar en la base del vaso una marca que se correspondía con el signo ibérico ko e intuir también la existencia de algún signo más que en las fotografías parecía vislumbrarse en la parte externa de la pared del vaso. Que nosotros sepamos, nunca se había referido la existencia de tales signos en la bibliografía previa sobre el vaso y sobre el tesoro.

Tal constatación invitaba a realizar una autopsia y estudio detenido del vaso con vistas a determinar si, efectivamente, se trataba un signo ibérico y si había alguno más. La autopsia y estudio directo de la pieza pudieron ser realizadas por Esteban Ngomo Fernández el día 13 de marzo de 2025[5] y permitieron determinar con claridad que, efectivamente, sobre el vaso se habían grabado varios signos ibéricos y marcas (véase § 2).

Antes de pasar al estudio de esos signos conviene repasar la información de la que disponemos acerca del tesoro al que pertenece la pieza. Su primera publicación, incluyendo las circunstancias de su descubrimiento, se debe a Walter L. Hildburgh (1922), quien detalla que el hallazgo se produjo en 1915[6], en un terreno perteneciente a Francisco Cabrera Pozuelo[7], al que Hildburgh define como «a well-known archaeologist and a member of the local antiquarian society» y de quien él obtuvo los datos en 1916. Según estas informaciones, el hallazgo tuvo lugar al excavarse un agujero para poder meter una gran tinaja de aceite que se iba a usar en el molino de Marrubial, junto al cuartel de caballería situado en la zona y en un terreno que había sido un cementerio en época romana, a ambos lados de la vía hacia Cástulo, según la información que el mismo Cabrera proporcionó a Hildburgh.

Esas informaciones, junto con la documentación del propio Hildburgh conservada en el Museo Británico[8], han permitido recientemente a Bugella 2016, dentro de un artículo muy crítico —con toda la razón— con el papel de Hildburgh como expoliador de bienes arqueológicos[9], identificar el lugar exacto de hallazgo del tesoro[10]. Entre la documentación de Hildburgh se encuentra una carta dirigida al director del museo, G. F. Hill, fechada el 6 de febrero de 1933, en la que le indica que ha encontrado entre sus papeles un mapa en el que está marcado el lugar del hallazgo y que se lo envía adjunto a la carta. Se trata de un plano de Córdoba y, como explica Bugella 2016, 18 (y figs. 6 y 8), el punto señalado en él mediante una x queda situado tras los cuarteles de caballería de Córdoba, en el edificio que hoy alberga la Biblioteca Municipal Central, es decir, que el hallazgo procedería de lo que actualmente es el cruce entre la Avenida de Rabanales y la calle Poeta Francisco Arévalo (Bugella 2016, 18-20 y fig. 9).

Según la información que Cabrera transmitió a Hildburgh el tesoro se había enterrado sin ningún tipo de protección. De los objetos encontrados, dentro del vaso de plata del tesoro estaban las monedas y dos fragmentos de plata. De acuerdo con las informaciones que proporciona Hildburgh 1922, 166-183[11], procedentes en último término de Cabrera, el tesoro comprendería los siguientes elementos, todos ellos de plata: a) el vaso de forma cónica sobre el que vamos a centrar nuestro estudio; b) un torques; d) ocho brazaletes de diferentes tipos; e) la cabeza de un broche; f) un conjunto de unas trescientas monedas, tanto romanas como ibéricas [incluyendo celtibéricas][12]; g) una torta de plata; h) varios fragmentos: un trozo de la parte superior de un vaso, una parte de lo que parece ser una fíbula con dos cabezas de caballo, un trozo de una varilla y otros dos fragmentos más pequeños[13]. Puede verse una fotografía del conjunto (salvo las monedas) en la Figura 1.

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Figura 1. Piezas del tesoro del molino de Marrubial. (https://www.britishmuseum.org/collection/image/795764001). © The Trustees of the British Museum. Shared under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International (CC BY-NC-SA 4.0) licence

Aunque, a juzgar por las monedas que integraban el tesoro, Hildburgh se inclinaba por una datación algo posterior al 90 a.C., el conservador de Museo Británico H. Mattingly pensaba más bien en una cronología anterior al 100 a.C.[14], que es la que se suele aceptar[15]. Jenkins 1958, 57 databa la moneda más reciente en el 105 a.C. y Chaves 1996, 489 la lleva al 109-108 a.C.

En cuanto al carácter del tesoro, Hildburgh 1922, 162, seguido por otros autores, basándose en que algunos objetos ya estaban deformados o rotos cuando fueron enterrados mientras que las monedas no estaban muy gastadas (es decir, tenían mayor peso de plata), suponía que se trataba de objetos de plata reunidos por un joyero con vistas a su fundición. Sin embargo, Bugella 2016, 15 recuerda que para otros hallazgos similares se ha planteado la hipótesis de que pudiera tratarse de depósitos votivos en lugares de culto.

El tesoro fue vendido por W. L. Hildburgh al Museo Británico en 1932 y allí se custodia desde entonces, estando expuesto dentro de la Sección de Prehistoria y Arqueología Europeas (G50/dc18).

2. Estudio de los signos inscritos en el vaso

El cuenco de plata del tesoro del molino de Marrubial presenta una forma cónica con un pronunciado redondeamiento en la base y es completamente liso (véase Figura 2). El borde del cuenco es más grueso que el resto y se encuentra moldeado en la parte interior, donde una clara rotura en la base irradia en grietas que afectan prácticamente a la mitad del fondo del recipiente. El diámetro del cuenco es de 139,7 mm de borde a borde mientras que su altura es de 87,1 mm y su peso, de 231 gr. El grosor del borde es 3,4 mm mientras que la distancia desde este hasta el final de la moldura interior es de aproximadamente 9 mm en todo el perímetro de la circunferencia[16].

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Figura 2. Cuenco de plata del tesoro del molino de Marrubial (https://www.britishmuseum.org/collection/image/1166654001). © The Trustees of the British Museum. Shared under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International (CC BY-NC-SA 4.0) licence

Se constata la presencia de varios grafitos; el primero de ellos fue identificado por Eugenio Luján y se sitúa en la base externa del cuenco; parece haber sido grabado en frío y es probablemente el signo gráfico más claro de los que se han podido identificar en la pieza (véanse Figuras 3 y 4). Se trata de un silabograma ko que no llega a cerrarse del todo, cuyas dimensiones son 7 mm de altura máxima y 4 mm de anchura máxima. Creemos que se puede identificar claramente la variante paleográfica ko1 del signario ibérico nororiental según Untermann (MLH III (1), pág. 246-247) o bien el alógrafo G.17.2 de la variante gráfica meridional no dual de acuerdo con J. de Hoz (2010, 741). La presencia de este grafito en la base del recipiente, que en nuestro caso es monolítero, tiene claros paralelos en otros cuencos de plata ibéricos de la Alta Andalucía como el vaso de plata de Chiclana de Segura (Jaén) con lectura tai (BDHesp J.13.01), estudiado por Luján & López Fernández 2021a, 15-16.

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Figura 3. Fotografía de detalle del signo de la base [Esteban Ngomo Fernández]. Taken by courtesy of the Trustees of the British Museum

Forma

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Figura 4. Dibujo del signo de la base [Esteban Ngomo Fernández]

Volviendo al cuenco de plata del molino de Marrubial, tras el examen detallado de la pieza en el Museo, hemos podido detectar la existencia de un segundo grafito conformado por dos signos que se sitúan en el borde exterior del recipiente (véanse Figuras 5 y 6). El primer signo no llega a cerrarse en el trazo horizontal inferior pero sí en los dos trazos diagonales y secantes que conforman su forma triangular. Este posee una altura máxima de 4 mm y una anchura máxima de 3 mm y podría identificarse con el alógrafo tu1 del signario ibérico nororiental[17]. El segundo parece tratarse de la variante gráfica e8 y posee tres líneas diagonales cortas hacia abajo y a la derecha, la tercera de las cuales es ligeramente más larga. Estas se distribuyen paralelamente y no llegan a tocar en su inicio la línea vertical que conforma el primer trazo del signo y que es más largo que los trazos diagonales. La altura máxima es de 6 mm y su anchura máxima, de 3 mm. El sentido de escritura del grafito parece ser dextrógiro por la dirección que muestra este signo e. Este signo e, además, no existe en escritura meridional, lo que es un buen dato para poder identificar el tipo de signario utilizado, frente a la doble posibilidad de adscripción (ibérico nororiental o meridional) de otros de los signos. Ambos han sido grabados en caliente, de modo que pueden relacionarse con el momento de fabricación del vaso de plata. Así pues, la lectura del grafito sería:

tue

Imagen que contiene edificio, agua, café, parado

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Figura 5. Fotografía de detalle del grafito de dos signos cerca del borde [Esteban Ngomo Fernández]. Taken by courtesy of the Trustees of the British Museum

Imagen en blanco y negro

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Figura 6. Dibujo del grafito de dos signos cerca del borde [Esteban Ngomo Fernández]

La presencia de grafitos en el borde exterior del recipiente es común en otros cuencos de plata ibéricos como el de Santiago de la Espada (Jaén). Concretamente, el grafito realizado en el borde exterior de este vaso de plata presenta tradicionalmente la lectura aiboni o aiboniŕ (BDHesp J.05.01), aunque la alternativa aibonŕ parece más idónea a la luz del examen que hace un tiempo pudimos realizar de la pieza en cuestión (Luján, López Fernández & Ngomo 2023, 128).

Aproximadamente a 3 cm del borde exterior en dirección hacia la base del recipiente y a una distancia de cuarto de circunferencia con respecto al grafito anterior, figura un signo aislado e inciso también en caliente, al que tal vez podría otorgársele un valor gráfico (véanse Figuras 7, 8 y 11). Se trata de un grabado en forma de <T>, cuyas medidas son 4 mm tanto de alto como de ancho, y que cuenta, además, con un trazo en la parte superior derecha. Para poder interpretarlo grafemáticamente caben dos posibilidades, dependiendo de si se considera que ese trazo superior forma parte del signo o bien es un trazo adicional independiente (como sucede con el signo que analizaremos inmediatamente después). Si solo hay que tener en cuenta el signo <T> habría, a su vez, dos posibilidades. La primera es que se trate simplemente de una T latina, pues conocemos la presencia de signos ibéricos y letras latinas en otros vasos de plata de la zona, como el de Chiclana de Segura estudiado por Luján & López Fernández 2021a, en el que se lee una secuencia tai en signos ibéricos y también las letras latinas D S. La segunda posibilidad sería que se tratara de un signo en forma de T de un signario paleohispánico; sin embargo, tal signo, clasificado en su momento como 5 por Untermann por entender que debía ser un alógrafo de la tercera nasal ibérica, en realidad solo se documenta en leyendas monetales de cecas vascónicas, en la mano de Irulegi y en alguna inscripción más del área vascónica o celtibérica, por lo que difícilmente resulta esperable que aparezca en una inscripción del norte de Andalucía[18]. Si, por el contrario, consideramos que el trazo superior derecho forma parte del signo, cabría la posibilidad de que estuviéramos ante un signo ti (concretamente la variante ti2), pues, además del trazo superior derecho, se percibe en el vaso otro trazo menos marcado que continúa hacia arriba el asta central de la T y, quizá, otro trazo superior izquierdo, que podrían ser un ensayo antes de grabarlos en mayor profundidad. Esto permitiría contemplar, aunque de manera insegura, que fuese un signo <ti> que no se hubiera terminado de realizar. Sin embargo, esta opción no pasa de ser una conjetura, aunque el aspecto general de los trazos grabados más claramente parece invitar a ello.

Imagen borrosa de una rampa

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Figura 7. Fotografía de detalle del signo «T» [Esteban Ngomo Fernández]. Taken by courtesy of the Trustees of the British Museum

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Figura 8. Dibujo del signo «T» [Esteban Ngomo Fernández]

A la misma altura que el anterior, pero a una distancia aproximada de 5 cm a la izquierda, aparece otro signo aislado grabado en caliente en posición horizontal que tal vez podría identificarse con la variante 4 (véanse Figuras 9, 10 y 11). Tiene la forma de un triángulo sin trazo inferior y tumbado a derechas. Aunque existe un tercer trazo más largo que pudiera considerarse parte del signo y que discurre en diagonal hacia abajo a la derecha, este presenta una incisión menos profunda, hecha en frío, y puede interpretarse tal vez como un deterioro de la pieza, una raya. Sus medidas son 4 mm de alto y 7 mm de ancho.

Imagen que contiene tatuaje, hombre, mitad, tabla

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Figura 9. Fotografía de detalle del signo triangular [Esteban Ngomo Fernández]. Taken by courtesy of the Trustees of the British Museum

Avión volando en el cielo

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Figura 10. Dibujo del signo triangular [Esteban Ngomo Fernández]

Imagen borrosa de una rampa

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Figura 11. Fotografía de ambos signos aislados [Esteban Ngomo Fernández]. Taken by courtesy of the Trustees of the British Museum

Los últimos grafitos que se pueden observar en la pieza son dos signos aislados situados a media circunferencia de distancia con respecto al grafito con lectura tue (véanse Figuras 12, 13 y 16). El primero se ubica una vez más en el borde exterior; se trata de un signo inciso en frío que no se encuentra cerrado por su parte inferior. Sus medidas son 7 mm de alto y 6 mm de ancho y es posible identificarlo con el alógrafo a4 del signario ibérico nororiental, en el que el trazo oblicuo que cierra el signo se prolonga ligeramente hacia abajo aunque no llega a tocar, como hemos dicho, el trazo recto y vertical con el que debería converger. Alternativamente, podría tratarse de una D latina, pero esto nos parece menos probable teniendo en cuenta el resto de marcas y grafitos del vaso.

Imagen que contiene tazón, hombre, café, cerca

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Figura 12. Fotografía de detalle del signo a cerca del borde [Esteban Ngomo Fernández]. Taken by courtesy of the Trustees of the British Museum

Imagen que contiene Dibujo de ingeniería

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Figura 13. Dibujo del signo a cerca del borde [Esteban Ngomo Fernández]

El segundo grafito se encuentra a varios centímetros a la izquierda del anterior, ligeramente más bajo que este en dirección a la base del recipiente y a 1,5 o 2 cm por debajo del borde del vaso. Se trata posiblemente del alógrafo ka2; el primer trazo diagonal del signo es ligeramente cóncavo y parece grabado en caliente (véanse Figuras 14, 15 y 16). Recuérdese que esta práctica tiene como paralelo el mencionado grafito del vaso de Chiclana de Segura estudiado por Luján & López Fernández 2021a, 15. Sus medidas son 4 mm de alto y 7 mm de ancho.

Imagen borrosa de una rampa

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Figura 14. Fotografía de detalle del signo ka [Esteban Ngomo Fernández]. Taken by courtesy of the Trustees of the British Museum

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Figura 15. Dibujo del signo ka [Esteban Ngomo Fernández]

Imagen que contiene olla, tabla, florero, vidrio

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Figura 16. Fotografía de ambos signos aislados [Esteban Ngomo Fernández]. Taken by courtesy of the Trustees of the British Museum

Finalmente, en la parte interior del vaso del molino de Marrubial se ha detectado una marca compleja formada por varios trazos para la que difícilmente puede ofrecerse un valor gráfico concreto (véanse Figuras 17 y 18). Con todo, la primera parte del signo tiene la forma de una lambda y podría tratarse de un signo ka sin trazo añadido, grabado en caliente. Este se encuentra unido mediante una línea diagonal que asciende hacia la derecha, se cruza con una línea vertical y continúa en otra línea diagonal que desciende a derechas para unirse con otro posible signo ka, también grabado en caliente. La especie de ligadura que acabamos de describir, consistente en un triángulo atravesado simétricamente por una línea vertical presenta un ductus más fino, la incisión está realizada en frío y casi parece un añadido posterior, destinado a unir ambos signos ka y realizar con ellos una figura o dibujo. Teóricamente podría pensarse en una lectura kauka (o kabika en escritura meridional), pero hay que tener en cuenta que, como se desprende de nuestra descripción previa, los dos presuntos signos ka de los extremos fueron grabados con más profundidad y en caliente, mientras que el elemento central que los liga parece un añadido posterior, posiblemente grabado en frío. Así pues, la atribución de un valor grafemático a esta esta marca es muy problemática.

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Figura 17. Fotografía de detalle del signo interior [Esteban Ngomo Fernández]. Taken by courtesy of the Trustees of the British Museum

Dibujo en blanco y negro

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Figura 18. Dibujo del signo interior [Esteban Ngomo Fernández]

3. Conclusiones y contextualización

La revisión de las marcas que presenta el cuenco de plata del tesoro del molino de Marrubial permite confirmar que varias de ellas se corresponden con grafemas ibéricos. Se han podido identificar cinco monolíteros (ko, T?, mˉ, a, ka) y una secuencia de dos signos (tue), además de una marca sin valor grafemático. Además, se puede establecer que nos encontramos, específicamente, con signos de la escritura ibérica nororiental, según permiten constatar los signos para a, ko y, especialmente, los signos para y e.

Algunos de los signos parecen haber sido grabados en caliente, mientras que otros han sido grabados en frío, según se ha podido comprobar en la autopsia del objeto. Esta constatación abre interrogantes interesantes sobre la funcionalidad de estas marcas. Aquellas realizadas en el momento de la creación del objeto es más probable que tengan que ver con aspectos metrológicos o sean marcas que identifiquen el taller[19] o el artesano encargado de su realización. En cambio, para las marcas añadidas con posterioridad debemos pensar, más bien, que estén relacionadas con el propietario del objeto, con aspectos relativos a su posible comercialización o, en el caso específico de este vaso que contenía monedas y fragmentos de objetos de plata, con el valor o peso de estos. Es decir, podemos especular con usos semejantes a algunos de los documentados para los grafitos en cerámica, según las conclusiones del estudio más exhaustivo sobre las marcas realizado hasta el momento, el de López Fernández 2023, 522-527 para la ciudad ibérica de Azaila. En todo caso, estas consideraciones para los grafitos que nos ocupan no pasan de ser una mera especulación, pues ni siquiera la secuencia de dos signos se repite sobre objetos semejantes.

El vaso del tesoro del molino de Marrubial, en todo caso, viene a integrarse dentro del conjunto de vasos de plata de época romana temprana (finales del siglo ii o comienzos del siglo i a.C.), en su mayor parte integrados en tesoros, aparecidos en el sur de Hispania y que presentan inscripciones ibéricas. El conjunto fue analizado en su momento por Untermann 1996, 708-714 (y lám. VIII) y comprende en la actualidad los siguientes objetos:

a) En escritura ibérica meridional[20]:

1. Cuenco de Santiago de la Espada (J.05.01 = H.2.1), con inscripciones aibonŕ y aibonka, según las lecturas de De Hoz 2010, 405; 2011, 348 y Ngomo en Luján, López Fernández & Ngomo 2023, 128-129.

2. Vaso de plata de Santisteban del Puerto (J.02.01 = H.3.1), con secuencia kaiakatibur o, según J. de Hoz (2011, 350), aikaatibur, seguida de algunos signos más.

3. Vaso de plata del tesoro de La Alameda, en Santisteban del Puerto (J.02.02 = H.3.2).

4. Vaso de Torres (J.10.01 = H.5.1), con lectura kananike kierokían.

5. Vaso de Fuensanta de Martos (J.12.01 = H.7.1), con lectura kaśkauketiu / ś.

6. Vaso de Padrâo (CSB 1.1 = H.13.1)[21], con lectura bilosiur.

b) En escritura ibérica nororiental:

7. Vaso de El Alcornocal (CO.01.01 = H.9.1), con lectura ankisa aŕen seguida de otros signos.

8. Vaso del tesoro del molino de Marrubial, en Córdoba, con secuencia tue y varios grafitos adicionales.

Son ambiguos y, aunque parecen más bien estar en escritura nororiental, podrían ser considerados también escritura meridional:

9. Fragmento de vaso del tesoro de Perotito, Santisteban del Puerto (J.02.03 = H.3.3), con marca tai.

10. Fragmento de vaso de Chiclana de Segura (J.13.01), con marca tai (Luján & López Fernández 2021a).

c) En escritura latina[22]:

11. Vaso del tesoro de Perotito, Santisteban del Puerto (J.02.04 = H.3.4), con lectura dudosa TERCINOI EGVAN OASAI . F[

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[1] Este trabajo es resultado del proyecto de investigación «Estudios sobre el léxico paleohispánico (II)», financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (ayuda PID2023-147123NB-C41 — MICIU/AEI/ 10.13039/501100011033) y es parte de las actividades del Grupo de Investigación Consolidado «Textos epigráficos antiguos de la Península Ibérica y el Mediterráneo griego» (930750) de la Universidad Complutense de Madrid. Queremos dejar constancia de nuestra gratitud a los conservadores del Departamento «Britain, Europe and Prehistory» del British Museum y, especialmente, a su responsable, Jill Cook, y a James Baker por las facilidades y ayuda para el estudio del vaso. También queremos expresar nuestro agradecimiento a los revisores anónimos de la revista por sus comentarios y sugerencias.

[2] Que emprendimos dentro del proyecto «Corpus de epigrafía de Jaén: inscripciones ibéricas y medievales latinas (CEJIMeL)», financiado por el Instituto de Estudios Giennenses (convocatoria de 2018). Resultados de ese proyecto han sido los trabajos de Luján & López Fernández 2021a; 2021b, Luján & Ngomo 2021 y Luján, López Fernández & Ngomo 2023.

[3] N.º inv. 1932,0706.2-22.

[5] El estudio pudo llevarse a cabo durante una estancia doctoral Erasmus+ en el Departamento de Latín y Griego de University College London realizada bajo la supervisión del Prof. Stephen Colvin, a quien expresamos nuestro agradecimiento.

[6] Concretamente en el mes de enero de 1915, según la indicación que se encuentra en la nota manuscrita del propio Hildburgh conservada en el Museo Británico y publicada por Bugella 2016, 20 y fig. 10.

[7] Hildburgh solo da el primer apellido, pero el nombre completo aparece, por ejemplo, en el catálogo del Museo por De los Santos 1950, 36, 68, quien conocía bien el tema al menos desde el año 1929, al formar parte de la Comisión Provincial de Monumentos, en la que comenzó a tratarse la cuestión del tesoro desde ese año, según consta en las actas de las reuniones (Bugella 2016, 20-24). Francisco Cabrera Pozuelo donó varias piezas que se conservan en el Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba, concretamente una herma romana (n.º inv. DO000017/33) y dos urnas cinerarias (n.º inv. DO000017/36 y /37), según los datos disponibles en CERES (https://ceres.mcu.es/pages/ResultSearch?txtSimpleSearch=Donaci%F3n%20de%3Cb%3E%20Francisco%20Cabrera%20%3C/b%3EPozuelo&simpleSearch=0&hipertextSearch=1&search=simpleSelection&MuseumsSearch=&MuseumsRolSearch=15&listaMuseos=null).

[8] Dentro del expediente 1932,0706.1-22, según la información de Bugella 2016, 17 y n.15.

[9] Sobre la figura de Walter Leo Hildburgh (1876-1955), norteamericano que acabó afincándose en Londres y que, además de aficionado a las antigüedades, fue patinador y nadador, remitimos a la información disponible en la web de Museo Británico (https://www.britishmuseum.org/collection/term/BIOG58789), al que vendió o donó más de mil piezas, y a los datos que proporciona Bugella 2016, 15-16.

[10] Véase también la entrada de F. Suárez en el blog de la web «Denarios ibéricos»: https://denariosibericos.com/2017/03/16/tesorillo-del-molino-del-marrubial-de-cordoba/

[11] Véase también Raddatz 1969, 208-210 (y láminas 5-6), De la Banderea 1996, 630-632 y Bugella 2016, 13 para el catálogo de objetos.

[12] Hildburgh 1922, 182-183 dice que ha enviado 317 ½ monedas al Museo Británico para su examen y que, según Cabrera, solo faltaría de las halladas originalmente en torno a una docena, que habrían estado repetidas. Entre las monedas entregadas, de acuerdo con el análisis de E. S. G. Robinson, del Museo Británico, habría algunos «intrusos», que, según Hildburgh, podrían explicarse por la mezcla de monedas de varias procedencias en la colección de Cabrera. Bugella 2016, 26 recuerda con razón la llamada de atención de Arévalo 1996, 57 sobre el hecho de que el número de monedas romanas e ibéricas en el tesoro no coincide en los estudios que se han dedicado al mismo. Informaciones relevantes al respecto se encuentran en los trabajos de Jenkins 1958, Crawford 1969 y Chaves 1996, 93-104.

[13] Véase Smith 1933 para una nota sobre el proceso de restauración de los objetos, con una fotografía que permite comparar su estado tras la restauración con el estado en que fueron encontrados según las fotografías del artículo de Hildburgh 1922.

[14] Véanse las citas de Hildburgh 1922, 162 y 183-184 a los informes de Mattingly y el propio artículo de Mattingly 1925, 395-396.

[15] Villaronga 1993, 40-41 clasifica el tesoro entre los que se fechan entre finales del siglo ii y el 98-94 a.C. En función de esas fechas, Mattingly 1925, 396 relacionaba el enterramiento del tesoro con las incursiones de los teutones procedentes de la Galia en el año 105-104 a.C.

[16] Todas las medidas han sido cotejadas en la autopsia con las que proporciona el propio museo en su web, excepto el peso. La distancia desde el borde hasta la moldura interior se facilita únicamente en esta contribución y ha sido tomada en la autopsia. Para más información, véase: https://www.britishmuseum.org/collection/object/H_1932-0706-20?selectedImageId=1166657001

[17] Cuando no ofrecemos referencia a otra obra, la identificación de las variantes corresponde a las establecidas por Untermann para el signario ibérico nororiental en la tabla 1 de MLH III (1), págs. 245-247.

[18] Para más información en torno al valor fónico del polémico signo T en ibérico y en vascónico, véase: Gorrochategui & Velaza 2023, 499-500; Ferrer i Jané 2018; Orduña 2018.

[19] Como indican Untermann 1996, 710-711 y Luján & López Fernández 2021a, 18, esta posibilidad resulta verosímil para los vasos del tesoro de Perotito, en Santisteban del Puerto (J.02.03 = H.3.3) y Chiclana de Segura (Luján & López Fernández 2021a, con referencias a las publicaciones anteriores), que presentan la misma secuencia tai y se documentan en localidades cercanas.

[20] Curiosamente, como ya señaló Untermann 1996, 708-709, en todos los casos, excepto el hallado en la Beira Baixa, la escritura es dextrorsa, cuando lo más frecuente en la escritura meridional es que sea sinistrorsa.

[21] Aunque por su lugar de hallazgo no parecería corresponder a este conjunto, sin embargo, la utilización de la escritura meridional y la tipología del vaso invitan a incluirlo en él, en la idea de que, al tratarse de un objeto de lujo, habría viajado hasta allí desde su lugar de fabricación. Véase Raddatz 1969, 280 y Untermann 1996, 713.

[22] Debe descartarse del corpus de inscripciones ibéricas la inscripción sobre otro vaso de Santisteban del Puerto en la que se había leído PILVAN RATIA, pues, en realidad, lo que se lee es Siluano te (g)ratia, por lo que se trata de una inscripción latina (Luján & López Fernández 2021b).