Introducción.
La
amicitia femenina: utilidad,
simpatía y empatía

Foreword. Female amicitia:
usefulness, sympathy and empathy

Leire Lizarzategui Elu
Radboud University - Universidad del País Vasco (UPV/EHU)

Resumen: Este dosier examina la amicitia femenina en la Antigüedad grecorromana con el propósito de cuestionar el tópico historiográfico de la enemistad inherente entre mujeres y de visibilizar sus vínculos de colaboración. Este prejuicio cuenta entre sus múltiples paternidades a la obra De amicitia de Cicerón, recogida y repetida por múltiples autores a lo largo de los siglos. El arpinate identificaba como amistades sinceras únicamente aquellas en las que convivían vínculos de empatía, simpatía y utilidad que, a su modo de ver, solo se podían establecer entre hombres de las élites. No obstante, a partir del análisis de las fuentes, los artículos de este volumen argumentan que las mujeres de la Antigüedad establecieron relaciones de amistad de distinto grado, tanto entre ellas como con hombres, y con objetivos diversos, en los que se aprecian uno o varios de esos vínculos, aunque adaptados a sus propias necesidades y condicionamientos sociales. Este trabajo invita a reconsiderar la amistad femenina como un fenómeno complejo, diverso y fundamental para comprender la interacción social en el mundo antiguo.

Palabras clave: amicitia, perspectiva de género, philia, matronas, redes.

Abstract: This dossier examines female amicitia in Greco-Roman antiquity with the aim of challenging the historiographical cliché of inherent enmity between women, and highlighting, instead, their collaborative ties. This prejudice has multiple origins, among which Cicero’s work De amicitia is one of the most notable examples, because it has been cited and repeated by numerous authors over the centuries. The arpinate identified as sincere friendships only those in which there were bonds of empathy, sympathy and utility; but, in his view, those bonds could only be established between men of the elites. However, based on an analysis of the sources, the articles in this volume argue that women in antiquity established friendships of varying degrees, both among themselves and with men, and with different objectives, in which one or more of these bonds can be seen, albeit adapted to their own needs and social constraints. This publication invites to reconsider female friendship as a complex, diverse phenomenon that is fundamental to understanding social interaction in the ancient world.

Keywords: amicitia, gender perspective, philia, matronae, networks.

Laburpena: Txosten honetan, Antzinate greko-erromatarreko emakumeen amicitia aztertzen da, emakumeen arteko etsaitasuna berezkoa dela dioen topiko historiografikoa zalantzan jartzeko eta haien arteko lankidetza-loturak agerian jartzeko. Aurreiritzi horrek aitatasun ugari ditu, besteak beste, Zizeronen De amicitia lana, egile ugarik mendeetan zehar jaso eta errepikatu dutena. Arpinoko politikari eta hizlariaren arabera, enpatia, begikotasuna eta onura elkartzen zituztenak bakarrik ziren benetako adiskidetasunak, eta, haren ustez, eliteetako gizonen artean bakarrik ezar zitezkeen adiskidetasun-harreman horiek. Hala ere, iturrien azterketetatik abiatuta, liburuki honetako artikuluetan argudiatzen da Antzinateko emakumeek maila desberdineko adiskidetasun-harremanak ezarri zituztela, bai beren artean, bai gizonekin, eta helburu desberdinekin. Helburuetan lotura horietako bat edo batzuk ikus daitezke, baina emakumeen premietara eta baldintza sozialetara egokituta. Lan honek emakumeen adiskidetasuna Antzinateko munduko gizarte-elkarrekintza ulertzeko oinarrizkoa den fenomeno korapilatsu eta askotariko gisa berraztertzera bultzatzen du.

Gako hitzak: amicitia, genero-ikuspegia, philia, emaginak, loturak.

* Correspondencia a / Correspondence to: Leire Lizarzategui Elu, Radboud University - Universidad del País Vasco (UPV/EHU) — leire.lizarzategui@ehu.eus — http://orcid.org/0000-0002-3697-3598.

Cómo citar / How to cite: Lizarzategui Elu, Leire (2026), «Introducción. La amicitia femenina: utilidad, simpatía y empatía», Veleia, 43, 2-10. (https://doi.org/10.1387/veleia.28103).

Recibido: 3 diciembre 2025; aceptado: 11 diciembre 2025.

ISSN 0213-2095 - eISSN 2444-3565 / © 2026 UPV/EHU Press

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El presente dosier recoge varios de los artículos presentados en el seminario internacional La amistad femenina en la Antigüedad: colaboración frente a competición celebrado en Vitoria-Gasteiz en abril de 2024, en el marco del proyecto de investigación Amigas y aliadas de Roma II: la intermediación femenina en la práctica política y diplomática romana (MICINN: PID2019-108811BGI00), y organizado por miembros del Departamento de Estudios Clásicos de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). El objetivo de esta reunión científica era cuestionar el extendido tópico de la enemistad femenina y analizar los vínculos de amistad de las mujeres en la Antigüedad desde los presupuestos de la colaboración.

La amistad fue un tema recurrente de interés para los autores grecorromanos, y contamos con numerosas reflexiones filosóficas al respecto en la obra Lisis de Platón y en la Ética para Nicómaco de Aristóteles, así como en el De amicitia de Cicerón o en las historias ejemplares de Valerio Máximo. A su vez, este tema también ocupaba un lugar predominante en las obras de teatro (especialmente en comedias como las de Aristófanes, Plauto o Terencio) y en las fuentes epistolares y epigráficas. La historiografía moderna se ha hecho eco de este interés, y son numerosos los trabajos que analizan el concepto de la amistad en el mundo grecorromano[1]. Sin embargo, la mayoría de los trabajos académicos prestan escasa atención a las mujeres en el estudio de estas conexiones, obviando que las fuentes atestiguan multitud de amistades femeninas y mixtas. Una notable excepción es el libro Reading Roman Friendship de Craig Williams, que analiza el concepto de la amicitia romana desde una perspectiva de género, fundamentando su análisis en fuentes tanto literarias como epigráficas. En esa misma línea, este dosier busca contribuir a ampliar nuestro conocimiento sobre la amistad en la Antigüedad. Con este fin, las autoras que contribuyen a este número analizan distintos casos de amistad y colaboración en el que las mujeres tuvieron un rol relevante, incidiendo en los distintos vínculos que establecían, y en su capacidad de provocar un impacto en las sociedades en las que vivieron.

La amistad femenina

A pesar de la abundancia de fuentes y de los múltiples trabajos que han tratado el tema, el concepto de la amistad en la Antigüedad no cuenta con una definición clara, y parece que ya entonces resultaba difícil de acotar. Por ejemplo, el Digesto de Justiniano (50.16.223, citando las sententiae de Paulo) alerta sobre la necesidad de restringir a quién otorgar el apelativo de amigo (amicos appellare debemus non levi notitia coniunctos, sed quibus fuerint in iura cum patre familias honestis familiaritatis quasita rationibus), una precaución que resultaría innecesaria si el término no abarcase relaciones muy diversas, tanto en el grado de proximidad entre las personas implicadas[2], como en los objetivos deseados. Ante la frustración que puede generar este problema metodológico, resulta pertinente recordar las palabras de Michael Peachin en la introducción del volumen Aspects of Friendship in the Graeco-Roman World:

«Perhaps, in the end, it would be best to presume what seems logical, namely, that there were many relationships among the Greeks and Romans which we would readily recognized as proper friendships. Simultaneously, however, there were many interpersonal bonds, which could be labelled with the words amicitia or φιλíα, but which we would not find particularly friendly[3]»

Ampliar el análisis para incluir la perspectiva de género en nuestra reflexión cumple con la necesaria labor de complicar todavía más estos esfuerzos de acotar y definir la amistad en la Antigüedad. Parte del problema proviene del intento de aplicar las mismas definiciones a la terminología común, porque, como ocurre con varios vocablos modernos, la misma palabra podía tener connotaciones diferentes expresada en masculino o en femenino. Así se puede observar en el pro Caelio de Cicerón (Cael. 32), donde el orador describe a Clodia como omnes semper amicam a sabiendas de que, dirigido a una mujer, el término amica conllevaba un conveniente double entendre que permitía insinuar su promiscuidad. De hecho, Williams 2012, 80-84 observa que en las relaciones de amistad entre mujeres y hombres a menudo se recurría a términos alternativos, como familiaris, para evitar las posibles connotaciones sexuales que la palabra amica podía tener en este contexto.

Las disertaciones de los autores antiguos confirman lo que los problemas terminológicos sugieren: la amistad, en su forma más abstracta y perfecta, era concebida, exclusivamente, desde un punto de vista masculino y elitista (Foge 2009, 77-87). La obra ciceroniana De Amicitia, que tuvo un gran impacto tanto en su época como en la revisitación cristiana del concepto, presenta la amistad como una relación compartida entre hombres buenos (nisi in bonis amicitiam esse non posse)[4] y de disposición similar (nihil esse quod ad se rem ullam tam illiciat et tam trahat quam ad amicitiam similitudo)[5]. Las mujeres apenas se mencionan en esta obra, y la única referencia directa a su implicación en las relaciones de amistad es una comparación despectiva (Cic. Am. 46), utilizada por el orador para apoyar su afirmación de que existían dos formas de amicitia (Cic. Am. 22). Una vulgar (volgari aut de mediocri), sostenida únicamente por el interés propio y la búsqueda de favores; la otra, una forma sincera de amor (vera et perfecta), en la que el intercambio mutuo de favores era una conveniencia bienvenida, y no el objetivo primordial. Esta teorización fue recogida por varios autores modernos como Shakespeare[6] o Montaigne[7], y a través de ellos han sobrevivido, hasta tiempos muy recientes, prejuicios que asumían una tendencia a la enemistad entre las mujeres, y que ponían en cuestión que mujeres y hombres pudieran compartir una amistad sincera. Por elegir solo dos ejemplos de gran calado popular, Margaret Mitchell describe a la protagonista de su novela, Scarlett O’Hara, indicando que esta veía como rivales (natural enemies in pursuit of the same prey — man) a todas las mujeres incluidas sus hermanas, contando a su madre como la única salvedad a esa regla; y en 1994 el capítulo The one with the blackout de Friends popularizó el término friendzone, que apunta a las complicaciones derivadas de mantener una amistad cuando una de las partes siente un deseo sexual por la otra. En ambos casos la amistad resultaba incompatible con el que se asumía como el objetivo prioritario de cualquier mujer.

No obstante, a pesar del largo recorrido que estos prejuicios han tenido, el conjunto de las fuentes antiguas contradice la postura de Cicerón y sus sucesores. En ellas vemos a las mujeres entablar los tres vínculos que, según el orador, convivían en la forma más perfecta de la amistad: el de la utilidad, la simpatía, y la empatía. En las relaciones femeninas, estos vínculos no son necesariamente excluyentes, pero tampoco derivan uno de otro de forma inevitable como sugiere el Arpinate. Las fuentes mencionan ejemplos de todo tipo, aunque los casos ligados con la utilidad (petición de favores, principalmente) son los más frecuentes. Esta descompensación se repite en el caso de los hombres, aunque para el estudio de las mujeres y la amicitia resulta un dato especialmente interesante, dado que relaciona a las romanas prioritariamente con vínculos cuyo objetivo era buscar un beneficio social, económico o político. Por supuesto, debemos achacar esta particularidad a los sesgos que influyeron tanto en la escritura como en la supervivencia de las fuentes. Los temas y las prácticas que afectaban a la comunidad en su conjunto recibían, habitualmente, mayor atención que el desarrollo de las relaciones entre sujetos privados. Aun así, el considerable número de fuentes que relaciona a las romanas con el trueque de favores contribuye a desafiar el ideal maniqueo de mujer hogareña y tejedora de lana, excluida de los asuntos de la ciudad[8].

Encontramos la mención más antigua de una red de amicitia femenina en Cistellaria, una comedia escrita por Plauto a finales del siglo iii a. C., que solo se conserva parcialmente. La obra comienza con un grupo de prostitutas que se lamentan de no estar tan bien organizadas como las matronae de las familias poderosas (Pl. Cis. 24-37), y apuntan a la coexistencia e interconexión de redes de amicitia compuestas por mujeres de diferentes extractos sociales. Se mencionan tres niveles diferentes: las redes entre prostitutas (extensibles, quizás, a mujeres de muchas otras profesiones[9]), que los personajes desearían ver reforzadas; las redes entre ellas y las matronae, de las que se resienten por su carácter jerárquico, a la par que necesario; y, por último, las redes de amicitia entre las mujeres de alto rango, que desearían imitar debido a su eficacia. Basándonos únicamente en este texto, es difícil saber cuál era la extensión de esas redes femeninas y cuán diversos podían ser cada uno de esos grupos. En cualquier caso, la importancia de la domus de la mujer de mayor rango como epicentro para el trueque de favores que menciona el texto apunta a que las mujeres también compartían redes sociales con jerarquías internas, y en las cuales el término amicitia podía hacer referencia a relaciones desiguales en distinto grado[10].

Estas redes femeninas basadas en la reciprocidad imitaban los objetivos de la relación patrón-cliente, y se interconectaban con las redes masculinas, aunque presentaban algunas diferencias en su articulación y funcionamiento porque adaptaban sus prácticas a necesidades propias y a las limitaciones impuestas por su sociedad. Entre las diferencias destaca que muchas de estas interacciones entre mujeres buscaban la intermediación en un problema, más que la concesión de un favor de forma directa. A menudo, las peticiones seguían un mismo patrón estructurado en tres pasos (Lizarzategui 2022, 53-70):

1. Una mujer (o un grupo de mujeres con un objetivo común) que necesitaba ayuda identificaba a la matrona que, gracias a sus conexiones, podría estar en mejor posición para mediar a su favor, y visitaba su casa.

2. Allí era recibida (o no), y se le mostraba un nivel de cortesía acorde a su estatus. En ese momento, la invitada tenía la oportunidad de explicar su situación y el tipo de ayuda que necesitaba, una petición que terminaba suplicando la intermediación de la mujer de mayor rango.

3. Después de que la solicitante se marchara, y si lo consideraba oportuno, la anfitriona intentaba convencer a un pariente masculino que contara con una posición relevante con respecto al asunto que se le había planteado para que actuara en interés de su amica.

La misma estructura de recepción se repite en la mayoría de las relaciones femeninas. Podemos observarla más claramente en aquellos casos en los que las matronas en cuestión no compartían un fuerte vínculo, o incluso entre aquellas que no se conocían con anterioridad. El ejemplo más paradigmático lo encontramos en la obra de Tito Livio, en el relato correspondiente a las interrogaciones relacionadas con la investigación de los ritos báquicos (Liv. 39.11-14). Pero también podemos apreciar menciones más escuetas a la misma estructura en los casos donde ambas mujeres se conocían. Las cartas de Cicerón (Fam. 4.1) mencionan un caso ilustrativo, en el que Cornelia, esposa de Publio Sestio, acude a ver a Terencia, esposa del orador, con la intención de solucionar un malentendido entre sus respectivos maridos, que también eran amigos. La comparación de ambas fuentes indica que la comunicación de estas redes femeninas estaba estandarizada, pero los protocolos de recepción variaban dependiendo de la posición social del visitante y de la proximidad entre ambas mujeres. Ello sugiere que, a pesar de estar infrarrepresentados en las fuentes, los vínculos de simpatía y empatía de las mujeres son fundamentales para entender sus redes y prácticas en relación a la amicitia.

El de la simpatía es, precisamente, el vínculo que más relacionamos hoy en día con la amistad. Desde Don Quijote a Thelma y Louise, el tópico de dos personas de personalidades diferentes, que sienten un afecto espontaneo por la otra, y se embarcan en un viaje (literal o metafórico) de transformación mutua ha sido repetido en infinidad de ocasiones en la ficción occidental moderna. Sin embargo, es la conexión más difícil de acotar en las fuentes antiguas, porque no siempre es posible discriminarla de la utilidad y, sobre todo, la empatía. Las fuentes teatrales, por ejemplo, mencionan con frecuencia a mujeres que buscan el apoyo emocional de sus amigas (podemos encontrar referencias a estas conexiones en los artículos de María José García Soler y Carmen Ruíz Vivas), pero intereses comunes y la identificación de vulnerabilidades compartidas a menudo convergen también en esas relaciones. Resultan, por lo tanto, limitadas para analizar el vínculo de la simpatía entre mujeres y, sin embargo, son ejemplares para observar la convivencia de las tres formas de ataduras emocionales que mencionaba Cicerón también en la amicitia femenina. En comparación, las fuentes epistolares ofrecen ejemplos más claros, especialmente en aquellos casos en los que son utilizadas únicamente para transmitir información privada, de gran transcendencia solo para las personas próximas, como pueden ser las menciones a placeres e intereses culturales compartidos (María Teresa Muñoz García de Iturrospe analiza en profundidad uno de los casos mejor documentados), invitaciones a cenas, actos culturales y celebraciones (Cic. Att. 22; Plin. Ep. 5.4), etc. Aunque las cartas, muchas veces, ofrecen información muy puntual y descontextualizada, un problema similar al que presentan las inscripciones funerarias, que eran utilizadas habitualmente para honrar la amistad compartida en vida (Williams 2012, 96-115), pero recurriendo a fórmulas estandarizadas que no permiten descifrar por completo los términos en los que se desarrolló esa amistad.

La empatía, o el sentimiento de identificación, aparece en la reflexión ciceroniana como el punto de partida del resto de vínculos. Para el orador se trata de la causa original que abre paso a la simpatía y permite la colaboración en los aspectos más pragmáticos de la relación. Sin embargo, esta conceptualización evidencia que la suya es una aproximación elitista a este tema. En efecto, la empatía a menudo forma parte de los lazos entre amigos próximos, pero en grupos vulnerables es frecuente que este vínculo se establezca (en ocasiones de forma efímera) también entre personas sin ningún contacto previo, por el simple expediente de comprender los matices de una forma de opresión compartida. En el caso de las mujeres es habitual encontrar referencias a conexiones fundamentadas principalmente en la empatía cuando las fuentes tratan cuestiones como el parto, el aborto o la violación. Es decir, en escenarios que implicaban un dolor físico y emocional al que las mujeres estaban más expuestas, y que acarreaban un estigma cultural que complicaba expresarse libre y cómodamente[11]. No es sorprendente, por lo tanto, que uno de los mejores ejemplos de empatía entre mujeres lo encontremos en el tratado ginecológico de Sorano de Éfeso. Especialmente su enumeración de las virtudes de la partera ideal evidencia que era habitual en mujeres que apenas se conocían, y que solo tendrían contacto durante un lapso relativamente corto de tiempo, desarrollar una conexión profunda movidas por las circunstancias:

«Consideramos como la mejor comadrona solo a la que está instruida en todas las formas de sanación […]. Sin embargo, no es necesario, como indican algunos, que ella misma haya dado antes a luz para que la experiencia del dolor haga que trate con compasión a las parturientas; se compadecerá incluso más que las que han dado a luz aquella a quien tal cosa no le ha ocurrido. […] También debe procurar mantener las manos suaves, evitando trabajar la lana, y además, si no las tuviera tersas por naturaleza, utilizará ungüentos para suavizarlas. Así debe ser, en efecto, la excelente partera». (Sor. Gyn.1.4)[12].

En efecto, existieron casos de enemistad y confrontación entre las mujeres en la Antigüedad. Pero el estereotipo de que esta era la relación que las mujeres adoptaban por defecto para relacionarse entre ellas proviene de una visión reduccionista y excluyente de la amistad, que simplificaba el concepto a la experiencia de los hombres de las familias dirigentes, y negaba a cualquier otro grupo la posibilidad de mantener una conexión similar. No obstante, las fuentes antiguas, especialmente aquellas que no teorizan sobre la amistad, sino que muestran ejemplos cotidianos de la misma, atestiguan numerosos casos en los que las mujeres establecieron lazos basados en la utilidad, la simpatía y la empatía, propios de la amistad. Estas conexiones replican varias de las prácticas existentes en las relaciones masculinas, pero muchas veces presentan matices únicos que indican un esfuerzo consciente para adaptar los usos a sus necesidades. A este respecto quedan todavía muchas preguntas por responder: ¿en qué contextos colaboraban las mujeres? ¿hasta qué punto replicaban sus redes las dinámicas de las interacciones masculinas? ¿cómo afectó su colaboración a la actividad política y al desarrollo espacial de las ciudades? ¿cómo evolucionó el concepto de amistad en relación a las mujeres? ¿y cómo se adaptaron estas relaciones a los cambios filosóficos provocados por los nuevos contextos religiosos y culturales? Los artículos recogidos en este volumen abordan estas cuestiones en un esfuerzo colaborativo por ampliar nuestro conocimiento sobre la implicación de las mujeres en las relaciones de amistad de la Antigüedad.

Aportaciones

El dosier está compuesto por seis artículos redactados por historiadoras de proyección internacional. Los tres primeros exploran los matices de los vínculos femeninos en diferentes ámbitos geográficos y cronológicos, y los tres siguientes analizan casos de colaboración femenina en contextos sociopolíticos específicos como la guerra, la diplomacia.

Maria José García Soler reconsidera la obra Lisístrata de Aristófanes desde el prisma de la colaboración femenina. En el contexto de la larga guerra del Peloponeso, la obra muestra, a través de la comedia, la capacidad colaborativa de las mujeres atenienses destacando el hecho de que ellas sean capaces de entablar un acuerdo de carácter panhelénico con mujeres espartanas, corintias y beocias a fin de aunarlas en su huelga, mientras que los hombres se muestran incapaces de poner fin a la guerra. Las menciones a las relaciones exclusivamente femeninas son frecuentes y variadas, aunque, como hace notar la autora, el texto también establece límites a la empatía entre las mujeres de distinta edad o estatus social. A su vez, las carencias que la huelga causa en los maridos (más allá de la respuesta fisiológica) destaca los vínculos de compañerismo que podrían existir dentro de la pareja.

Carmen Ruiz Vivas cuestiona el estereotipo de la enemistad femenina que de forma recurrente y utilizando tópicos maniqueos repitieron las fuentes literarias de la Antigüedad. Estas fuentes, escritas casi exclusivamente por hombres, naturalizaban la competitividad femenina, asumiendo que las mujeres siempre priorizaban buscar el favor masculino. Sin embargo, existen numerosos casos en los que las mujeres romanas buscaron apoyos entre sí. La autora se centra en el análisis de las fuentes materiales, especialmente en la iconografía relacionada con la dextrarum iunctio, para comprender cómo adoptaron las mujeres romanas estos símbolos relacionados con la concordia para representase en relación a otras mujeres y celebrar su vínculo de sororidad.

María Teresa Muñoz García de Iturrospe destaca el valor de las fuentes epistolares para estudiar los intercambios y la colaboración entre las amistades. Este artículo analiza las relaciones amistosas de Jerónimo con la aristócrata Marcela y otras mujeres de su entorno, en las que eran ellas las que adoptaban la posición de patrona. El análisis de las interesantes dinámicas que muestra su correspondencia va acompañado de una reflexión sobre la evolución de algunos de los prejuicios que los autores clásicos expresaron a propósito de las relaciones de amistad entre mujeres y hombres, y en particular de la adaptación de estos pensamientos al marco de la doctrina cristiana.

Maddi Izaguirre analiza la colaboración femenina en los conflictos armados, aproximándose al tema a través de cómo las representan las fuentes literarias grecorromanas. La autora distingue tres formas principales en las que las matronas contribuyeron a la salvaguarda de sus comunidades: la participación, directa e indirecta en el combate; la protección simbólica a través de su actuación colectiva en las prácticas religiosas; y la oferta de diferentes formas de apoyo logístico, que abarcaba desde la donación de sus joyas a la mediación diplomática.

Cyrielle Landrea estudia el rol central que Dionisio de Halicarnaso y Plutarco atribuyen a Valeria (la hermana del difunto cónsul Publícola) en la embajada femenina que frenó el ataque de Coriolano. A diferencia de la madre y la esposa del general, en estas versiones la labor de Valeria destaca en el momento previo a la embajada, cuando trata de fomentar la colaboración entre las matronae, primero para convencer a Veturia y Volumnia de ayudarlas, y después para acudir todas juntas al campamento enemigo. Estas fuentes adoptan una narrativa claramente favorable a la gens Valeria, y también ofrecen detalles valiosos sobre los espacios y las estrategias de comunicación más relevantes en los esfuerzos de colaboración de las romanas.

Francesco Carriere estudia el fenómeno de la colaboración diplomática de las reinas aliadas de Roma con la casa imperial, centrándose específicamente en el caso de la reina Pitodoris. Gracias a las alianzas matrimoniales que estableció con las élites locales y otras dinastías de la zona, esta monarca consiguió extender su influencia sobre los reinos del Ponto, Tracia y el Bósforo. El autor propone que Pitodoris utilizó este ascendiente para promover la estabilidad de la zona en la transición del siglo i a.C. al siglo i d.C., que resultó particularmente turbulenta, y asegurar así el control romano sobre los territorios del Mar Negro.

Agradecimientos

Agradezco al director de la revista Veleia y a su comité de redacción la confianza para publicar este dosier, y a los especialistas que han participado en las revisiones de las aportaciones individuales por sus comentarios y correcciones. El coloquio La amistad femenina en la Antigüedad: colaboración frente a competición fue financiado conjuntamente por el grupo de investigación de la UPV/EHU Relaciones políticas y categorías sociales en Grecia y Roma (GIU21/009), el proyecto de investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades Amigas y aliadas de Roma II: la intermediación femenina en la práctica política y diplomática romana (MICINN: PID2019-108811BGI00), la Facultad de Letras y el Departamento de Estudios Clásicos.

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[1] Fraisse 1974; Fitzgerald 1997; Konstan 1997; Devere 2000; Peachin 2001.

[2] Es frecuente, de hecho, encontrar el término amicus en contextos en los que se describe claramente una relación desigual. Tratando de acotar cuál era la utilización de este término en las redes de patronato, Ernst Badian (1958, 11-13) propuso que, en ese contexto, amicus era utilizado como un eufemismo para evitar el término cliens con aquellas personas (como los reyes extranjeros) que contaban con un gran prestigio social a pesar de encontrarse en la necesidad de buscar apoyo entre los romanos. Richard Saller (1989, 49-62), no obstante, rebatió esta afirmación mostrando que los términos amicus, cliens y patronus eran utilizados de forma flexible según las circunstancias.

[3] Martin Jehne (2015, 299) ofrece una reflexión similar.

[4] Cic. Am. 18

[5] Cic. Am. 50. Encontramos una reflexión similar en Valerio Máximo (V.M. 4.7).

[6] MacFaul 2007.

[7] Especialmente en el ensayo titulado De l’amitié.

[8] De hecho, los artículos de Maddi Izaguirre y Francesco Carriere las relacionan con prácticas como la defensa armada de las ciudades o la diplomacia.

[9] Nuestro conocimiento sobre estos tres niveles de redes femeninas es muy diferente. Como era de esperar, las fuentes literarias ofrecen información principalmente sobre el grupo de las matronae, y las menciones sobre las conexiones entre mujeres de menor estatus, independientemente de su profesión, son mucho menos frecuentes. No obstante, Claire Holleran, de la Universidad de Exeter, está investigando activamente estas conexiones utilizando inscripciones epigráficas como fuente primordial.

[10] Analizando una larga serie de ejemplos, Lien Foubert (2016) propone que, al igual que en el patronato masculino, la domus frequentata era un símbolo de prestigio e influencia utilizado por las matronae.

[11] Sobre los discursos colectivos de las matronas y el uso del luto para defender los testimonios de otras mujeres en casos de violación y violencia administrativa, ver Lizarzategui 2025.

[12] Traducción propia.