Reseñas bibliográficas

Peter Dunphy-Hetherington & Xaverio Ballester, 2025, Indo-European Phonology with a Human Face, Jaén: UJA Editorial. (Colección Lingüística, 16; 152 páginas; ISBN 978-84-9159-698-1).

Este volumen de la colección de Lingüística de la UJA Editorial, de la Universidad de Jaén, recoge 9 artículos previamente publicados por Peter Dunphy-Hetherington y Xaverio Ballester entre los años 2022 y 2024 en diversas publicaciones periódicas. Aunque sí la mayoría, no todos los trabajos son originariamente de los dos autores: en concreto, los trabajos aquí numerados como capítulos 1 y 6 cuentan, en su publicación inicial, con la sola firma de Xaverio Ballester. La referencia concreta de la publicación original se puede encontrar al final de cada capítulo.

En el breve prólogo titulado «For a realistic approach», los autores explican la génesis y las ideas generales planteadas por los textos aquí compendiados, con una referencia justificativa al título: «In contrast with the distant, hieratic and algebraic face of the dominant Indo-European Linguistics, one of our aims has been to provide this discipline with a human face». Aunque, en la línea de la literalidad de la expresión, el volumen incluye una serie de retratos fotográficos de diversos autores dedicados a la lingüística histórica y comparada, la idea de la «cara humana» es que las reconstrucciones lingüísticas de una protolengua, en este caso la indoeuropea, deben aspirar a parecerse a las lenguas reales. Se trata, sin duda, de una aspiración adecuada y relativamente conocida en general, pero las cosas son un poco más complicadas, dado que tampoco se puede olvidar que una reconstrucción no es sino una hipótesis que conlleva un grado de abstracción y, como característica más importante, es una hipótesis que depende de la evidencia de las lenguas comparadas. Es decir, que una lengua reconstruida (una protolengua) no solo debe parecerse a las lenguas en general, sino que primeramente se va a parecer a las lenguas que sirven para su reconstrucción. Para seguir con la metáfora de las «caras humanas», todos los humanos tenemos un parecido, pero nos parecemos más a nuestros padres (y madres, por supuesto). Para esta cuestión general de la reconstrucción lingüística, así como para bastantes otros aspectos debatidos en este volumen, creo que siguen vigentes las observaciones de Luis Michelena en el capítulo cuarto y homónimo del libro Lenguas y Protolenguas[1].

En lo que sigue, procedo a dar una descripción sumaria del contenido de los capítulos en los que el volumen ha venido a constituirse para comentar posteriormente algunos generales que se pueden observar en esta obra.

Cap. 1. «On Indo-European /a/». Este texto defiende un sistema originario de vocales para el protoindoeuropeo tal que */a, i, u/, rechazando otras propuestas, entre otras, el sistema estándar que asume como base */a, e, o, i, u/. Esta sugerencia está explicitada en la página 18: «Perhaps de abandonment of the primitive vowel model, that of Franz Bopp and Georg Curtius, by mainstream Indo-European Linguistics has been a colossal mistake; perhaps, then, it is time to return to the realistic simplicity of the model of the founders of the discipline, to an Indo-European Linguistics with a human face». A favor de la propuesta de tres vocales, se argumenta que se trata de un sistema tipológicamente verosímil, pero el de cinco que se ha señalado lo es en igual o mayor medida, por lo que tendría la misma «cara humana». El problema fundamental de esta propuesta trivocálica es lo que hizo que se abandonase en su momento: no hay realmente ninguna explicación convincente para la escisión de la *a en tres vocales (/a/, /e/ y /o/) en familias como el celta, el itálico, el armenio o el griego, o en dos (/e/ y /o/) en lenguas como el germánico, eslavo y báltico. A pesar de las observaciones en contra, los fenómenos de fusión fonológica son tan diacrónicamente verosímiles como los de escisión. Aunque el argumento está en el capítulo siguiente (en la página 22), se puede señalar aquí que, estos autores, en última instancia, asumen una vocal anterior distinta a la *-i- para explicar el paso *k > c (es decir, /ʧ/) en la prehistoria del indio antiguo -ca «y», relacionado con el latín -que «y», una vocal anterior considerada alofónica de la considerada única no alta *a. En términos prácticos, esto implica que se está asumiendo que había primero PIE *a, que luego ha pasado a un alófono *e (o similar alófono anterior) en protoindoiranio (que es lo que explicaría la palatalización señalada, aunque no se dice por qué exactamente en esta forma y no en otras), y que luego esa *e aparece otra vez como /a/ en indio antiguo. Si se está dispuesto a hacer esta asunción, ¿por qué no directamente asumir fonemas distintos? Una explicación de este estilo, con supuestos alófonos que vienen y se van, parece un buen ejemplo del proceder que los autores achacan a la teoría laringal en la página 52, de la que se dice que asume un (tipo de) sonido que es «a comfortable wild card, a very high number of aces up your sleeve.»

Cap. 2. «On Indo-European e ~ o». En este capítulo se plantean algunas sugerencias para explicar la escisión de la vocal *a del sistema /a, i, u/, planteado en el capítulo anterior, en tres vocales diferentes. En concreto, se centra en el surgimiento de las vocales e y o debidas al carácter átono y tónico respectivamente. Además de que no se aporta ninguna explicación para explicar el mantenimiento en la /a/ testimoniada y reconstruida —con razón, en opinión de quien esto escribe— para el protoindoeuropeo, explicaciones como la que aparece en las páginas 21 y 22 para una correspondencia como como armenio antiguo eber «llevó’, griego ἔφερε «llevó» e indio antiguo ábharat «llevó» («the vocalism /e/ — and not /o/ — is documented, thus, although historically it sometimes appears as a tonic element, due to its probable proclitic origin we assume that at some point it must have been unstressed») sirven de muestra de los innumerables problemas que la hipótesis de un sistema vocálico originario */a, i, u/ crea (o, si se quiere decir de otro modo, de la cantidad de explicaciones ad hoc que tienen que hacer). Nuevamente, es preciso recordar que todos estos problemas se resuelven con la asunción de un sistema */a, e, o, i, u/, que no tiene nada de raro desde un punto de vista tipológico.

Cap. 3. «On Indo-European sonants». La idea fundamental de este capítulo, que critica la asunción de sonidos vocálicos tal que * * * * para el protoindoeuropeo, se puede encontrar resumida en el párrafo final, que reproduzco aquí en su literalidad: «To conclude, since the appearance of new syllabic sonants starting from the loss of an adjacent vowel is evident in many Indo-European languages, rather than reconstructing Proto-Indo-European pure vocalic sonants, in the sense of continuant consonants (* ) acting syllabically, it seems more cautious and appropriate simply postulating the usual continuant consonants that in some propitious contexts, notoriously after an unstressed and tautosyllabic vowel, ended up in some historical languages functioning syllabically by means of a kind of phonetic syncope entailing the vowel loss». La cuestión es que, al final, los autores también asumen el funcionamiento silábico de esos sonidos, como correspondiendo al grado cero de las raíces en las que dichos sonidos aparecen normalmente después de la vocal del grado pleno.

Cap. 4. «On Indo-European laryngeals». Se trata del capítulo más largo del compendio de este volumen, que tiene el notable problema de no tener ninguna articulación en forma de subtítulos o secciones. Dado lo complejo del problema y lo prolijo de la argumentación, habría sido conveniente ordenar y sumarizar las ideas aportadas en los 100 epígrafes o parágrafos incluidos en las casi 30 páginas del capítulo. Los autores ofrecen una serie larga de argumentos y opiniones contrarias a la teoría laringal, probablemente la cuestión que más debates ha suscitado en la lingüística indoeuropea. Mientras, como se ha señalado hasta ahora, los capítulos anteriores han argumentado contra puntos de la reconstrucción bien asentados y difícilmente rebatibles, la denominada teoría laringal, que asume unos pocos sonidos de carácter no muy claro que habrían desaparecido como tales en la mayoría de lenguas indoeuropeas, aunque habrían dejado en muchos casos rastros en forma de efectos secundarios como, entre otros, alargamientos vocálicos y cambios de timbre (el denominado coloreamiento), sí está sujeta a críticas, en particular aquellas versiones de la teoría que asumen una cantidad grande de tales sonidos laringales y/o una cantidad grande de efectos. Esto, por cierto, ya está señalado por Michelena (1963: 43, 73): la teoría laringal lleva al método comparativo al mismo límite de sus posibilidades, y esta es la razón básica de los problemas de esta teoría. Una buena aportación de este capítulo es, por tanto, la recopilación de argumentos contra la teoría laringal. Quedaría por hacer, no obstante, mucho trabajo: habría que ofrecer una explicación alternativa para algunas de las soluciones que ofrece la teoría laringal, que —contrariamente a lo que se dice en la página 54 («The heuristic capacity of the standard laryngeal theory is null»)— sí ofrece un número no desdeñable de buenas soluciones para situaciones como la alternancia entre vocal larga y breve donde se esperaría grado pleno frente a grado cero (los bien conocidos casos del griego τίθημι «pongo» / τίθεμεν «ponemos»), o como las variantes del sufijo de optativo atemático, por poner solo dos ejemplos, además del hiato védico que los propios autores aducen en el siguiente capítulo (página 76). En este sentido, los autores parece que se acogen a una versión «suave» de la teoría laringal, como se avanza en este capítulo (en la página 64), y se explicita en algo más de detalle en el capítulo siguiente.

Cap. 5. «On Indo-European h». Un poco en contra de lo que se señala en varios puntos del capítulo anterior, este capítulo asume la existencia de un sonido *h para el proto-indoeuropeo, en última instancia una versión (que no es radicalmente nueva) de la teoría laringal.

Cap. 6. «In Indo-European Triliteralism». Este capítulo señala la variedad de los esquemas fonotácticos de las raíces protoindoeuropeas, como extensión o complemento necesario de la conocida definición debida a Émile Benveniste de una raíz trilítera tal que CVC. Es claro que una consideración no ya realista sino directamente inevitable de la reconstrucción protoindoeuropea, de la estándar al menos, requiere tener en cuenta esquemas fonotácticos radicales distintos a CVC, como por ejemplo CVRC. Por lo demás, Ballester ofrece una reflexión interesante sobre la conveniencia numérica de las combinaciones que conlleva una raíz con tres fonemas.

Cap. 7. «On Indo-European Ablaut». Este capítulo critica la hipótesis de la existencia de la alternancia vocálica o Ablaut en las raíces (y, en general, elementos morfológicos) que se reconstruyen para el protoindoeuropeo. Se apela a una especie de noción de verosimilitud psicolingüística y, como uno de los argumentos que se aportan en este sentido, en la página 105 se señala que «[t]hus, if there really was an Indo-European parent language, under normal conditions it must have contained much fewer variants in its root than the languages that were generated from it, and we can even assume that it would not usually present any variant roots». Creo que se trata de una afirmación infundada y, lo que es más, que está en contradicción con otra que está al comienzo de la misma página, en concreto, la que dice «[…] Indo-Europeanists should endeavour to reconstruct a real and realistic language, to reconstruct, as it were, an Indo-Europeanism [sic] with a human face». Es decir, y en la línea de este último argumento, si el ablaut (entendido como la potencial variación en elementos morfológicos entre vocal larga, vocal breve y falta de vocal) se puede observar con mucha claridad en lenguas como el griego, el indio antiguo, el germánico, con algo menos de claridad en lenguas como el latín, el báltico, el eslavo o el celta, es decir, en lenguas históricas, ¿qué problema hay en que lo que vemos básicamente en esas lenguas testimoniadas lo asumamos también para la protolengua de la que hemos aceptado que se derivan todas esas lenguas? En la medida en que hay coincidencia, si el fenómeno del ablaut es real en las lenguas históricas, ¿no puede ser correspondientemente realista en la reconstrucción protoindoeuropea?

Cap. 8. «On Indo-European -i Stems». El capítulo comienza con la observación de que un cierto número de sustantivos en -i- del latín y del lituano pertenecen a los campos semánticos de partes del cuerpo, prosigue con la observación de que hay adjetivos en -i- del hitita y tocario que corresponden a temas en -o- de otras lenguas, y que la clase flexiva con -i- se observa también en nombres de parentesco y de animales domésticos. Como los autores asumen que todos esos grupos léxicos se pueden relacionar con la expresividad, concluyen que los temas en -i- tienen originariamente semántica expresiva, en concreto, diminutiva. Este capítulo tiene aspectos interesantes, como por ejemplo la idea de que determinadas clases flexivas pueden tener una cierta productividad asociada a un grupo semántico más o menos definible (el de las partes del cuerpo en lituano podría ser uno), pero la hipótesis requiere una elaboración en términos más específicos. Por ejemplo, la afirmación de que el latín pedis (el genitivo de pes «pie’) representa un tema en -i- debería ser argumentada en detalle, porque — en principio — uno diría que es un tema consonántico que no se diferencia de otros como uox uocis «voz», lex legis «ley», pax pacis «paz, pacto», por citar solo algunas de las formas denominadas nombres raíz. Como otros aspectos que requerirían tratamiento, habría que considerar que el latín cambia de modo regular los adjetivos en -u- a adjetivos en -i-, y que el lituano elimina la flexión de los nombres raíz añadiendo varios sufijos, entre otros -i-: ¿serían estos procesos parte del mismo proceso de marcación como diminutivos? Una afirmación como la de la página 114, que dice que «[i]t is almost inevitable to consider the possibility of seeing in the diminutive of the animate gender of the adjective (type Old Indian svādhī “sweet” f.; Lithuanian gražì “beautiful” f., didelì “big” f.) the origin of the feminine gender for certain words in some Indo-European languages (Lithuanian martì “daughter-in-law”; Vedic dēvī “goddess”)», supone trastocar el orden adecuado de una argumentación, dado que se da como base descriptiva de la explicación lo que no es más que una hipótesis: en concreto, y dejando de lado por un momento la forma india svādhī y la forma lituana didelì, una forma como gražì, del masculino gražùs, es femenina, tan femenina como los sustantivos citados en segundo lugar. Respecto a svādhī, es preciso decir que no es una forma del adjetivo «dulce», sino que significa «bienintencionado» y se explica como un compuesto de su- «bien-» y ā-dhī «intención»; si lo que se pretende es citar el femenino del adjetivo svādu-, entonces la forma sería svādvī-. Respecto a didelì, se trata del nominativo plural masculino del adjetivo (m.) dìdelis (f.) dìdelė.

Cap. 9. «On Indo-European Prosthesis». En la línea del capítulo 4, este capítulo insiste en la crítica contra la idea de que las vocales denominadas protéticas del griego y del armenio, es decir, vocales iniciales de palabra que no aparecen en las correspondencias léxicas de otras lenguas indoeuropeas, provienen de la vocalización de laringales, según se acepta en la teoría estándar. Por lo que entiende quien esto escribe, la explicación estándar de la hipótesis laringal para las vocales protéticas del griego no implica —como se dice en la página 118— que la laringal que se asume dio una vocal en la protolengua, que habría sido mantenida en algunas lenguas y hecha desaparecer por aféresis en las demás, sino que algunas lenguas las han tratado como vocales, y otras las han hecho desaparecer. De nuevo, se debe señalar que se puede tener un sano escepticismo sobre la teoría laringal, pero se deberían plantear hipótesis alternativas articuladas sobre un material lo más sistemático posible. Un aspecto que se debería tener en cuenta es que, cualquiera que sea la forma que se plantee para el término que significa «nombre» en protoindoeuropeo (que estaría en el origen de griego ὄνομα, latín nōmen, indio antiguo nāma, armenio anun, gótico namo, por citar unos pocos miembros de la correspondencia léxica), no se trata —contrariamente a lo que se dice en la página 115— de una raíz, sino que es una palabra en la que se puede segmentar el sufijo derivativo *-men- (que se cita aquí con el grado pleno /e/), que sirve para formar nomina rei actae. Otra afirmación de este capítulo que requiere mención es la que dice en la página 118 que «conservatisms are as a rule more typical of the languages or dialects of the periphery and it is difficult to see how this peripheral condition could be applied to Armenian or Greek», dado que implica una interpretación incorrecta del denominado criterio de las áreas marginales (ya considerada por Michelena 1963, 50): lo que este criterio dice es que las coincidencias que puedan mostrar lenguas situadas en los extremos de un continuum dialectal tienen muchas posibilidades de ser arcaísmos.

En la línea de la observación anterior, creo que se puede hacer una observación general respecto a esta recopilación de artículos, que ofrece en su conjunto una crítica de muchos aspectos de la reconstrucción del protoindoeuropeo que podemos considerar estándar o incluso tradicional, y es que se observa a menudo una interpretación y presentación de dicha teoría en términos que no son adecuados.

Un problema que se observa a menudo es la representación imprecisa de las ideas de autores anteriores. Sirva como ejemplo, en la página 5, la sección «Out of the vocalic Eden», que comienza diciendo «a rough and rigid topic of traditionalist Indo-European Linguistics is the denial of the presence of the proto-phoneme /a/». Si la referencia es a los autores citados en la página 3, es decir, a Robert Beekes y Alexander Lubotsky, uno no diría que son autores «tradicionalistas» o «tradicionales», pero ciertamente esto es una apreciación subjetiva. En cualquier caso, la cuestión importante aquí es que hay bastantes autores, tradicionales o no, que aceptan que el protoindoeuropeo tenía una vocal *a. Sería adecuado aquí ofrecer una tabla paralela a la que se ofrece en la página 45, que incluye las interpretaciones fonéticas concretas de las laringales propuestas por varios autores.

Con independencia de otras objeciones a la teoría laringal, el hecho de que la versión estándar de tres laringales (notadas como *h1, *h2 y *h3, con una justificación bien explícita, por otro lado) cuente con la posibilidad de que no se pueda distinguir entre las tres en el caso de algunas reconstrucciones (en cuyo caso se acude a una notación *hx, a veces *H) no quiere decir que se esté asumiendo una cuarta laringal, como se da a entender en la página 47, sino alguna de las tres anteriores. El uso de una notación como *hx es el mismo que está implicado en notaciones como «CVC», donde V no sería otra vocal añadida a las que se asumen en la reconstrucción, sino alguna de las que se asumen.

Por último, como aspectos relativos a la propia concepción de la lingüística histórica y comparada, un argumento como el de la página 57 contra la idea de la fusión indo-irania de las tres vocales no altas asumidas para el protoindoeuropeo estándar (que está en la pregunta «What kind of hearing deficiency could the ancient Aryans have had to confuse not two but even three clearly different and so basic vowel timbres?») no es válido ni siquiera en la versión irónica o sarcástica en la que parece que está formulado. Ni quien esto escribe tiene una deficiencia auditiva por no distinguir una nasal dental de una cerebral pronunciadas por un hablante del subcontinente indio, ni tampoco la tienen las personas asiáticas que no distinguen la /l/ y la /r/, por citar otra situación que cualquiera puede observar fácilmente. ¿Es que toda fusión fonológica se debe a una patología auditiva? El hecho indudable es que las lenguas cambian, y pueden llegar a situaciones muy diferentes al cabo de muchos siglos: ¿se debe esto también a una deficiencia auditiva?

Justo después de la observación anterior, los autores concluyen: «Definitely, Indo-Iranian vocalism is another of the great victims of laryngeal theory.» ¿Resulta que la lingüística comparada es una especie de «juegos del hambre» en los que debe haber víctimas y verdugos, o ganadores y perdedores?

La lingüística indoeuropea, como uno de los más conocidos y desarrollados ejemplos de lingüística histórica y comparada, cuenta con una historia ya larga en la que se ha construido un edificio argumental con bases más o menos sólidas y extensiones más o menos estables. No obstante, ninguna disciplina que quiera considerarse científica puede pretender ser inmune a cualquier crítica, revisión o incluso propuesta de mejora o alternativa, por dilatada que sea su trayectoria. Es por esto que esta recensión debe terminar señalando que la crítica debe ser parte de la producción científica, pero está igualmente obligada a plantear alternativas que sean más solventes que las previamente existentes.

Carlos García-Castillero

Universidad del País Vasco (UPV/EHU)

carlos.garcia@ehu.eus

https://orcid.org/0000-0002-4332-9872

DOI: https://doi.org/10.1387/veleia.28112

[1] Salamanca, 1963, con versión inglesa en Languages and Protolanguages, 1997, Bilbao: Servicio de Publicaciones de la Universidad del País Vasco.