Reseñas bibliográficas

Luis Romero & Javier Andreu, Corpus signorum Imperii Romani. Corpus de esculturas del Imperio Romano. España. Volumen I, Fascículo 9. Conventus Caesaraugustanus - Territorio vascón (Hispania Citerior), Pamplona: EUNSA, 2024, 484 págs., ISBN 978-9892619170.

La prestigiosa serie Corpus signorum Imperii Romani, que hasta 2025 ha dirigido el Prof. José Miguel Noguera, de la Universidad de Murcia, ha publicado el noveno fascículo relativo a la Hispania romana. Han tenido que pasar más de 20 años y volúmenes tan variados dedicados a los sarcófagos romanos de Cataluña (Murcia, 2001), a la escultura de algunas de las provincias andaluzas (Murcia, 2002 o Cádiz, 2020) e incluso a yacimientos concretos como Segobriga (Saelices, Cuenca) (Tarragona, 2012) para que apareciese un fascículo que, más allá de los límites administrativos actuales, prestase atención a la escultura de un territorio —el vascón en este caso— desde un punto de vista étnico, con los problemas e incógnitas que este tipo de aproximación también plantea. La elección del ámbito territorial vascón también se justifica por la propuesta de estos investigadores de que debió existir un taller dedicado a elaborar programas iconográficos en una de las ciudades del ámbito vascón o de manera itinerante en varias de ellas, lo que explicaría la existencia de estilos y acabados similares en la estatuaria de los foros de estos lugares (pp. 89-91). Por último, frente a la presentación del territorio vascón como uno menos romanizado o romanizado tardíamente, ideas que se han difundido en la historiografía hasta hace apenas un siglo, el volumen que estamos reseñando sitúa este ámbito precisamente en los circuitos de monumentalización romana de época augústea. En cualquier caso, el mapa del territorio vascón con la indicación de los yacimientos de procedencia de las esculturas que presentan los autores muestra una clara concentración de estos testimonios en la actual Navarra media, sobrepasándola en la zona de las Cinco Villas aragonesas (p. 36).

Al margen de esta cuestión étnica, el volumen de Luis Romero Novella, investigador postdoctoral en la Universidad Complutense de Madrid, y de Javier Andreu Pintado, Catedrático de Historia Antigua en la Universidad de Navarra, incorpora los criterios de inclusión y de ordenación de las piezas habituales en la serie Corpus signorum Imperii Romani. Esto se concreta en la clasificación de las esculturas del territorio vascón por términos municipales, describiendo en primer lugar las representaciones exentas en bulto redondo y después los relieves. La contextualización de cada uno de los términos municipales en los que se han encontrado hallazgos de estatuaria romana supone una importante actualización que aumenta si cabe el interés de la obra, también para aquellos que no estén tan interesados en la escultura, sino en cuestiones generales. También se excluyen de este volumen, como es habitual en la serie, las esculturas metálicas de pequeño formato, pero sí se incorporan otras mejor conservadas como la estatua togada de Pompelo.

El fascículo, en el que también ha colaborado Luka García de la Barrera, investigadora predoctoral en la Universidad de Navarra, cuenta con un prólogo (pp. 11-12) seguido de un estudio introductorio en el que se explican los criterios de inclusión de las piezas (p. 15); los límites de lo que los autores consideran como territorio vascón (pp. 15-21); la historia de las piezas y de sus coleccionistas desde un punto de vista historiográfico y generalista (pp. 21-33); un interesante apartado sobre la distribución geográfica y los contextos arqueológicos de los lugares en los que han aparecido los restos escultóricos (pp. 33-78); y un análisis de los materiales, procesos de fabricación y talleres involucrados en la escultura dentro del territorio vascón (pp. 78-94). A continuación, también contamos con el catálogo de la obra, que incluye 302 piezas de municipios de Navarra, de La Rioja y de la provincia de Zaragoza (pp. 97-240). Por tanto, llama la atención que pese a incluir dentro del territorio vascón la comarca de la Jacetania (en buena medida en Huesca) y Oiasso (Irún, Guipúzcoa), no contamos con evidencias de restos escultóricos o al menos no se han recogido en la obra exceptuando los ejemplos del Forau de la Tuta (Artieda, Zaragoza). Especialmente significativo es un apéndice al catálogo referido a un estudio sobre la procedencia de los mármoles blancos de varias esculturas incluidas en el corpus, este último obra de Pilar Lapuente, de la Universidad de Zaragoza, Isabel Rodà, de la Universitat Autònoma de Barcelona, y de Marie-Claire Savin, del Institut Català d’Arqueologia Clàssica (pp. 243-248). El análisis de 28 muestras de mármol de estatuas procedentes de Santa Criz de Eslava, Los Bañales y Pamplona ha permitido poner en valor la estatuaria de este territorio teniendo en cuenta «el predominio de mármol de importación de alta calidad técnica» (p. 247), así como las conexiones con Aquitania, un asunto siempre de interés cuando se trata de los vascones antiguos.

Los capítulos finales de la obra tienen una gran importancia y después de abordar las fuentes antiguas (pp. 249-251), la bibliografía (pp. 253-300), los índices referidos a las esculturas del catálogo, el índice onomástico y el índice toponímico (pp. 302-306), así como los criterios aplicados en las ilustraciones (pp. 327-329), aparece el último apartado de la obra, a su vez el más extenso, relativo a las láminas con 302 imágenes de cada una de las piezas analizadas (pp. 331-482). Conviene señalar que casi todas las figuras son obra de Luis Romero, uno de los autores, lo que sencillamente prueba que este libro no es un trabajo casual realizado en un momento dado, sino una investigación como resultado de la pasión que los autores sienten por dos temas aparentemente no vinculados entre sí: el territorio vascón y la estatuaria de época romana. En algunos casos, además de las imágenes de los restos escultóricos, los autores también incorporan propuestas de recomposición, de gran ayuda para entender en qué lugar de la escultura se colocaban los fragmentos encontrados. Además, se trata de la primera publicación de la serie de Corpus signorum Imperii Romani que incorpora modelos 3D de buena parte de las piezas arqueológicas, en este caso gracias a los museos virtuales tanto del proyecto arqueológico de Los Bañales como de Santa Criz de Eslava, gracias a la colaboración de Pablo Serrano Basterra.

Fruto de la vinculación de uno de los dos autores del volumen, el Prof. Javier Andreu Pintado, con la investigación de los vascones antiguos y su territorio, el análisis que se hace del mismo supone una importante actualización y reflexión no solo de los límites de esta etnia prerromana, sino también del significado que tenían las fronteras en la Antigüedad. La presentación de un área neurálgica de los vascones —llamada en este volumen «el corazón del territorio vascón» (p. 19)— a partir de las evidencias de las fuentes literarias y epigráficas, sobre todo, resulta en este sentido verdaderamente novedosa incluso a pesar de que este no es el tema central de la obra. Algo similar se puede decir del capítulo sobre la historia de los hallazgos y del coleccionismo, igualmente original ante la escasez de estudios sobre la historia de la arqueología en la región, aunque quizás se podría haber destacado en mayor medida la creación del Museo Histórico-Arqueológico de Navarra en 1910 y lo que esta institución ha significado en cuanto a la preservación de la escultura romana.

Para alguien ajeno a los últimos 30 años de investigaciones arqueológicas en el llamado territorio vascón quizás puede resultar sorprendente el importante peso en el volumen de Los Bañales de Uncastillo (Zaragoza), donde se han inventariado 111 piezas; y de Santa Criz de Eslava, donde contamos con otras 46. Por tanto, entre ambos yacimientos prácticamente suman la mitad de las piezas estudiadas. Aunque podría pensarse que esto se debe a la especial vinculación de ambos autores con estas dos ciudades romanas, es cierto que otras urbes como Pompelo (Pamplona, Navarra), Cara (Santacara, Navarra) o Calagurris (Calahorra, La Rioja) también están significativamente representadas. La explicación de la presencia de ejemplares procedentes de estas ciudades tiene que ver, como apuntan los autores, con el «desarrollo de proyectos de investigación arqueológica bien financiados y sostenidos en el tiempo o, también, a la labor ejemplar de seguimiento sistemático de obras públicas derivado de una mejora en la sensibilización respecto del valor del patrimonio arqueológico» (p. 89).

Una de las principales contribuciones del libro es el análisis de la estatua togada de Pompelo (pp. 150-153). Luis Romero y Javier Andreu presentan en el Corpus signorum argumentos para defender que se trata de una estatua masculina a pesar de la «extraña caída de la parte final de la túnica interior trabajando los calcei del togado» (p. 152). Precisamente este aspecto ha servido para que Carmen Marcks-Jacobs y Hans Rupprecht Goette, en un artículo sobre la estatua togada publicado en Trabajos de Arqueología Navarra en 2025, defiendan que en realidad se trata de una mujer togada, siguiendo en este caso la propuesta que había hecho Julio Altadill en la Geografía General del País Vasco-Navarro (1911, p. 681). El debate está servido y Romero y Andreu insisten en el libro en que «existían muchas túnicas interiores (…) como la subucula y supparus que eran más largas y solían utilizarse tanto en hombres como en mujeres» (pp. 152-153).

Aunque son muchas las diferencias existentes entre la estatua togada de Pompelo y la «Dama de Calahorra», llama la atención que este retrato también haya pasado de considerarse «una cabeza femenina de época augústea» (p. 107) a ser definido como «una escultura masculina derivada de tipos clásicos griegos» (p. 107). La evolución en la interpretación de esta pieza pone de manifiesto hasta qué punto la escultura romana del territorio vascón ha sido estudiada de diferentes maneras a lo largo del último siglo, a medida que la ciencia ha ido evolucionando. También se recoge en el Corpus signorum otra de las novedades de la escultura romana del territorio vascón de estos últimos años. Se trata del retrato romano procedente de la antigua Cara (actual Santacara, Navarra) que Luis Romero y Javier Andreu interpretaron en 2019 como un Augusto divinizado de época claudiana a partir del modelo de Prima Porta (pp. 159-162).

Solamente hemos comentado en esta reseña tres ejemplos de las 302 piezas de escultura romana con las que contamos, de acuerdo con este trabajo, en el territorio vascón, dentro del conventus Caesaraugustanus. La estatuaria siempre ha causado fascinación, pero ha sido en las últimas décadas cuando se ha comprendido que no solo se trata de reconocer la belleza estilística de cada una de las esculturas, sino que también se trata de entender su contexto arqueológico y geográfico. Esta es la aproximación por la que han optado Luis Romero y Javier Andreu, discípulo y maestro, en una obra que aspira a demostrar la utilidad que todavía pueden tener las miradas étnicas al territorio romano para entender, en este caso, los procesos históricos de monumentalización de las ciudades. Solo nos queda desear que en los próximos años nuevas excavaciones arqueológicas hagan necesario un apéndice de una obra como esta, tan útil para todos aquellos que nos dedicamos al estudio de la Antigüedad en este ámbito geográfico.

Javier Larequi Fontaneda

Universidad de Navarra

jalarequifontaneda@gmail.com

https://orcid.org/0000-0002-3512-9934

DOI: https://doi.org/10.1387/veleia.28118