El derecho y la vida

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Publicado 26-05-2022
ELIGIO RESTA

Resumen

Planteado como un homenaje al Profesor Ignacio Muñagorri y a su obra, el artículo se centra en la violencia y la crueldad de las penas, cuyo máximo exponente lo constituye la pena de muerte. Infligir un sufrimiento al infractor no neutraliza el dolor, sino que lo replica y lo amplifica desencadenando espirales que se autoalimentan y se proyectan hasta el infinito.

 

La pena de muerte y la tortura que a ella se asocia devienen un espectáculo público que re-presenta y re-produce fielmente el mal que pretenden/dicen evitar. Y ello se teatraliza como espectáculo público, en cuyo escenario los poderes públicos castigan un cuerpo en una fiesta cruel dirigida al espectador, con el propósito de negar la dignidad del condenado y de reforzar la potencia del poder. Se legitima con ello el poder de castigar y se materializa la advertencia (disuasión) a todos los presentes consumándose así la dicotomía amigo-enemigo.

 

El derecho y el castigo actuales, a menudo más ocultos, rehúyen el espectáculo y el espacio público, pero con ello no consiguen disipar la crueldad de la pena de muerte y su negación de la vida. No superan la contradicción y la ambivalencia que supone el hecho que dar muerte para evitar la muerte, cosa que ha sido puesta de relieve por diversas corrientes contrarias a la pena de muerte, tanto por motivos humanistas clásicos como utilitaristas. Además, es preciso señalar que se produce, en la actualidad, un inquietante regreso de la tortura como forma de castigo.

 

El enfoque del problema y su remedio solo pueden encontrarse en el interior de la propia humanidad, que es donde se da la amenaza y la salvación. El mal y su remedio se remiten y se mimetizan entre sí. La violencia que cura es la misma que enferma, el veneno y el antídoto comparten la misma naturaleza, y solo la dosis lo convierte en letal o en pharmakon curativo. La sentencia y muerte de Sócrates ofrecen claves para la reflexión: la conversión de la víctima del sacrificio en verdugo (su sola presencia condena a quien lo sentencia) y del verdugo en víctima.  La injusticia indica la vía por la que reconocer la justicia. Sólo se puede engañar a la violencia si el derecho prohíbe la muerte; y sólo se puede salir de la ambivalencia engañando a la violencia.

Abstract 174 | pdf Downloads 137

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Sección
Artículos